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domingo, 30 de junio de 2013

OSCURA ELIPSIS


Llega la noche con su manto
Queriendo cubrir los muros,
Pretendiendo silenciarlos,
Intentando cegarlos.

En la morada prevalece el silencio
Mientras la llama del hogar, danza
Sin que nadie la interrumpa.
Duermen…eternamente recogidos.

No habrá más alboradas.
La llama seguirá jugueteando
Su traviesa y filosa expansión,

Esa de nunca acabar…

Se esfuma la noche,
Se asoman las luces,
Persiste la calma.
La llama no es llama
Que promete calor.

La llama es silencio
De sepulcro del alma,
De un penoso presente,
Un presente sin color.


sábado, 29 de junio de 2013

LA SOMBRA


Paulina y Francisco, sentados en el patio trasero, tomaban mate cuando sonó el timbre de la puerta de calle.
-¿Quién será a estas horas?- preguntó él, un segundo después de mirar su reloj pulsera que indicaba las diecinueve y cuarenta y cinco.
-Yo no espero a nadie; andá a fijarte vos- dijo Paulina. Francisco le entregó el mate que había terminado de chupar y se levantó de la silla con gran esfuerzo.
-Uno de estos días voy a tener que operarme la hernia, nomás- Atravesó la galería con pasos lentos y cuando llegó a la puerta espió por la mirilla “¿Y ésta, de dónde habrá salido?”
Parada en la vereda, esperaba una muchacha, flaquita y mal vestida. Tenía el pelo recogido en una cola; llevaba puestos unos jeans gastados y una camperita que daba lástima de tan estropeada que estaba. Sostenía con una mano una valija de cuero atada con una cuerda, como asegurando que no se abriera y dejara caer el contenido, una valija vieja como las que usaban los inmigrantes allá por los años treinta, mucho más antigua que la jovencita de aspecto infantil. No parecía pesarle, se notaba que el equipaje era escaso.
-¿Qué andás buscando, m’hijita?- preguntó Don Francisco, antes de abrir la puerta.
-Una pieza para dormir- respondió la enclenque chiquilla de cara tan pequeña que los ojos parecían abarcarla por completo.
-Pasá, entonces- abrió la puerta y la hizo entrar- ¿Recién llegás de viaje, vos?
-Hace unas tres horas, más o menos. Anduve buscando pensión y no encontré ninguna. En el bar de la esquina me dijeron que me venga para acá, que usted alquila.
Acomodados en la sala de estar, sentados en sillones enfrentados, Francisco le gritó a Paulina que se viniera al living.
-Tenemos gente, vieja- Paulina llevó el mate y la pava a la cocina y se les unió.
-¿Cómo me dijiste que te llamás, piba?- indagó Francisco.
-Clarita, señor; Clara Rosa Juarez, pero me dicen Clarita.
-Pues, así te llamaremos, Clarita- Paulina, que ni bien la vio sintió simpatía por la criatura, le ofreció una sonrisa y le tendió la mano- Mucho gusto. Yo soy Paulina.
-Mi señora, la patrona- aclaró Francisco, como si fuera imperioso.
Conversaron durante un rato. Clarita les contó que tenía veintidós años y que se había venido a Buenos Aires para progresar; quería estudiar peluquería. Era oriunda de El Dorado, un pueblito perdido en la provincia de Misiones donde vivía con sus padres y diez hermanos, cuatro mujeres y seis varones, todos más pequeños que ella. Tenían una chacra que trabajaba la familia pero no alcanzaba para alimentar a todos.
-Allá la vida es muy dura, señor, y yo quiero ser algo más que una campesina. No quiero llenarme de hijos, como mi mamá, quiero estudiar, ser alguien. Mi papá me dio unos pocos ahorros que guardaba para cuando la sequía nos dejaba sin alimento para llevar a la boca, y bueno, me mandó a estudiar acá. Con mis hermanos, es suficiente para ayudar en el trabajo de campo, a mí no me necesitan.
Finalizada la charla, cerraron trato.
-Cobramos el mes por adelantado. Almorzamos y cenamos todos juntos y en punto. La comida la prepara Paulina; no te preocupés, está incluida en el precio de la pieza- explicó cuando Clarita bajó la cabeza- Se come lo que hay, no tenemos carta para elegir menú- dijo Francisco riéndose para aflojar un poco a Clarita que seguía aferrada a su valija, los nudillos blancos de tanto apretarla- Vamos que te muestro tu pieza, después te presento a los otros pensionistas, gente buena, no molestan; acá, el que molesta, se va. Dame que te llevo la valija- dijo mientras subían la escalera-Tenemos dos viejas solteronas y un joven que estudia para doctor; con ese tené ojo, es medio mujeriego.
Clarita no se mostraba muy abierta al diálogo, era, más bien, callada y reservada en sus asuntos. Se levantaba temprano para buscar trabajo y cuando volvía se encerraba en su habitación; sólo bajaba para comer, aunque no siempre.
Los dos primeros meses transcurrieron en armonía. Clarita había conseguido trabajo en un asilo para ancianos, a pocas cuadras de la pensión y en un horario conveniente que le facilitaba estudiar. Regresaba a la pensión, pasadas las dos de la tarde, comía alguna cosita que se compraba por ahí, descansaba una hora y a las cuatro de la tarde, de lunes a viernes, iba a la academia de peluquería. Las dos viejas y Paulina, le servían de modelos; les cortaba el pelo, las peinaba y hasta se habían animado a cambiar el color. Fuera de eso, el trato era exiguo; Clarita hablaba lo imprescindible.



El velatorio se hizo en la funeraria de la otra cuadra. Don Francisco le avisó a los padres, pero no hicieron tiempo de llegar para darle el último adiós a su hija mayor.
- Pobre gente- decía Francisco- Me costó mucho comunicarme; lo tuve que hacer a través de la  policía y ellos se comunicaron con la milicia de allá. Imagínese, doña, que yo lo único que sabía era que vivían en El Dorado, nada más. Las pocas veces que recibía cartas, se las dábamos pero no nos íbamos a poner a mirar el remitente, uno es respetuoso, al fin y al cabo. Tampoco quise revisar sus cosas después que la policía la llevó a la morgue ¡Qué quiere que le diga! A mí me daba impresión volver a entrar a la pieza. Nosotros, con la Paulina, la queríamos como a una hija; era muy buenita, pobrecita, y no se lo digo porque esté muerta ¿Eh? Se lo digo porque es así. Yo no sé cómo no me di cuenta…Bah, en realidad, cuando la piba empezó a hablar de la sombra, nosotros no le llevamos el apunte porque pensábamos que nos estaba embromando. Imagínese, doña ¡Decir que una sombra se la estaba comiendo de a poquito! Primero dijo que le estaba comiendo la cabeza; pensamos que la chica estaba estudiando mucho, Se la veía cansada, consumida, muy flaquita ¡Ya ni comía, fíjese! Se preparaba un tecito y nada más. Después la siguió y la siguió con que cada vez le picaba más. La Paulina le preguntó, un día, si no se habría agarrado piojos en la peluquería, pero no se dejó revisar, le decía “Que no, doña Paulina, que no hace falta, que ya se me va a pasar” le decía. Al poco tiempo le picaba el  ombligo, yo me daba cuenta; la miraba y siempre se estaba rascando, la panza, la espalda, siempre estaba rascándose “¿Esta no se habrá pescado la sarna, vieja?” le dije a la patrona, pero tampoco se dejaba revisar y no quería ir al médico. Y fue por ese entonces, si no me falla la memoria, que se me enfermó mi Paulina. Estuve muy ocupado cuidando a mi viejita como para preocuparme de la locura de Clarita y su sombra ¿Se acuerda que la Paulina se enfermó de la porquería esa, del cáncer que anda matando a lo loco? Yo solo tenía cabeza para ella. Y al final se me murió, nomás; tantas operaciones y quimioterapia, se me murió, nomás. Dios sabe lo que hace; no sé si ella hubiera soportado lo de ésta chica ¡Cómo la quería! Y bueno, como le estaba diciendo, cuando murió la viejita anduve por un tiempo tratando de sobreponerme a la ausencia, imagínese ¡Cuarenta y siete años de casados! Yo no sabía vivir sin ella. Un día me di cuenta que la Clarita andaba silenciosa; a veces tenía los ojos rojos, como si hubiese llorado mucho, entonces le pregunté “¿Cómo andás, Clarita, tus cosas bien, el estudio, todo en orden?” Me dijo que no estudiaba más, por la sombra, que le tenía miedo. Hacía un tiempo que no compartía la mesa con nosotros; salía de noche, tarde, a comprarse algo para comer y volvía a encerrarse en la pieza. Después pidió cambio de horario en el asilo; trabajaba desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Lo que más me llamaba la atención era que cada día se tapaba más y más, con la ropa, digo. Hacía un calor de morirse y ella, que siempre andaba con esos pantaloncitos cortos que usan las chicas, se ponía pantalones largos, no usaba más la minifalda que tan linda le quedaba. Andaba con un pañuelo al cuello “¿Fuiste al médico, nena? Yo no te veo bien, estás muy abrigada, hay casi cuarenta grados ¿No estarás enferma, vos?” le dije ¿Y sabe qué me  contestó? “No, don Francisco ¿Para qué voy a ir al médico? La sombra no tiene cura, me va comiendo de a poquito y no se puede pelear contra ella” Me lo dijo con una seriedad que no daba para seguir hablando del tema. La cuestión es que fue pasando el tiempo y la Clarita cada vez más rara. Yo me preguntaba si no se había vuelto loquita, pero como no molestaba ni parecía peligrosa…Pero no, doña Irene, que va a tomar droga una chica tan buena como ella, se estaba volviendo un poco loquita, nada más. Y bueno, hace cosa de una semana, ya no la veía más, ni a la noche ni a la mañana tempranito, cuando volvía del trabajo. Ayer supe que había renunciado y ahí sí, me inquieté, así que me fui hasta la pieza y le golpeé la puerta varias veces seguidas; como no contestaba, fui a buscar la llave, porque yo, por las dudas, siempre tengo una copia de cada pensionista ¿Vio? Uno nunca sabe lo que puede pasar, y bien que hice, mire ahora…esto de la chica. Cuando abrí casi me quedo seco yo. Estaba acostada, muerta y toda desnuda. No sé cómo decir, yo no quería mirarla, no vaya a pensar que soy un viejo verde, pero quedé como hipnotizado. Toda la piel del cuerpo estaba negra y rugosa, como cartón, así como la caparazón de una tortuga, pero negra, y tenía mal olor ¡Quién sabe el tiempo que llevaría muerta, esta muchachita! No sé que decirle, fue horrible, no sabía que hacer. Llamé a  la policía… No, a la ambulancia, no ¿Para qué? Si ya estaba muerta. Bueno, doña, lo demás, ya lo sabe, usted y todo el barrio. Los doctores que hicieron la autopsia dijeron que se había suicidado con cianuro, muerte por intoxicación, pero yo no creo, si la chica habló de la sombra, así será.
 Don Francisco se rascaba la cabeza “Mañana pongo en venta la pensión” pensó rascándose el
 brazo derecho a la altura del codo.



La nueva propietaria de la pensión estaba con los albañiles en la cocina cuando escuchó el llamado de la empleada doméstica que acondicionaba las habitaciones del piso superior. Había dejado para último momento la que fue la habitación de Clarita.
-Esa dejala ventilándose unas horas; estuvo mucho tiempo cerrada; empezá por las otras y cuando termines con los baños ocupate de ésa, abrí el ropero, sacá todos los cajones, que no quede ni una  pelusa.
-Si señora, como diga.
Rosa siguió las órdenes de su patrona, pero algo le sorprendió.
-¿Qué pasa, Rosa, me llamó?
-Sí, señora, disculpe que la moleste pero encontré esto y pensé que sería mejor que lo viera usted.
Si prefiere, lo tiro.
Era un sobre blanco conteniendo una carta. Rosa estaba pasando un trapo bajo la cama cuando lo vio. No tenía destinatario.
-Dámela y ponete a limpiar a fondo, a ver si podés sacar este olor que apesta- Puso el sobre en el bolsillo trasero de su pantalón y bajó a terminar con los albañiles.
La jornada había sido larga y agotadora, pero después de recorrer toda la casa, pensó que había valido la pena invertir en el edificio. Todo estaba tal como lo había imaginado, una pensión confortable y decorada con buen gusto, exclusiva para jóvenes universitarios provenientes del interior del país.
Apagó las luces y se dirigió a la habitación principal, la que en un tiempo fuera de Francisco y Paulina. Al desvestirse, el sobre cayó del bolsillo. Lo levantó y lo dejó sobre la mesita de luz. Se puso el camisón y se sentó frente a la cómoda para cepillarse el cabello.
-¡Qué cansancio, Jesús!- Se metió en la cama y estaba por apagar el velador cuando vio el sobre en la mesita. La curiosidad fue más fuerte que su agotamiento. Se incorporó, la tomó, volvió a acostarse, buscó los anteojos y sacó la carta del sobre.

“Hoy voy a terminar con mi vida. Lo digo sin miedo; no es la muerte la que me asusta, es la vida, una vida que fue muy cruel conmigo, una vida que no me dio más que lágrimas. Pensé que al alejarme de mi familia, dejaría atrás un pasado doloroso. Muchas veces me pregunté por qué había nacido si no había lugar en el mundo para mí, caprichoso destino que me arrojó a una tierra árida y sin esperanzas. Me pregunto si mi madre me hubiera entregado en adopción de saber a cuántos maltratos iba a ser expuesta. Quiero creer que no, quiero pensar que me dio porque pensó que era lo mejor para mí, pobre adolescente de quince años que no sabía que hacer con un bebé, me entregó por amor ¡Pobre madrecita, si supiera! Pero ya es tarde para buscarla y abrazarla. De nada serviría, ya tengo la vida estropeada, llena de cicatrices, de dolor. Sobreviví hasta donde pude pero ya no puedo más y quisiera que me perdone, don Francisco, perdón por abandonarlo, a usted que fue el padre que no tuve. Me llevo su recuerdo, hombre dulce y cariñoso, de mirada noble y sonrisa amplia, le llevo a Paulina el sonido de sus canciones, mientras cortaba el césped. Me quedo en deuda con usted porque nunca pude decirle cuánto lo quise, no conocía la palabra amor hasta que llegué a sus vidas. Por eso mismo, Francisco, porque no quiero lastimarlo más, no puedo explicarle que la sombra me consumió, que invadió todo mi ser, que me robó la visión y la ilusión y que pronto va a atacar mi corazón. No quiero estar acá cuando suceda, no le voy a dar la oportunidad de seguir martirizándome con noches de insomnio y penas acumuladas. Puedo perdonarle a la vida todo lo que me negó, pero esto no, esto no lo acepto. Es cruel, es injusto. Yo solo quería forjarme un futuro mejor, ser alguien, olvidar el campo, el hambre, los golpes, las vejaciones, el galpón donde mi “padre” me sometía a sus aberraciones. Yo quería escapar de todo eso y por eso me robé los ahorros y me fugué. El pasado es una sombra de la que no puede escaparse, el semen derramado durante noches y noches, en el sucio galpón, dejó huellas en mi vientre. No puedo vivir con esto. La sombra de una vida miserable me acorrala, es oscura, silenciosa, no me abandona nunca, ni siquiera cuando apago la luz, porque no puedo verla pero puedo sentirla y duele, duele mucho. Me voy. Espero que Paulina me esté esperando; necesito un abrazo”


viernes, 28 de junio de 2013

DESPUÉS DE LA CEGUERA

Sí, mis ojos chiquitos me recuerdan esos días en que quedé literalmente ciega, sólo una semana, pero cinco más viviendo en la oscuridad y no hay que olvidarlo porque ¡Hoy me siento más que agradecida por las cosas más simples de la vida! ¿Y por qué este tema? Porque en ese estado, me sentía muy pequeñita, necesitando que me atiendan, aunque no pude evitar accidentes al intentar no perder mi independencia...rodar por las escaleras, romper floreros, vajillas y esas cosas que hacen reír jajaja. Comer era todo lo que podía hacer ¿Se nota no? jajaja
Canción de Antonio Prieto, interpretada por él: NENA NENITA ¡Y cuánto me gusta Antonio y su voz tan particular!


martes, 18 de junio de 2013

EXTRAÑAMIENTO

Sacudo mi cuerpo compulsivamente,
Esparciendo en el suelo todo resentimiento.
Agito la cabeza de un lado a otro
Sintiendo la libertad del no odio.
Con la mente aquietada,
En cerrado mutismo,
Extrañada de toda emoción,
Fijo los ojos en vos.

Te observo como se observa un cuadro
Descubriendo tonalidades,
Gruesas o finas pinceladas.
Te observo atentamente;
La miseria te envuelve,
La miseria del alma,
De amores secretos,
De rabias acumuladas,
De no saberte nada.

Ni blanco ni negro,
Matices grises opacan tu mirada,
Algún destello que tal vez se escapa,
Destellos de inquina
Y te tengo lástima.
Me apena tu vida vacía,
Existencia improductiva y fútil
Sin rumbo concreto,
Puertas obstruidas, precipicio inminente.
Tu mente maquina, urde, trama, engaña.

No tenés salida,
Estás muerta en vida...




sábado, 15 de junio de 2013

LANZAMIENTO DEL LIBRO “CÓMO SE GESTA UN DEMENTE” (Novela autobiográfica) de Oswaldo Mejía

LAN
Autor: Oswaldo Mejía- Escritor y artista plástico
Asimismo, el lector comparte de una manera sensible e intelectual, los dolores y sufrimientos de su autor, esos que fueron transformando su arte, desde las esculturas, la música - otra de sus pasiones- y, sin duda, su expresión pictórica, logrando empatarlos con los propios. Innegablemente, una obra maestra dentro del género autobiográfico.
            Myriam Jara- Editora                                        


“Siempre pensé que mi arte era producto de un estado hipnótico y hoy asumo que no es tan así, que sin ser consciente de ello, cada obra tiene una connotación que he ido exteriorizando subliminalmente, que cada suceso vivido fue el disparador para erigir estos locos mundos. Entonces, en esta, mi novela autobiográfica, me ratifico: Mi expresión artística es catártica pues a través de ella arranco angustias que me acongojan, hechos que me marcaron como ser humano;  fue así que comencé a concebir este libro. Un proceso doloroso y penetrante. Cada capítulo remueve aquello que procuré dejar en el pasado, si bien es el que sentenció mi presente
           Oswaldo Mejía- Autor y Editor


Fragmento del capítulo 14

Llevaba casi tres meses de ostentar mi grado de Sargento Segundo cuando otro sargento me puso al tanto de que unos soldados habían hecho llegar pasta básica de cocaína por lo que nuevamente, a mi antojo, me auto designé para hacer guardia en una puerta junto al sargento que me pasó el dato y los tres  hombres poseedores de la droga; estuvimos fumando hasta que se acabó la ración; no tardó en llegar la angustia, ese estado anímico en que te sumerge el consumo de dicho narcótico”

Binomio que cierra el capítulo

         FABRICANDO UN SUEÑO PARA LOS QUE NUNCA LLORAN

         En el segundo nivel de este mundillo que cual pequeño farol permanece encendido en algún lugar de los confines de este irreal universo, un piso polvoriento alberga jaurías de perros salvajes, chacales y hienas. En algunos trechos, el suelo presenta hoyos de entre tres y cuatro metros por donde estos carnívoros pueden otear a los cerdos que ocupan el nivel de abajo. Los asquerosos cerdos están tan al alcance de la mano que a los depredadores, con estirar el pescuezo, les basta para alcanzar a la presa escogida. Aun así, siempre que un cerdo es extraído hacia el segundo nivel, se desatan sangrientas peleas entre las jaurías rivales, facilitando en muchas ocasiones a la presa de turno, la posibilidad de escapar con una que otra dentellada y regresar a las cloacas para continuar con su inacabable búsqueda de desperdicios.





Sinapsis:
En esta autobiografía, partiendo desde su infancia y hasta la actualidad, el autor va evocando los momentos más dolorosos sin obviar los placenteros pues todos ellos han gestado lo que muchos consideran “Arte Demencial”. Sin embargo, a medida que el lector se adentra en la lectura, comprenderá que el título es modo irónico: lejos de ser un “orate”, simplemente es un artista que se expresa sin censuras desde lo más profundo de su ser. Las  experiencias vivenciadas que expone, han dejado huellas en su alma, en su estructura psíquica, y si bien son imborrables, no menos real es que al volcarlas en este libro no sólo consigue superar los traumas sino que, esencialmente, pretende decir que muchos han juzgado sus ilustraciones como inmorales, pero queda en evidencia que no es un obsesionado sexual ni un pervertido ni  mucho menos, simplemente ha dejado fluir a través de sus pinturas aquello que pugnaba por salir.
Pretende además, sin ser ejemplo para nadie, señalar que la vida está llena de obstáculos, que se cae, no se puede evitar, una y otra vez caemos pero si él pudo levantarse tantas veces como fue necesario, todos podemos.
Este hombre que ha padecido más de lo soportable, es como un árbol cuyas raíces son tan sólidas que ni el vendaval más poderoso puede derrumbar. Es el que sigue persiguiendo sus sueños, el que sigue creyendo que la imposibilidad no existe cuando se comprendió a qué se ha venido a esta vida. Es el que algunos llaman “DEMENTE”. Este expuesto nos muestra cómo se fue gestando “su arte demencial”



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EDITORIAL “TORRE DE PLUMAS”
LIMA-PERÚ (CON SEDE EN BUENOS AIRES-ARGENTINA)


MYRIAM JARA- EDITORA
Biografía

Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en una fresca mañana del mes de Marzo de 1957. Su habilidad como escritora fue manifestándose durante sus estudios primarios y secundarios, algo descubierto por sus maestros y profesores, quienes la incitaron a seguir la carrera de “Licenciada en Letras”, pero siendo hija menor de una familia de la clase media, sus padres consideraron que no debía desaprovechar su tiempo ni capacidad en una profesión que de nada le serviría. Tampoco Myriam cría que la retórica y el don de ver más allá de lo que muestran los ojos, característica de cualquier escritor, estaban presentes en ella. Estudió para paramédica y dedicó más de treinta años al servicio de hospitales públicos y privados. Cuando se le pregunta sobre esa época, suele responder que haber penetrado en el mundo donde impera el dolor y la muerte, mutaron su esencia, volviéndola una persona solidaria y contenedora del paciente. En la cuarentena de su vida, sin dejar de lado su profesión, estudió las carreras de Letras y Edición. Es, justamente debido a su observación de un orbe donde las carencias afectivas y materiales son imperantes, que en sus primeras producciones literarias hay una fuerte denuncia social.  Más tarde conoció a Oswaldo Mejía, quien ejerció una fuerte influencia en su modo de expresarse, sin dejar a un lado su temática, ahora expresada subliminalmente, concediéndole al lector, la posibilidad de poner su impronta, pues muchos de ellos tienen un final abierto o ambiguo.
Con más de cuatrocientas producciones, aún inédita por decisión, participó de concursos literarios, recibiendo varios premios. 


OSWALDO MEJÍA- EDITOR
Biografía
Oswaldo Mejía nació en Lima- Perú en febrero de 1957. Familia de clase media, su primer impacto con la realidad, eso que marcó su temor al compromiso afectivo, fue la muerte de su único hermano, un año mayor que él. De aquí en más, la influencia en su arte.
Desde muy pequeño manifestó una fuerte tendencia por                                        las artes plásticas. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas de La Pontificia Universidad Católica del Perú. “…aunque podría gritar a los cuatro vientos que mi formación artística en la escuela, fue frustrante y casi estéril. Yo desarrollé mis técnicas, filosofía y temáticas, como un autodidacta” (sic)
Sus ilustraciones, pertenecen al género erótico surrealista, siendo protagonista absoluto,  el cuerpo femenino, y su sello, lo que él suele denominar “binomios”, pues cada una de sus ilustraciones va acompañada de un texto, prosa o poema, inherentes entre sí.
“No soy un artista plástico, soy un creador de mundos” (sic)
Participó en varias exposiciones:
1972- Galería “EQUUS” (Colectiva)
1973- Galería “PERU ART” (Colectiva)
1983- Galería “PANCHO FIERRO” (Individual)
1984- CENTRO COMERCIAL PLAZA CAMACHO (Colectiva de esculturas semi-monumentales al aire Libre)
2011- Galería  “KONTRASTE” en Westfalia-Alemania (Colectiva)
Incursionó en la escultura, la música y la escritura, cualquier expresión artística, no le es ajena.
Sumada a sus múltiples actividades, la docencia es otra de sus pasiones. Profesor de Arte y Humanidades, ejerce su rol en una escuela para niños de educación primaria y media, siendo su lema “No doy clases, doy lecciones de vida” (sic)

"PRÓXIMAMENTE "EDITORIAL TORRE DE PLUMAS" APOYANDO A LOS ESCRITORES PARA LA PUBLICACIÓN DE SUS OBRAS LITERARIAS"














                                                 

miércoles, 12 de junio de 2013

DUDA EXISTENCIAL


Ver
Para creer...

Creer
Para entender...

Entender
Para discernir...

Discernir
Para pensar...

Pensar
Para cambiar...

Cambiar
Para crecer...

Crecer...
Ver o no ver...
¿Esa es toda la cuestión?




Octubre 2011 (Mes de la ceguera)

martes, 4 de junio de 2013

CUANDO…

Cuando se acaben las guerras
Cuando el dinero deje de ser de unos pocos
Cuando los niños no mueran de hambre
Cuando desaparezcan las fronteras
Cuando la visa sea un recuerdo del pasado
Cuando todos los seres humanos vivan  dignamente
Cuando se respete el derecho de los animales
Cuando el planeta renazca
Cuando el sol ya no sea nuestro enemigo
Cuando el agua potable llegue a cada rincón del mundo
Cuando se respete la flora y la fauna del pulmón del mundo
Cuando dejen de matar para quedarse con el petróleo
Cuando las mujeres no sean lapidadas
Cuando los niños y las mujeres no sean vendidos como mercancía
Cuando la droga deje de ser el mayor flagelo
Cuando la igualdad deje de ser utopía
Cuando “discriminación” sea una mala palabra
Yo sabré que DIOS bajó una vez más y
Entonces sí podré decir:
¡La vida es maravillosa!

 
)

domingo, 2 de junio de 2013

CHINIS ES EL NOMBRE DE LA BOA

¡Arrástrate, serpiente! Arrástrate mientras yo, ser alado, escogida del Gran Hacedor,  habitante del Nirvana, observo con piedad tu encolerizada humanidad pues ¿Qué otro sentimiento puede inspirarme tu zaherida condición?  Despierta, advierte tu vergonzoso andar…Elevas la cabeza, abres las fauces desdentadas dejando entrever ese látigo  filoso y bifurcado que se extiende intentando atrapar aquello que jamás obtendrás… más no le temo a tu inquina ni a tu secreción mortífera… No es letal para aquellos que somos  investidos de pureza, adarga que nos resguarda de la asechanza de los seres absurdos que como tú, intentan encumbrarse en lo que suponen su imponente arrojo  y sin embargo no es bastante para alcanzar la gloria. Tus escamas amarillas, tus ojos oblicuos extractando hostilidad no son suficientes...Continúa serpenteando, sigue masticando el desencanto y la animadversión por no haber usurpado aquello que te fue negado ¡Trágate el veneno! Pero  te advierto…No se mata al amor, no existe fuerza más poderosa que la del CREADOR y ÉL nos ha ungido de modo tal que no somos  dos sino uno…No puedes, rastrera…sigue con tus movimientos sinuosos y busca a tu equivalente, híncale a él las agujas de tu lascivia, electrocútalo con doscientas veinte convulsiones de éxtasis aparente, has uso de esa mediocre comprensión que tu insignificante mollera te confiere y tal vez así…tal vez…obtengas la paz que tú misma has perdido buscando en el sitio errado…tal vez …alguna vez…tal vez…jamás.

¡Qué indignidad la tuya, que poco sentido del decoro!…Moras en el tétrico pantano de tu miserable existencia y ni siquiera eres orquídea… ¡Qué condena severa, cuánto más te falta por expiar!… No eres sino un ser sombrío revestido de escamas de ficticio ambarino…qué pena me das…

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