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domingo, 4 de octubre de 2015

HACIA DONDE CARONTE (Cap. 5 de "ROMANCE DE BENAZIR Y JALIL")


 Tiene una razón tu deseo de llorar; déjalo salir, no contengas el llanto,  no retengas las lágrimas, no es bueno para el alma. Debes creerme porque soy quien  extirpa el espíritu de los cuerpos, celdas de músculos y sangre, calabozos que encarcelan más que estos malecones que imponen soledad, porque de este conseguirías evadirte si lo quisieras.
 ¡Mírame de frente! Hay desconcierto en tus ojos. Yo  te mostraré otros mundos con otros cielos pero bien sabes que en esta vida nada es gratuito. Huir de aquí tiene un precio que los entes corporizados como tú lo pueden pagar… más de estos barrotes de huesos y cerrojos que son fibras que la inervan, de aquí únicamente puedes huir con mi asistencia.
Noto el miedo en tus ojos, la pena dio paso al recelo y ahora te invade el pánico ¿Te estremece mi fulgurante apariencia? Sí, me temes, te preguntas quién soy y cómo conseguí franquear la barrera de hombres rudos y armados que celosamente custodian tu reclusión. Te diré que no hay limitaciones para mí, nada que me ataje cuando debo efectuar mi tarea. Tengo el virtuosismo de aprobar que se me perciba cuando yo lo dispongo, no ve sino aquel que debe verme. Ya lo comprenderás cuando llegue el momento. No, no, no me inquieras porque el conocimiento lo poseerás, empero, será cuando deba ser, no falta mucho, primero debes hablarme de ti y de tu tristeza. Aflójate, tienes tieso el rostro. Háblame de tu pesar.
Dices que no lo recuerdas y sí lo recuerdas pero no deseas revivir lo acontecido, te dices que de nada te valdría ya que nada puedes remediar, que es tu destino coexistir con tu injusta soledad y debes sobrellevarla.
¿Me preguntas cómo lo sé? No tiene importancia,  sólo te diré que todo me es dado a saber.  Porfiada, te amparas en el mutismo, no confías en mí; hablaré por ti. Sufres por él, tu adorado amante. Despiadadamente los han incomunicado. Qué pecado hemos cometido, te preguntas una y mil veces sin dar con la respuesta que apacigüe tu suplicio. Amarse, esa es la falta que han cometido para los hombres de corazón de piedra. Para ellos el amor es falacia, es deshonroso, sombrío y poco conveniente. No entienden que cuando dos corazones se topan más allá del abismo, no hay ímpetu humano que consiga apartarlos. Ustedes vencieron las distancias; rebeldes y vehementes, dieron rienda suelta a la deliciosa pasión que conduce el amor sin medir las consecuencias.
No te estoy juzgando, intento que comprendas que ustedes hicieron lo correcto, lo aprueben o no aquellos que despliegan el poderío, ambos cumplieron con el propósito del Creador.
Sí, lo sé, me pienses enajenada y tu recelo se transformó en desprecio. No te culpo, humana al fin, no posees la sapiencia suprema, esa que conquistarás al momento  de recorrer el conducto brillante que te transportará a la paz, mas no es tan sencillo.
Seca tus lágrimas mujer. Escasamente han caminado los primeros pasos y no deben desistir si pretenden inmortalizar este amor en el espacio que en el Nirvana les está reservado. Él no ha flaqueado, no partió, no está muerto, tampoco vivo. Como tú, está confinado pero su celda es una ciénaga tenebrosa y pestilente, un pantano infernal con ausencia de claridad. Es mi deber advertirte que está a punto de perder la razón y que sólo tú puedes salvarlo ¿Cómo lo harás? Ya lo sabrás pero antes debo asegurarme que tu amor es tan grande y tan fuerte que darías la vida por él.
Asegúrame que tu vida sin él de nada sirve, que por amor a él darías la vida, que tu existencia no tiene razón de ser si tus manos no pueden rozar su piel, si sus labios no beben de los tuyos, que estás dispuesta a desafiar a los más pavorosos seres de la oscuridad sólo para estar junto a él. Si es así, si te sientes lo bastante enérgica para hacerlo, entonces ven conmigo, yo te cargaré en mis brazos y te transportaré hacia él, yo soy la que los unirá, yo soy la celestina que los erradicará de esta desconsolada existencia a fin de obtener la eternidad para gozar este amor.
¿Estás sonriendo? ¿Ya no me temes? ¿Acaso te inspiro confianza?  Ya lo ves, no soy como todos me suponen ¿Verdad? No tengo hoz, mi rostro no es tétrico ni mi manto negro. Soy la dama blanca dueña de las almas. Sígueme que nos espera, no debemos demorarnos porque se están agotando sus fuerzas y sólo tu aliento lo revivirá…

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