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sábado, 3 de mayo de 2014

VE CON CONFIANZA EN BUSCA DE LA SEÑAL




Fue imperativo, pero impartido desde el aliento, y sin embargo sentí la presión ejercida sobre mi atiborrada masa encefálica, dejándome en situación de parálisis, o incapacidad para discernir si realmente deseaba o no abrir esa puerta que me llevaría a un lugar ignoto, remoto, extraño.
¿Qué más da? Definitivamente ya no estoy a gusto en este sitio en el que habito desde hace diez lustros. Aquí, sí, aquí donde pasé mi sórdida existencia, ocultándome tras protervas máscaras que me condenaban al eterno autoengaño. Aquí el horror se hizo presente cuando aparecieron ellas…
Debía dar el paso, el gran paso. Convenía traspasar esa sutil línea que marca los límites entre lo que fui y lo que deseo ser. En la línea estoy parada, pero no puedo quedarme en este punto eternamente. El aquí es la negación y ya no quiero más signos horizontales, únicos, dispersos.
Voy por la cruz; no la que pesa, sino la que te conduce directamente a ese espacio donde la luz no enceguece mi visión, sino que las esfuma a ellas… ¿La cruz es la señal? Veremos…
En fin, se acabó el titubeo, no sé que hay detrás de esta puerta; de todos modos voy a abrirla y que venga lo que tenga que venir.
No me sorprende…puertas…más puertas…siempre hay puertas que me obstruyen la salida. Pero para mi sorpresa, estas están abiertas, como invitándome a pasar. Dudo, lógicamente, dudo pero… están abiertas.
Alcanzo a oír melodías. Algunas inquietantes; otras me transportan a ese estado de paz que poco y nada conozco pero me agrada.  También hay destellos luminosos e intensos.
Me acerco a la primera. Elijo al azar. Da igual, si en definitiva,  todo me resulta extraño.
Estoy a punto de penetrar a esa habitación cuando la puerta se cierra de golpe haciendo temblar el piso ¡Caramba, parece que erré en mi elección! No es importante, voy por otra pero ¿cuál?
Temo volver a equivocarme, y no me gusta lo que ocurrió, no deseo que vuelva a suceder. Pero vuelve a ocurrir; una vez más, el maldito estrépito de la madera a punto de golpearme en el rostro.
No voy a darme por vencida. Aun me quedan varias; alguna de ellas deberá abrirse y será, precisamente, la que contenga la señal.
Sucesivamente, una por una, van desalojándome antes de introducir un pie, más no sea para husmear, pero nada, no puedo hacer nada…O sí, volver a mi celda de siempre.
Mañana…tal vez mañana…
Por hoy ya tuve suficiente. Deberé esperar la nueva orden…

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