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sábado, 3 de marzo de 2012

RENACER - PARTE 3

Perdi a la persona que más me quiso; mi tía menor. Hace ya años de esto y todavía hoy la siento. Si estuviera conmigo qué diferente habría sido todo. Vos lucharías por mí, tía querida, te hubieras plantado frente a ellos, los habrías enfrentado pero la vida no te dio tiempo ¡Puta que es jodida la vida o, mejor dicho, la muerte! Mirá que venir a llevarse al único ser que precisaba para no sentirme un mal parido. Cuando me lo dijeron no podía creerlo, no, no podía ser verdad. Tan bonita, tan joven, tan solidaria, tan cariñosa. Y sí, por eso te fuiste, porque acá se quedan los perversos, los que tenemos alguna cruz que cargar. Vos fuiste feliz, tiíta, etoy seguro; no se puede mirar tan tiernamente si el corazón no está lleno de amor y el alma plena de luz ¿Te acordás cuánto me enojé cuando me contaste que en tu panza crecía un bebito? ¡Cómo lo odié! Pobrecito, como si él tuviese la culpa de ser el favorecido...Otro santo...por algo se mereció una mamá como vos. La muerte fue brutal también con él ¿Cuántos años tenía? Apenas ocho, me acuerdo bien porque yo tenía diez. Después de tu funeral no lo volví a ver, el tío se lo llevó al exterior, lejos, eso me dijeron, creo que a Europa, no volví a verlo nunca más. Tampoco me explicaron por qué te habías muerto, todo era un secreto, un espantoso y enorme secreto, simplemente dejaron de mencionarte; nunca más volví a escuchar tu nombre, era palabra vedada y nosotros, tus sobrinos, no nos atrevíamos a preguntar, teníamos miedo, creo que porque ellos sabían que les iban a decir alguna mentira, como siempre; en nuestra familia se encubre la realidad. En cambio yo no preguntaba porque tenía miedo, miedo de que hayas sufrido, miedo de pensar que no volvería a verte, miedo de que fuera verdad nomás, que sí, que te habías muerto. Prefería creer que estabas en alguna ciudad europea y que pronto recibiría cartas tuyas. Por momentos me enojaba con vos porque ¡Mierda! Te fuiste sin llevarme, sin darme un beso, un abrazote fuerte y cariños de esos que solías darme cuando te ibas para tu casa. Si hasta te esperaba cada Navidad...Me decía "Este año nos dan la gran sorpresa, se vienen para Argentina"
Mi tía mayor le decía a mi mamá que yo estaba chiflado, que por qué no me llevaba a ver tu tumba así me dejaba de joder; siempre tan fina y cordial, mi tía la bruja "Mejor lo mando a terapia, este pibe tiene tantos problemas que, te juro, ya no sé que hacer con él"
Pero no me puso en terapia, por suerte, yo no quería ir al locólogo "¡Ja, mirá si te encierran!" Me decía el menor de mis primos; siempre el mismo taradito...Y consiguió meterme miedo nomás, el boludito "Los locos son malos, por eso los atan y les pegan, lo vi en las películas" Pedazo de cretinito...
Un día dejé de esperar tus cartas, dejé de esperarte en cada Navidad, dejé de pensar en un viaje feliz a Europa...Pero nunca pude dejar de pensar en vos. Fue la noche que viniste a verme; estaba durmiendo, soñaba que estaba en la hamaca de la plaza de la esquina de casa, la hamaca roja, mi preferida, no importaba que todas estuvieran libres, yo esperaba la roja, entonces vos te acercabas al pibe que la estaba ocupando y le decías "¿No se la cambiás por la azul?" ¡Tía ídola! El pibe me la cambiaba ¿Quién te iba a decir que no a vos si eras una divina? Y linda, además. Me hamacabas alto "Hasta el cielo, tía" "No, mirá si te caés, che, tu vieja me asesina" "Porfi, porfi, hasta el cielo" "Bueno, como quieras pero juntos, bajate, sentate en mis piernas" Y te sentabas y me hacías upa y me rodeabas con un  brazo mientras te sujetabas de la cadena con la otra mano "Dale, dale, más alto" Nos remontábamos y nos destornillábamos de risa...Pero en mi sueño no había risas, yo estaba triste. De pronto apareciste y comenzaste a hamacarme suavemente; yo gritaba "¡Hasta el cielo, tía, juntos, dale, subite conmigo!" Recuerdo con nitidez tus palabras "Yo ya estoy en el cielo pero quiero que vos te quedes y luches porque de eso se trata vivir; sé feliz, no importa el dolor que debas soportar ni las lágrimas que serán muchas, sólo sé feliz. Estoy con vos, a tu lado, permanentemente; te quiero, no lo olvides jamás"
No volví a soñar con vos pero tampoco olvidé tu mensaje. Supe que no ibas a volver, que ya no debía esperarte pero también entendí que tenía que resistir y ahogarme en llanto porque vos me lo advertiste "Las lágrimas limpian el alma, liberan al corazón de aflicciones, te enjuagan los ojos y te ayudan a ver con mayor claridad" De acuerdo, tía, voy a luchar y vos a mi lado ¿Lo prometés? Sí, lo prometiste.
Fue entonces que tomé la decisión de irme de casa, allí no había lugar para mí y mucho menos para Agustina. Me mudé a una pensión y me la llevé conmigo. En eso me apoyó toda la familia "Que se vaya y haga su vida si eso es lo que quiere. Tu marido tiene razón, es un vago, no estudia, no trabaja y encima esto ¡Dejate de embromar!" "¿Y de qué va a vivir el chico?" Quería saber la abuela, preocupada "Para vos, mamá, siempre son chicos; ya está grande; le doy para el primer mes de renta y que se busque un trabajo, que aprenda a ganarse la vida, si es caprichoso, bueno, que se pague sus caprichos"
Me llevé mis cosas, bah, lo poco que tenía: Un par de jeans desgastados, algunas remeras, las zapatillas de básquet, mis discos, mis libros y mi secreto bien envuelto, no sea que a estos miserable se les ocurra revisarme el equipaje para constatar que no me afanara nada; si lo descubrían serían capaces de romperme todo o tirarlo por la ventana. Me muero, te juro que me muero o los mato; a mí que me hagan lo que quieran pero con vos, Agustina, que no se metan, tus cosas son privadas y no se tocan.
Sólo Mariela lloró, lo hizo en silencio; eternamente silenciosa fue su vida, ella era la víctima pero nadie se dio cuenta jamás. La forzaban a elegir y ella no podía ¿Cómo oponerse a su familia? Era la que le tocó en suerte...Pero tampoco podía recharme a mi porque, aunque los demás no lo admitieran, yo también era su famila. Pequeña Marila, ese día comprendiste cuándo se es adulto; cuando ya no se exige sino que se espera, callado, que la vida resuelva por vos. No todos tienen coraje para luchar contra los obstáculos, tampoco yo estoy seguro de poder hacerlo pero en mi caso es diferente, Mariela, vos tenés una familia, yo sólo tengo a Agustina...y a vos; no te voy a abandonar, vamos a seguir viéndonos, voy a presentarte a ella, te va a gustar, la vas a querer pero no se lo digas a nadie, es nuestro secreto. Dame un abrazo y dejame que te seque esas lagrimitas, guardalas para cuando las precises de verdad, yo estoy bien, sigo los dictados de mi corazón.
"Pero ¿Quién te va a cuidar, Ignacio, si ya no tenés familia?" "Yo tengo un ángel, mi tesoro, está siempre a mi lado, vos la conociste pero la olvidaste, algún día te voy a hablar de ella y ese va a ser nuestro segundo secreto" 
Mariela me abrazó tan fuerte como le permitieron sus brazos flaquitos y me dejó las mejillas rojas pero no de un chachetazo, de besos, esos que todavía guardo en lo más profundo de mi ser. Salí del dormitorio prometiéndole que la iba a llamar, que yo sabía que podía contar con ella y que le haría saber cuando necesitara de su ayuda.
Papá se recluyó en la cocina, no quería verme. Mamá estaba en el balcón, ofendida, por supuesto, una vez más yo era el responsable de sus desdichas ¡Pobre mártir infligida por la vida con semejante hijo!
La abuela se levantó del sillón, me besó, me abrazó y me puso en la mano dos billetes de cien pesos "Llamame, no pases hambre, cuando me necesites, buscame" "Gracias, abuela, lo voy a tener en cuenta"
Al cerrar la puerta sentí el timbre del teléfono; seguro que era mi susceptible tía que quería cerciorarse que la persona "non grata" ya se había ido.



Continuará...

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