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sábado, 24 de marzo de 2012

RENACER- PARTE 11 - EL FINAL

También Ignacio se durmió entre sollozos, estaba consciente que había llegado el momento de despedirse de Agustina para siempre. La amaba hasta el punto de sacrificar su vida por ella pero no, ella no podría subsistir sin él.
-El mundo es cruel, las personas son crueles, jamás la aceptarán, la hostigarán, la infligirán, repudiarán, todas las puertas se cerraran para ella, la sociedad le daría la espalda, no van a alcanzarle las lágrimas para extirpar tanto dolor, para sobrellevar una existencia dura como la que tenía. Agustina, mi pequeña y frágil Agustina, tan necesitada de amor que sólo yo puedo darte, yo que te conozco desde lo más recóndito de tu ser, yo que penetro en tu mente y leo tus pensamientos...Sé de tus anhelos y ternura, de esas enormes ganas de vivir con identidad propia, de mostrar al mundo que tenés mucho talento para ofrecer a la humanidad...
El agotamiento lo hundió en un sueño profundo, agitado, confuso, una pesadilla en la que Agustina lo había acuchillado. La gente se arrojaba sobre ella al grito de "Asesina, asesina". Corrí, Agustina corría en el intento de huir de esa horda enfurecida pero no pudo, finalmente la atraparon, le ataron las manos, la subieron a una tarima y le pusieron la soga al cuello. Dejó de pedir clemencia, gemía en silencio, conservando la dignidad pero las lágrimas fluían sin que pudiera evitarlo...Lloraba por Ignacio, por ella, por el mundo que la supo comprender, un mundo del que ya no le interesaba ser parte. Mató por la vida y se asoció a la muerte.

Ignacio se despertó abruptamente, aún con la visión de Agustina a punto de ser ejecutada. Se sentó en la cama intentando recobrarse, sopesando la situación, todavía estremecido por esas imágenes tan vívidas. Pensó en su triste realidad, tan injusta que era imposible de sostener. Tenía que tomar una decisión respecto de Agustina, esa débil mujercita que pugnaba por ocupar el espacio de él, que quería apoderarse de su vida pues otra no tenía, ella sólo existía para Igancio, sólo para él era valiosa, el resto, sin siquiera darle una oportunidad, simplemente la despreciaban.Había probado y no lo resistió, no era un camino que ninguna mujer desearía pero hay quienes lo sobrellevan pero no ella y otro no tenía...
Abrió la puerta del ropero, buscó los jeans de Agustina, la remera roja que dejaba al descubierto su ombligo, las botas con tacones y se sentó frente al espejo. Se miraron, lloraron juntos, ambos conocían el final...No podían convivir pero tampoco separarse, eran dos en uno, indivisibles como los átomos...Se miraron por última antes de unir sus labios en un último beso.
Ignacio fue a la cocina, tomó el cuchillo más grande y con paso seguro volvió a la habitación para ocupar su lugar frente al espejo, punto de encuentro para reconocerse el uno en el otro; cerró los ojos y dijo:
-Esto no es por vos, deliciosa criatura, mi querida Agustina, es por la vida que no  quiso concedernos un lugar, una oportunidad, aceptarme con mi parte femenina...
Agustina asintió dócilmente con una leve inclinación de cabeza, no sin antes regalarle su más bonita sonrisa aunque él ya no podía verla. El cuchillo abrió la garganta de Ignacio, Agustina se desplomó sangrando, Ignacio se arqueaba en su última agonía mientras la sangre empapaba la remera roja que se adhería al cuerpo de Agustina, tiñendo sus botas con sangre, las blancas botas que resaltaban la belleza de sus piernas femeninas. Agustina agonizaba, Ignacio también. Una última mirada antes del último estertor...Sonreían, supieron que estaban libres y juntos por siempre. Más allá de las incomprensiones y los prejuicios...habían vuelto a renacer.
                  Imagen tomada de Internet

                                       FIN

"NO A LA DISCRIMINACIÓN, SÍ A LA ACEPTACIÓN, NO A LOS PREJUICIOS, SÍ AL DERECHO DE SER LO QUE SE ES"

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, Trilce, espero que hayas leído toda la historia, es bastante fluida, intento no aburrir al lector. Un afectuoso abrazo.

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