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lunes, 11 de agosto de 2014

HABÍA UNA VEZ UN MAR DE POESÍA


Marcela se fue a la playa,
A la carrera “Sol y Arena”,
Tan sólo pa’ hacer presencia.
Más no así su marido,
Un winer  en estas lides.


Allí se quedó cual reina,
Sin corona y en la carpa,
Observando a los corredores
¡Hasta que se vino el tornado!


Locos los competidores,
Corrían de acá p’allá,
Mientras ella se preguntaba
¿Dónde se metió el cretino?

Ante sus asombrados ojos,
Vio aparecer a un Adonis,
Fuerte, bello y musculoso,
Que la tomó en sus brazos.


Dicen que el marido sigue corriendo,
No para ganar la competencia,
Sino en busca de Marcela,
Que desapareció entre las estrellas.
Nunca más se supo de ella…

Ariel, pletórica de energía,
Desvelada como gallo desplumado,
Caminaba por las paredes,
En su intento de levitar.


Una práctica nada común,
Pero que  en ella es habitual,
Esto de atravesar los techos
Pa’  perseguir lucecitas,
Mientras se mea de risa,
Orinando a los transeúntes.


No fue ese el mayor problema,
Sino el camisón níveo
Que se le enredó en las patas
Del susto que se pegó,
Cuando la encontró en el Limbo…


¿A quién? ¡A Marcela!
Besuqueándose con el guapo.

Mientras la Jara, ajena a todo esto,
Deprimida como siempre,
Hacía su guardia de mierda,
Implorando que no operen.


Se dispuso a encender su laptop
Cuando llegó el cirujano:
¿Vamos a tomar unos mates?
¡No, pelotuda, vamos a abrir una panza!


Pero no fue una, sino dos…
Y esto más la deprimió
“Total, pa’ lo que me pagan,
Mejor me quedo en la cama…”


Pobre inocente chiquilla,
Que arrastraron del cabello,
Para salvarles la vida,
A dos taradas que cayeron del cielo.



 ¿Ya adivinaron quiénes eran?
Pues…Marcela, sin corona pero reina,
Y la Sirena Ariel, con la cola descamada,
Diciendo “Hola hola hola”
A las luces de la lámpara.


El mar está llora que llora,
En manos de tres orates,
Que se dicen administradoras,
Y están más que de remate.


Los miembros buscan la salida
De estas aguas tormentosas,
Pero ni Josefa, ni Esther,
Ni Marta Nidia, ni Roa,
Ni Araceli, ni Neptuno,
Pueden resolver el meollo.

Desamparados los miembros,
Desconcertadas las administradoras,
Miran con gran asombro
El desparpajo de tres locas,
Que por más que se las eche,
Siguen buscando a la musa,
Que les haga ganar el concurso.



Ay, pobre Silvia, Silvita
Que tanto empeño puso
Para demostrarle al mundo
El talento de estas sirenas.


Rubén, al que le dicen Chilín,
Iba tras ellas tomándoles fotos,
Las mismas que Trina trucaba,
Para que se las vea menos idiotas.

La pandilla de “Los Alejos”,
Y con Jorge a la cabeza,
Quisieron aprovechar la ocasión:
Se amotinaron en el océano,
Para ocupar el sillón.


Don Rafael Mérida Cruz
Intenta que retorne la calma,
Más ninguno está dispuesto
A apoyarlo en esta campaña
Ni que maíz les traiga.


Rezan los tiburones, las aguas vivas,
Las almejas, los hipocampos,
Guiados por la niña Marina,
Para que se acabe la anarquía.



Entre tanto sobresalto
Andrés quiso escribir un soneto,
Pero llegó el gran Erick Sarff,
Y lo convirtió en historieta.


Agustina solloza e implora,
Mientras Pablo la consuela,
Prometiéndole que en breve,
La llevará a tierra firme,
Pero  Agus no le cree.


Magi, deambula solo,
Rumiando sus pensamientos,
Cavilando si habrá un modo,
De editarles un video.

Los grupos se mezclaron,
La gramática tiene historia,
Y en el rincón de poesía,
Los cumpleañeros no tienen torta.


El hombre de Maíz,
Fue en busca del dragón Dakota,
A ver si contando un chiste,
Consiguen un galardón.

La mitología, guiada por la Rizzo,
Teje llamadores de ángeles,
Y ni los cactus se salvan,
De ser parte del delirio.


Esta es la historia sin fin,
Cosa de nunca acabar,
Hasta que le pongan punto final
Los directivos de Ning,
Y los mande para el face,
A ver si allí consiguen adeptos.

Así aconteció la historia,
De una mar revolucionada,
Donde la narrativa,
Fue el poema de la semana.


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