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lunes, 6 de abril de 2015

RELÁJATE Y RESPIRA


Estás inquieto, aturdido, confundido. Te pregunto qué ocurre y no me respondes.
Te comprendo, también tuve esos momentos en que nada venía a mi cabeza, sólo desconcierto, ninguna certeza. A todos nos ocurre a veces.
No es bueno permanecer en la inercia, querido amigo, y sólo tú tienes el poder para salir de ella; claro que se impone la voluntad.
¿La tienes? ¿Posees el arrojo para enfrentarte a tus miedos? ¿O una vez más esperas que lo haga por ti?
Vaya, vaya… Tanto tiempo a tu lado, tantas horas de plática y nada te sirvió.
Te empeñas en mantenerte en la compasión, o la peor de ellas, la autocompasión. Crees que si logras la atención de los otros, tus problemas se resolverán mágicamente ¡Qué errado estás!
Si la compasión es un sentimiento indigno, más horrorosa es la autocompasión, pues ella se convierte en la celda que te aprisionará, que te asfixiará, que irá absorbiendo tu energía lentamente, hasta que no quede nada de ese individuo que alguna vez fantaseaste ser.
Los sueños no sirven de nada si no luchas por ellos, o si esperas que los demás los forjen por ti.
¿Acaso puedo cerrar los ojos y dormir por ti? ¿Te brindaría el reposo que ansías? No, por supuesto. Sólo podrás observarme pernoctar, pero no serás parte de ese mundo onírico que me acoja.
Así en la vida, tus quimeras no son los mías, no puedo soñar por ti. Puedo facilitarte las herramientas para que los concretes, puedo darte la receta perfecta, pero si esperas que yo cocine por ti, todo será inútil.
Mira, yo sé que esto es complejo, pero no imposible.
Siéntate, cruza las piernas, acomoda tus brazos sobre ellas, así o como te guste, total que sólo tú sabes qué posición te hará sentir confortable.
Ahora respira, inhala y exhala, suave, despacio. Ve contando las respiraciones con la consciencia puesta sólo en ella.
Estás sintiéndote más relajado ¿verdad? Sí, lo estás ¿Sabes por qué? Porque te concentraste sólo en la respiración. Tu mente no se dispersó, fuiste poniendo atención en el abdomen que se ensanchaba, llevaste el aire desde ahí hasta sentirlo en los pulmones, y luego lo expeliste por la boca. Un pequeño ejercicio de concentración
¿En qué pensabas mientras lo hacías? Bien, muy bien, sólo visualizabas el oxígeno entrando, corriendo por las arterias, llegando a cada órgano de tu cuerpo, a cada célula. Luego expulsabas el aire viciado, ese que intoxica, que mata, y lo sentías en tus venas, ellas lo transportaban hacia tus pulmones, tus bronquios, tu garganta, para salir por la boca y así liberarte de toda contaminación.
Entonces, si esto que es involuntario, pudiste realizarlo en pleno estado de alerta ¿No sería igual de sencillo concentrarte en una meta por vez?
Inténtalo, amigo, sólo piensa en lo que desearías para tu vida. Cuando tengas claro el objetivo, ve por él, sin pensar en qué vendrá después; paso a paso; sin perder el sentido de lo que te propones.
No mires atrás, no mires más allá de este presente. No estés atento a los que ya alcanzaron la cima, ni siquiera a los que como tú, siguen aferrados a sus miedos. Sólo mira tú camino. No hay otro modo, créeme.
Ah, un consejo más: No pierdas el eje, no te desvíes ni te distraigas, no dudes, sólo avanza.
Te espero allí donde tu meta te aguarda, quiero recibirte con un abrazo. Ven…

 
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