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lunes, 10 de febrero de 2014

CULPABLE O INOCENTE (Alegato de un chico pobre...pobre chico...)

SUGERENCIA: VER EL VÍDEO (en pantalla completa) Y LUEGO LEER EL RELATO (Especialmente para los que desconocen esta triste realidad social que aún sigue siendo un flagelo para miles de chicos
 argentinos)


Usté, señor juez, me pregunta cómo me declaro y yo le digo que hambriento…No, no su señoría, no se enoje porque yo no le voy a negar nada ¡Mire que lo viá a estar cargando!

La cosa empezó el día ese que me pelié con la vieja y la vieja me echó. Se agarró la bronca porque yo no le traje plata, pero… ¡Si no tenía de dónde sacar! A vece me sale alguna que otra changa pero otras, no ¿vio? Y ahí es donde la javie se calienta mal.

Yo anduve recorriendo toda la capital, mire ¡Qué se yo por dónde anduve! Arranqué de ahí, de Ciudadela ¿Vio que le dije que yo vivo en el Fuerte Apache?... ¡Ah! Sí, ya se lo dije, cierto… Pero no se enoje; si usté me deja, yo le cuento la verdá, porque yo seré cualquier cosa, como un pobre o un cartonero ¡qué sé yo!, como le guste a usté, pero mentiroso, no… Deje que siga y, por favor, señoría, no me interrumpa porque me viá a olvidar de todo y a mí me cuesta un poco pensar y más, acordarme ¿vio?

Bueno, como le estaba diciendo; de ahí, del Fuerte Apache, me fui caminando hasta la General Paz y me encontré con mi amigo, que es cartonero también, pero el vive en la villa de lo ruso. Fuimo a cartonear y levantamos un montón, porque, vio cómo es de rica la gente ahí, por Devoto ¿no? ¡Tiran cada cosa que uno se quiere morir! 
Y claro, yo a la vieja la acostumbré mal, siempre llevándole ropa pa mis hermanitos, que son siete, todos más chiquito que yo, y a vece también le llevo juguete que la gente me regala; no están todos roto porque hay nenes que no juegan más, y me dicen las mamá 
“¡Eh, pibe! ¿Vos tené hermanitos?” Y sí, le digo, yo tengo siete, todo más chiquito que yo “¡Ah! Bueno, entonces llevale esto” Y me dan cada cosa que yo me pregunto cómo puede ser. También me dan cosa rotas, pero yo las sé arreglar, porque yo hago de todo.

No sé por qué me echó la vieja… ¡Ah, sí! Ya me acuerdo. Yo y el Tito habíamos juntado un montón de cartón ese día y nos fuimos a tomar el tren blanco, ahí siempre se viaja bien y para más mejor es gratis ¿vio? Pero en la estación Sae Peña, subió un grupo de pendejo que empezaron a hacer quilombo y yo no sé cómo fue, pero ¡se armó una de piña! Yo y el Tito tratamos de zafar porque nosotros vamo a laburar, no a buscar roña….pero no pudimos, y encima que nos cagaron… ¡Uy! Disculpe su majes…eh…no ¿Cómo es que se decía?... ¡Ah, sí! Ya me acordé; su señoría, así se dice. Le estaba diciendo, su señoría, nos agarraron a golpes y en el medio del despelote nos afanaron todo lo que habíamos juntado. Yo me puse a llorar porque para pior, ese día, le había conseguido a mi hermanita, la Yamila, una muñeca rubia con el pelo largo, pa’ que la peine ¡No sabe lo linda que era! Y yo estaba apurado por llegar porque le quería ver la carita a la Yamila cuando viera la muñeca; pero me la robaron y yo lloré, más 
por eso que por lo otro. El Tito me decía, “pará de llorar ¿Qué, sos trolo, ahora, sos? “

Cuando llegué a mi casa salió la vieja y… yo ya me di cuenta que estaba en pedo y pensé, sonamo, la vieja en pedo y con hambre, a mí hoy me mata. Y le conté y me puse a llorar y la Yamila también lloraba, pero porque la vieja me golpió en la cara y me patió por todo el cuerpo. Yo le decía,” pará vieja, pará, no me pegué más”, pero ella seguía y seguía y me decía “¿Qué, no te gustaron las piña que te dieron en el tren? Acá tené más”; y me seguía dando. Después me dijo que ella no iba a mantener a un vago de diecinueve años y que me fuera… y me echó.

Y yo me fui, y no volví nunca más porque cuando lo echó a mi hermano, el Diego, que ahora debe tener veintidós años, no lo dejó volver más, y el Diego ahora está preso por robo y ella nunca lo fue a visitar, y entonces yo pensé, pa que viá volver si me va a echar a patada, y me fui. Me dio lástima por mis hermanito, porque a ellos también después los va a echar.

Y ahí me hice ciruja, dormía donde podía, pedía monedas o vendía estampitas de los santitos, en el tren. Pero nunca afané ¿Eh? Porque 
yo seré cualquier cosa, como ahora que soy ciruja, pero no soy ladrón como el Diego ¡Y mire que pa comer sacaba de la basura!... Y sí, al principio me daba un poquito de asco pero cuando el hambre apreta, como se dice, uno no le hace asco a nada ¿vio?  El Tito me llevó pa la casa de él pero el viejo me sacó a palos por poco, le dijo, “bastante tengo con vos, atorrante, y encima me querés encajar otro atorrante más” Y me pianté. ¡A mí nadie me va a insultar! Porque yo seré una porquería de pobre pero no soy un sinvergüenza ¿vio?

Una noche, buscando en la basura, en la calle Sanabria, porque yo siempre voy a Devoto ¿vio?, porque ahí viven los má ricos de la Argentina, me parece a mí, digo, yo mucho no conozco ¡Y qué va que me encuentro una bolsita blanca con puré y un pedazo de carne! ¡Mi Dio! Yo me decía, pellizcate, tuerto, porque a mí me dicen el tuerto porque ¿vio que tengo un ojo todo blanco? De un acidente que tuve cuando era chiquito y no me pusieron la córnea ¡Je! Esa me la aprendí ¿Vio? Y bueno, no, yo no estaba soñando ni estaba dado vuelta 
porque yo seré cualquier cosa ¿no?, como un muerto de hambre, pero yo no me doy con la pasta ni con nada de esas porquería. Era puré 
con carne. Me lo comí, mejor dicho, me lo tragué, tenía miedo que se aparezca un perro y la tuviera que peliar como otras veces; yo le comparto a los perritos, son como yo, callejeros, pero si no alcanza 
pa' los dos, y bueno, no le comparto nada. Y al otro día volví y había guiso de arroz ¡No sabe lo que era eso! Mientras comía, lloraba, porque me acordaba de la vieja cuando nos cocinaba guiso, cuando podía, o sea, cuando no estaba borracha, no se vaya a pensar que siempre, señoría, y también me acordaba de mis hermanito ¡Pobrecitos! Igual comí porque estaba más rico que no sé que. Y otro día había pan y salchicha.

Un día me quedé escondido porque quería ver quién me estaba dando de morfar. Se asomó una viejita ¡Viera qué simpática! Salió con la bolsita y la puso donde siempre. Parecía las abuelitas de los cuento, con delantal y todo ¡Qué graciosa! Y así estuve como…no sé…seis o siete mese, comiendo como un bacán.

Una noche que fui a buscar mi comida, estaban todas las luces prendidas y había mucha gente. Algunos estaban llorando y yo me quedé escondido detrás del árbol pa’ ver qué pasaba ¡Dio mío! Me quise morir; se había muerto la viejita, mi abuelita de los cuento, se había muerto, se había. Me puse a llorar y dije ¿Pero, a mí me tiene que pasar todo, la puta madre?...Perdone su señoría…sí, ya sé… mi vieja siempre me decía, la educación ante que nada, tuerto…Y no se enoje si lloro, porque yo siempre lloro y cuando me acuerdo, vuelvo a llorar ¿vio? Me quedé toda la noche espiando y a la mañana vi como se la llevaban en el cajón. Me hubiera gustado darle un beso, mire. Le juro que estaba triste como si hubiera muerto mi viejita, o sea, mi mamá. Igual, después volví porque yo tenía que comer y ya hacía dos días que no comía y me dolía la panza, y entonces vi al viejito que sacaba la basura, el marido de la abuelita, ¿vio? Y yo esperé mi bolsita blanca pero como no la sacó, revolví la basura y ahí encontré de todo, como cuando yo era más pobre ¿Vio cuando yo comía de la basura? Había yerba… yerba de mate, no se va a pensar que el viejito… 
bueno, había yerba mojada, papel pa limpiarse el… bueno, usté me entiende, también había pañuelos con moco, no sé, un montón de porquerías mezclada con mi comida que esa noche era polenta se ve, por lo que pude agarrar. Y bueno, me resigné, porque como se dice, cuando las vacas son gordas, son gordas y cuando son flaca, mala suerte.

Había pasado como una semana que volví a comer de la basura y 
justo esa noche, el perro de mierda me vino a querer peliar la comida; yo le hubiera compartido pero había poquito, así que le tiré una patada en el hocico, tenía que defender mi comida… Uy, carajo, el perro empezó a ladrar cada vez más fuerte y como que parecía que 
me quería morder ¿vio? Y se armó un barullo bárbaro. Los vecinos prendieron las luces; ninguno salía porque tenían miedo, seguro ¿vio? El que salió fue el viejito, el marido de la abuelita. Yo siempre le vi cara de malo. Estaba loco, el viejo, estaba. Salió con una escopeta y 
me dijo que me iba a matar, “delincuente”, me gritaba, “delincuente, te voy a matar”. Y yo me asusté, señor juez, y como soy más fuerte y más joven que el viejo, le pegué un empujón, y cuando el viejo se 
cayó al piso, yo le saqué la escopeta y le encajé un culatazo ¿Se dice así?...

Y no sé por qué, señor juez… capaz que me dio miedo que el viejo me mate a mí… Y bueno, ya que está, pensé, me metí en la casa y me 
comí lo que había en la heladera; comía rápido para escaparme con la panza llena, y entonces tragué porque ahí nomás escuché la sirena de los patrullero y yo quería escaparme, pero tenía hambre, y bueno, me dije, mejor me quedo y me como todo hasta que me agarren, dije, porque yo tenía hambre y si ya sabía que me iban a meter preso.

Ojala que el viejito no esté muerto, pensé mientras comía como un desesperado. Pero… ¿Parece que lo maté, nomás? Yo le juro que no quise matarlo, yo sólo tenía hambre y quería comer.

Señor juez ¿Usté, me haría un favor? Si me va a meter en cana ¿Me puede poner con el Diego?




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