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lunes, 22 de diciembre de 2014

LA NAVIDAD DE MARIO (A mi querido amigo escritor Mario Eduardo Aguilar)


A mi me duele tu partida, me duele porque no vas a estar conmigo, me duele porque no estuve con vos cuando me lo pediste, me duele porque no supe hacer un huequito para escucharte, para mimarte, para decirte que no era necesario que nos contara tus historias para saber que eras un buen hombre.
Te reté ¿Te acordás? Fue en EL MOROCHO. Vos querías adueñarte del micrófono y yo no quería que te miraran mal, entonces te dije que te callaras, que dejaras que hablaran los otros y vos me hiciste caso, tonto Mario. Me hiciste caso porque me querías y yo no te retribuí ese cariño con un café, lo único que me pediste.
Tenía veintidós años cuando estaba de guardia. 23 de diciembre, nunca lo voy a olvidar. Mientras yo estaba haciendo masajes cardíacos a una paciente mi papá estaba muriendo y yo no lo sabía. Fue la más triste de mis navidades. Me enteré el 24, el día de Nochebuena, recién entonces se animaron a decirme que no iba a compartir la mesa con nosotros, y lloré, lloré de impotencia porque no estuve a su lado cuando su corazón dejó de latir; estaba lidiando para que latiera el corazón de una extraña, y tampoco volvió a latir, y lloré- soy muy llorona- porque su hijo de dieciséis años se arrojó sobre el cuerpo de su mamá diciéndole que no podría volver a festejar la Navidad sin pensar en ella.
Ironías de la vida, yo me puse en la piel del muchachito y pensé “¡Qué pena por él, que suerte que yo no tengo que llorar la muerte de ningún ser querido!” En ese instante mi papá estaba muriendo. Nos unió el dolor a ese muchachito del que ni siquiera sé su nombre.
Ironías de la vida. Esta Navidad la paso en el hospital, con los enfermos, con los que también estarán lejos de su familia como yo, y no voy a poder evitar pensar en vos, Mario, en mi amigo, en el que dejé de lado por falta de tiempo.
Pero de algo estoy segura, vas a venir a visitarme a las doce de la noche, un aire tibio me recorrerá la frente y las mejillas y yo sabré que es tu beso, ese que no te pude dar antes de irte.
Esta Navidad va a ser la mejor de tu vida. Vas a estar al lado del homenajeado, vos y Jesús, juntos. No más soledad, Mario, no más tristezas. Pronto nos vamos a encontrar, yo también estoy en la edad en la que el futuro es de aquí a dos minutos.
¡FELIZ NAVIDAD MARIO HORACIO AGUILAR!


Autora: Myriam Jara- Navegante Literaria

(Protegido en el Registro Nacional de los Derechos de Autor)
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