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domingo, 5 de febrero de 2012

EL ESTIGMA


Las calles de Venecia estaban solitarias y le gustó, como le gustó el viento que, impetuoso, arremolinaba su pollera dejando al descubierto sus bonitas piernas, lo único bonito que había tenido. La fealdad fue su estigma y la causante de su vida solitaria. Ni siquiera su simpatía, exageradamente pretendida, le había proporcionado la felicidad de sentirse la dueña de un corazón. Tuvo muchos amigos, hombres casi todos, pero ninguna se fijó en ella como mujer. No los podía culpar; la culpa era de la maldita sociedad de consumo que promovía la belleza como el estandarte del éxito. No era socióloga que pudiera hablar desde la investigación, a duras penas había conseguido un cargo de jefa de sección en una pequeña empresa. Cada entrevista, esperaba ansiosa, sentada con la cabeza gacha, apretando el currículum que años de estudios, congresos y simposios, guardado con prolijidad en una voluminosa carpeta, atestiguaba su capacidad. El resultado era siempre el mismo. Cuando a su lado se ubicaba una que otra jovencita vestida provocativamente, con el cabello largo y rubio, dueña de un rostro que tocaba la perfección y un cuerpo esculpido por manos hábiles tras largas horas de quirófano, Marisa sabía que había perdido la partida. A nadie le importaba su experiencia laboral, ni su doctorado en Recursos Humanos, sólo ponían atención en su aspecto. Era así, debía aceptarlo, de todos modos no tenía opción. No había cirujano que pudiera mejorarla. Era fea y se sabía fea. Había heredado la osamenta masculina de su padre y la nariz deforme de su madre; los labios pulposos no la ayudaron mucho, un poco de pintura no hacía más que resaltar esa boca desagradablemente carnosa. La abuela, viejita generosa, le legó los ojos de un turquesa asombroso pero la hipermetropía la obligaba a ocultarlos detrás de gruesos lentes con marcos igualmente gruesos, acordes al tamaño de su rostro, de sus facciones todas. También la cabellera era herencia de su madre, cabello mixto y rebelde que únicamente pudo manejar cuando el peluquero le sugirió que lo cortara, una melenita insulsa que se abultaba en la nuca, entonces lo recogía a los costados con unas hebillas o con una bincha hacia atrás, brindando un aspecto prolijo aunque pasado de moda. No podía usar pantalones como le hubiera gustado, esos trajecitos ejecutivos que tan bien le hubieran sentado dada su estatura, pero la cola plana, chata como sus pechos, no se lo permitían. Se había resignado a la condena perpetua de la falda que tenía la contra de ocultar sus bellas piernas que algún antepasado ignoto le había conferido. Si hubiera tenido una cara pequeñita, unos rasgos más finos, un cuerpo menudo, podría haber usado minifaldas, era joven para hacerlo, pero se vería ridícula con su metro setenta y ocho y esa cara de equino, como solían llamarla sus compañeros.
Tenía suficiente inteligencia para hacerse cargo de sus defectos, bastaba con mirarse al espejo cada mañana, no esperando el milagro de una transformación divina, sino en la ardua tarea de volverse presentable. Cuando volvía del trabajo preparaba algún bocado, se quitaba los zapatos y con la bandeja sobre las piernas se reclinaba en el sillón para mirar la televisión. Películas de época con las que no pudiera identificarse, que no la hicieran sentir tan fuera de contexto. Le hubiera gustado vivir en esa época donde los vestidos ostentosos eran los protagonistas ensombreciendo la figura, pero le tocó ésta, la era de la belleza, de la pollera corta, de los pantalones apretados perfilando glúteos redondeados, blusas escotadas por donde asomaban bustos prominentes, cabelleras al viento enmarcando rostros angelicales con dientes como esculpidos en porcelana, o tal vez, esculpidos en porcelana pero con un aspecto tan natural que nadie se atrevería a apostar por lo contrario. A ella, en cambio, ni siquiera le habían hecho ortodoncia, un gasto que no valía la pena, decía su papá, el dueño de la osamenta gruesa.
Nada de lo que intentara podía convertirla en lo que no era, entonces apelaba a sus buenos modales, modales femeninos en un cuerpo cuasi masculino. Aprendió a reírse de sí misma y eso la volvió encantadora para las horas de trabajo, pero nunca era invitada al cine, nunca una cita, nunca un beso apasionado. Tuvo sexo, sí; no faltaba quien quisiera llevar a la cama a cara de equino. Aceptó ilusionada las primeras citas, podía ser tan fogosa como cualquiera, más aún; ella no precisaba ocuparse de verse bien a la hora de hacer el amor, sería inútil, entonces se entregaba en cuerpo y alma, brindaba placer a destajo, sin pudores, sin restricciones, siempre con la luz apagada. Los audaces que se animaban a arrojarla en la cama se cuidaban de mirarla, disfrutaban de sus manos recorriéndoles con avidez el cuerpo, de su boca amplia que, al momento del sexo oral, resultaba insuperable, pero no se preocupaban del placer de ella, la manipulaban como a una muñeca inflable, y cuando lograban el éxtasis, se vestían y se iban dejándole un beso en la frente y el vacío que se produce cuando no hay abrazos, cuando se despierta sola en la cama, cuando no se espera que le preparen un café. Gozaban y se iban. Pero se había acostumbrado y pensaba que era mejor eso que la autosatisfacción, al menos podía disfrutar del placer que sentía al oírlos gemir…aún con la luz apagada o porque la luz estaba apagada; mejor así, podía dar rienda suelta a la mujer hambrienta de sexo, apretar nalgas fibrosas, enredarse en las piernas peludas del caballero de turno, lamer el pene con apetito hasta sentir el semen derramado en su cara. Con el transcurrir del tiempo lo comprendió y le sacó provecho. Eran ésos momentos en que el poder lo tenía ella, a ella le pedían más, por ella gemían y se retorcían y se sacudían frenéticamente. Sí, era la mejor hembra, capaz de superar a ésas frígidas carilindas. No le faltaban hombres que la acompañaran hasta su casa para meterla en la cama sin preludios. Se había convertido en una leyenda sexual. Suponía que la información había corrido como reguera de pólvora “Cara de equino es una fiera, una maniática sexual, imperdible…para una noche” Si el placer tocaba el punto más álgido, podía esperar una segunda oportunidad, pero eso no sucedía a menudo, era bocado de una noche, una vez a la semana, con suerte, generalmente cada quince días.
Llegó a las calles estrechas esperando encontrar a algún desesperado, ansiando ver la cara de la miseria, pero no encontró a nadie, la miseria sólo se reflejaba en la fachada de las casas de dos plantas con sus paredes sucias y descascaradas. Era de madrugada; la gente dormía, algunos en soledad, otros, abrazados a otro cuerpo, estarían los que no dormían cuidando al hijo con fiebre, o que febriles, galopaban sobre sus mujeres, arrancándoles gemidos que ella nunca experimentó, salvo cuando usaba su inseparable vibrador, fiel amante que se ocupaba de proporcionarle placer; así y todo, prefería un hombre a su lado, aunque se ocupara de dirigirla a sus puntos más vulnerables sin preocuparle qué le apetecía a ella. No le importaba, por un par de horas se fusionaba con un cuerpo varonil y si no lograba el orgasmo, cuando se iba, le quedaba el recuerdo del pene agitando su vientre y el recurso de su compañero a pilas.
Una vida patética que no merecía la pena de sufrirla; podía disfrutar, tenía derecho. Aunque los demás no lo apreciaran de ése modo, Marisa cara de equino, era un ser humano y no debía privarse de aquello que tanto deseaba. Planificó con cuidado su viaje. En primer lugar, retirar todos sus ahorros del banco, una suma considerable. Ganaba bien y gastaba poco. Bueno, había llegado el momento de dilapidar tantas horas de trabajo. Luego visitar agencias de viaje en busca de un hotel cinco estrellas, vuelo en primera clase, limusina en el aeropuerto, ropa nueva, extensiones que le otorgaran la cabellera que tanto había ambicionado, sin importarle si estaba al tono con su rostro. Estaba dispuesta a permitirse todo aquello que había relegado por fea. Solicitó las vacaciones que nunca tomaba ¡Si no tenía a dónde ir ni con quién! Prefería ocupar su mente en el trabajo, llevando una vida mediocre pero metódica, a la espera de la oportunidad que la hiciera sentirse alguien. Bien, ya hablarían de ella, al menos le dedicarían una semana; sería el tema de cuchicheo en las oficinas, en los bares y hasta en los dormitorios. Sí, iban a hablar de ella porque les daría un buen motivo.
La tarde anterior al viaje, fue a la empresa vestida como una reina, con su nuevo cabello, las uñas perfectas y sin anteojos, aunque no veía nada, pero percibía, claro que percibía las miradas burlonas de las mujeres y las de los hombres, pasmados. Caminó con paso firme, poniendo todo su empeño por mantener la cabeza en alto, la frente erguida, el cuerpo recto. Entró al despacho de su superior y le dijo que tal vez necesitara más de un mes, un viaje tan costoso era para aprovechar. Su jefe quiso protestar pero ella no se lo permitió, de ninguna manera estaba dispuesta a ceder un mínimo de su tiempo por una empresa que nunca la valoró; le debían dos meses de vacaciones y los iba a tomar sin fraccionarlos. Fue su última palabra y sin esperar respuesta, salió pegando un portazo. Sonrió satisfecha al imaginar la cara rubicunda de ese petiso, calvo y barrigón, que se atrevía a mirarla con desdén. Se dirigió a la salida sin volver la vista, presuponiendo las estúpidas miradas de los empleados, clavadas en su espalda, la boca abierta, la lengua colgando, los ojos desorbitados ¿Qué le pasó a cara de equino? Sí, sí, seguro que era la pregunta obligada pero no obtendrían nunca la respuesta.
El último y doloroso compromiso a cumplir, fue ir al departamento de su amiga Mimi, para dejarle en custodia a Lucrecia, su gatita siamesa, el único ser que se alegraba al verla llegar, que se enroscaba en su cuello a la hora de dormir y compartía, sentada sobre su falda, largas sesiones de televisión y chocolates que se repartían entre las dos.
-Cuidala como si fuera tuya. No la dejes salir al balcón, le gusta andar por la cornisa.
-Quedate tranquila, mujer. Lucrecia y yo nos vamos a llevar muy bien ¿Verdad, Lucrecia?- dijo Mimi acariciando el lomo del animalito que ronroneaba mientras caminaba en círculos, rodeando las bonitas piernas de Marisa. Y Marisa salió sin voltear, no por pedantería, sino por no llorar.
Fueron hermosos los días en Italia; recorrió durante un mes y medio distintas ciudades, cenó en los mejores restaurantes, visitó museos, compró ropa de alta costura, trajes de saco y pantalón y hasta disfrutó de los amantes latinos, los únicos que le proporcionaron celestiales e intensos orgasmos…y con la luz prendida.
El problema de Marisa no había sido la fealdad sino su sentido de la fealdad. En Italia había nacido una nueva Marisa, cara de equino había muerto. En las calles napolitanas, romanas y florentinas, descubrió su verdadera esencia. Una mujer que se plantaba segura ante los otros, que podía disfrutar de una copa de vino tinto, no en soledad, sino sola por elección. Para entonces era ella las que abandonaba en el lecho al caballero de turno para irse sin siquiera dejarles un beso en la frente.
El viento volvió a arremolinar su pollera y la luz intensa la deslumbró. Era hora de volver, estaba amaneciendo y no quería perderse el espectáculo. Entró a su suite y miró la gran cama, luego se miró en el espejo del tocador y esbozó una sonrisa. Sus ojos estaban más turquesas que nunca, un brillo especial resaltaba el color de los ojos de la abuela, en su mirada había paz, su rostro se había vuelto bello porque bella era su alma. Luego volvió la vista a la cama de dos plazas y miró con piedad a cara de equino. El veneno ingerido le había dejado una mueca de horror que Marisa creyó entender que ésa la que efectivamente veían las personas en ella, provocando el rechazo que la llevó a tomar una decisión drástica pero simple.
Se sentó en la butaca blanca mirando la puerta. En cualquier momento entraría la chica de la limpieza y no quería perder detalle de los sucesos que sobrevendrían al grito inicial. Podía imaginar la ambulancia, la cara de horror del conserje, la policía, los pocos turistas agolpados en la puerta, tratando de averiguar qué estaba ocurriendo.
Marisa no estaría para entonces. Otro destino la esperaba, recorrer las calles de Venecia por toda la eternidad, sin ver y sin ser vista.
                       IMAGEN TOMADA DE INTERNET
Autora:Myriam Jara- La eterna escritora disconforme

lunes, 9 de enero de 2012

LA ESPERA


Hay silencio sepulcral
Hay dolor de alma y cuerpo
Hay lágrimas que desbordan
Hay una pena que agobia
Hay angustias que laceran
Hay deseos de escapar
Hay recuerdos que perduran
Hay mucho para olvidar
Hay sueños no concretados
Hay promesas no  cumplidas
Hay metas no alcanzadas
Hay ausencia de amor
Hay vida malgastada
Hay palabras que lastiman
Hay engaños y mentiras
Hay falacias que derrumban
Hay una profunda oscuridad
Hay un cielo que no brilla
¡Ay, vida, cuánto lastimas!
¡Ay, muerte que prolongas la agonía!
Hay tanta soledad…

6 de diciembre de 2011- Terapia Intensiva
Autora: Myriam Jara- La eterna poeta disconforme

jueves, 29 de diciembre de 2011

UNA HISTORIA ENTRE TANTAS


Toda la semana haciendo changas, juntando cartón, cortando el césped de la gente rica. Llegaba a casa, agotado pero feliz. Les había prometido a mi señora y mis cuatro hijos que iríamos a festejar el bicentenario. Estaban entusiasmados ¡Si hasta iban a poder comer un pancho! Claro, se viajaba gratis por estos días ¡La patria estaba de fiesta! Y razón que tenía, ahora somos libres, no dependemos del rey, vivimos en democracia. Qué sé yo, me tocó el corazón ver tantas banderas colgando de los balcones. La gente festejaba y pensé “Nosotros somos pobres pero también argentinos y algún día tendremos una casita de verdad, no como esta que a fuerza de pulmón, con chapas y algo de ladrillos, conseguí construir” Como sea, es nuestra casita, no vivimos en la calle, tenemos un techo para cobijarnos. Nos tomamos unos mates con la vieja, le dijimos a los pibes que se vistan y nos fuimos a tomar el tren y después un colectivo.
Yo acariciaba el bolsillo del pantalón, ahí estaban los pocos pesos que había juntado, no veía la hora de llegar y zambullirme en la multitud. Compré banderitas para que los chicos no se sintieran menos que los otros. Asombrados, miraban con los ojos dilatados, el cabildo iluminado, las calles vestidas de celeste y blanco. Bailaban al son de la música mientras mi compañera y yo, nos apretábamos las manos y nos mirábamos con ojos llorosos. Créanme, era una emoción auténtica. Ese día no había ricos y pobres, todos éramos argentinos y eso era lo único que importaba.
El cielo comenzó a cubrirse de nubes pero no nos dimos cuenta hasta que las primeras gotas mojaron nuestra vestimenta. Cuando la lluvia se hizo intensa y el viento agitaba las banderas que se enredaban en las copas de los árboles, pensé que sería mejor que regresáramos, la vuelta era larga y complicada, los chicos ya habían visto suficiente, comieron sus panchos y yo había cumplido mi promesa. Cuando bajamos del tren se nos hizo peliagudo esto de caminar sobre la calle de tierra. Al fin llegamos. No podía creer lo que veía, mis ojos se cubrieron de lágrimas, mi cuerpo se sacudía convulsivamente, el grito traspasó mi garganta expulsando la angustia en un furioso aullido. Mi casa ya no estaba, en su lugar, un montón de chapas y cartones que se aglutinaban sobre los ladrillos que habían conseguido mantenerse en su lugar. Miré a mis hijos, sus caritas asustadas, mi mujer temblando de frío y dolor “¡Maldita lluvia! ¿Maldita lluvia?” Pensé en las gentes que cubiertos con paraguas corrían a sus casas a tomar un plato de sopa caliente, encender el hogar, darse un baño, ponerse ropa seca para sentarse frente al televisor y seguir disfrutando de la fiesta a través de la pantalla. Lástima, no llegamos a gritar ¡VIVA LA PATRIA!
                          Imagen tomada de Internet
               MAYO 2010 MES DEL BICENTENARIO
               Autora: Myriam Jara- Eterna poeta disconforme

lunes, 26 de diciembre de 2011

PLAGIO DE AMOR


Vivían embriagados,  mucho más que enamorados
Tanto que quiso el cosmos exhibir esa pasión…

He vociferado a los cuatro vientos
Lo sublime de este amor,
Efusión que nos consume,
Caricias que nos abrigan.

Susurraban  los pajaritos
Sobre el albor de tu sonrisa,
Del resplandor de tus pupilas
Y esa devoción que me prodigas.

El río acarreó al mar los dichos,
Se supo de nuestra complicidad
Y de esas noches sin luna
En que nuestras siluetas son una.

La montaña le ordenó al eco
Que propague por el planeta
Que hay dos seres en el mundo
Que se soldaron las manos.

El universo, complacido, miraba,
Menuda y sonriente, a esa niña
Y a su enamorado piel canela
Pues que  en secreto se amaban.

Por tanto  Dios quiso, en su grandeza,
Unirlos y que se sepa,
Que se contagie la humanidad,
Que se adoren hombres y bestias.

Cupido lanzó sus flechas
Por si acaso y sin dirección
Atravesando  desolados corazones,
Haciendo plagio al amor…

IMAGEN TOMADA DE INTERNET
                     Diciembre 2011 
Autora: Myriam Jara- Autora de sus vivencias
(Derechos protegidos en el registro de la Propiedad Intelectual)



viernes, 23 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO 2012

                        FOTOMONTAJE, GENTILEZA DE SWEETMELODY
Porque si lo deseas, así será, porque mientras tengas vida, el cambio depende de vos, porque cada amanecer es una nueva oportunidad para mirar las nubes sabiendo que el sol saldrá. Que no hay pena que el tiempo no deje en el olvido, que cuando alguien sale de tu vida es porque ya te enseñó lo que debía enseñarte y no tiene razón de quedarse, entonces no lo lamentes, sólo dejalo partir guardando los buenos momentos compartidos y olvidando lo malo. Que cuando una puerta se cierra, una ventana te espera en algún lugar. Que nada sucede sin una razón, todo lo que hoy te parece malo, todo lo que hoy te hace llorar, mañana comprenderás que fue mejor que sucediera porque algo malo te esperaba o algo mejor te espera. Vivir la vida día a día, minuto a minuto pues nunca sabemos cuándo es la cita obligada y dejaremos de respirar para siempre, pero no dejar de soñar, de proyectar, de pensar en futuro pero sin olvidar que no hay otro tiempo más que el instante mismo que acontece. Por todo esto y mucho más ¡FELIZ, ARMONIOSO Y PACÍFICO 2012!

jueves, 22 de diciembre de 2011

PORQUE NUNCA FUE


Toda una vida prometida, amor eterno, pasión desenfrenada, horas, semanas, meses que fueron construyendo esa morada, albergue, refugio de enamorados. Ella lo esperaba cada mañana con una sonrisa y el desayuno preparado y él se dejaba mimar porque le hacía bien sentirse amado por esa menuda y bella mujercita que había dejado todo por él, su familia, sus amigos, su propia vida fue pospuesta en beneficio de ese moreno, alto, bello, de labios dulces, de palabras tiernas, de fuego en las entrañas que la remontaban al cielo. Fue esa mañana en que él descubrió una lágrima en el rostro de ella ¿Cómo era posible que esa niña tan alegre tuviera alguna pena? No lo pudo soportar. Un segundo, sólo un segundo bastó para pegar un portazo y huir de esa morada habitada por un fantasma del pasado…
                       IMAGEN TOMADA DE INTERNET
Autora: Myriam Jara- Eterna poeta disconforme
(Derechos protegidos en el Registro de la Propiedad Intelectual)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LO INEVITABLE


Sentí  que me bajaban lentamente,
Los terrones de tierra húmeda
Chocando sobre la tapa del féretro,
Ese que sería mi último refugio.

Y me quedé saboreando el silencio,
Negro, sordo, abismal,
Afonía de almas
Y la quietud sepulcral.

Hubo un cosquilleo en la piel
Al sentir la última palada caer,
Cerrando  para siempre
El mundo de los vivos,
Ese al que ya no he de pertenecer.

A lo lejos, como un eco
Escuché murmullos,
Llantos y rezos…
¡Tan innecesario todo!

En pocas horas
Mi cuerpo iniciará
El proceso de putrefacción.
Es natural y necesario que suceda.

Estoy agotada,
Necesito reposar.
Que trabajen los gusanos…
¡Yo sólo deseo descansar!

Hágase tu voluntad…
IMAGEN TOMADA DE INTERNET

Autora: Myriam Jara – La eterna poeta disconforme
(Derechos reservados)

lunes, 19 de diciembre de 2011

¡FELICES FIESTAS!

                        Imagen, gentileza de Chris
http://sweetmelody87.blogspot.com/

Porque cada Navidad es el recordatorio del nacimiento de un gran maestro espiritual al que la humanidad no supo o no quiso escuchar…
Porque al no hacerlo fuimos responsables o partícipes necesarios o cómplices o testigos mudos de la destrucción del Planeta y del hambre de tantos hermanos…
Porque el nuevo milenio avanza aceleradamente pero el cambio se ve muy lento…
Porque no debemos seguir siendo sordos, ciegos y mudos, para eso se nos concedió del don de la retórica…
Porque no debemos perder las esperanzas de que si nos unimos, es posible…
Porque estamos tocando fondo como humanidad y no debemos ahogarnos, sólo esforzarnos y emerger como el Ave Fénix…
Porque otro año comienza y con él la ilusión de ver un mundo mejor…
Porque una vez hecho el balance, se impone la toma de consciencia…
Porque tenemos el privilegio de estar vivos y con facultades mentales no malogradas para recomenzar…
Porque los quiero y deseo todo lo mejor para cada uno
¡FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO 2012!
Atenta y afectuosamente, Myriam Jara, la eterna poeta disconforme…

viernes, 16 de diciembre de 2011

INFRUCTUOSAMENTE


                               Voy buscando a DIOS
Entre la niebla
Con el creciente escepticismo
De que la vida
Es tan sólo devorar tiempo
Y esperar…

¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?
Y por muy trascendente
Que mi espera sea,
Siempre será la espera
De seguir esperando…

Autora: Myriam Jara- La eterna poeta disconforme
IMAGEN TOMADA DE INTERNET

miércoles, 14 de diciembre de 2011

TIBURONCITO Y YO (BASADO EN UN HECHO ESTÚPIDAMENTE REAL)


Ya lo saben, ya me conocen; y si no me conocen, pues deben saber que soy absolutamente distraída o abstraída, depende de qué lado quieran verlo.
La que no vio bien, ese día en que encontré a tiburoncito, fui yo. Caminaba por las gélidas playas, feliz mi alma, irremediable solitaria que me convoca al aislamiento. Nadie en la playa, sólo el rugir de las olas; el viento que me empujaba; la presencia majestuosa de las dunas; el sol brillando en lo alto, y yo, caminando a pasos lentos encandilada por su luz ¡QUÉ BENDICIÓN, NADIE EN LA PLAYA, SÓLO YO!
A la altura del muelle vi a otro ser. No estaba vivo, estaba muerto ¡UN TIBURONCITO BEBÉ! Su cuerpo yacía sobre la arena, cara al sol, sin nada que esperar.
 No quise obviar mi morbo. Quité la cámara de mi bolsillo y me abalancé hacia el tiburoncito, quería plasmarlo para siempre. Plasmada o pasmada quedé yo cuando mi cabeza dio de lleno contra el espigón de cemento del maldito, estúpido, inservible, mal construido y enano muelle ¡Porque hay que ser enano para que yo, con mi metro cincuenta y cinco, y habiéndome agachado, me estampara contra él!
Reconozco que nunca fui buena en matemáticas y los cálculos no eran mi fuerte. Quedó demostrado ¡Sólo tenía que descender dos centímetros!  Pero erré…El espigón me golpeó en la frente con tanta furia que pensé que escupiría todos los dientes, incluso las amígdalas.  
Rebotando como pelota de tenis, fui a dar a la arena, tumbada exactamente en la misma posición que tiburoncito, sólo que él no tenía ni piernas ni brazos para semejarse a Túpac Amaru cuando lo estaquearon; yo sí...y así quedé.
Miré a tiburoncito (él nunca reparó en mí), fue la última visión nítida antes de que el mundo girara a mi alrededor ¡Qué bueno! Por un breve período, fui el centro del sistema solar y la reina ¡de las boludas! (esto último no lo pensé en ese instante)
Miré a todos lados ¡QUÉ MALDICIÓN, NADIE EN LA PLAYA, SÓLO YO! Una última mirada a tiburoncito para cerciorarme de que seguía ahí puesto que yo iba a desmayarme y no había nadie para auxiliarme.
Cerré los ojos. Si iba a morir, que no fuera con los ojos como los de tiburoncito, desorbitados ¡No, eso nunca! Que me llevara el mar cuando subiera la marea, pero que me creyera dormida. Tal vez, conmovido, me escupiera a la orilla y alguien encontrara mi cadáver para darle sacra cremación antes de que me comieran los papás de tiburoncito, porque yo iba a ir a las profundidades con él, y no creo que asumieran que iba a devolverle a su hijito. No, me culparían de su muerte y harían de mí un sabroso almuerzo (creo que era el mediodía, poco recuerdo después de lo sucedido)
 No me desmayé; no subió la marea; no fui a las profundidades; no le saqué la foto a tiburoncito. Le di una patada “¡AL CARAJO VOS Y TUS PADRES!”
Tomé mi cámara y regresé al hotel, tambaleando pero con la dignidad de un unicornio. Sí, no se equivocan ¡MI FRENTE ERA LA DE UN UNICORNIO, ADORNADA CON UN HERMOSO CUERNO QUE SOLEMOS LLAMAR CHICHÓN!

Fin de la estupidez...


viernes, 9 de diciembre de 2011

UN AMOR ENTRE SALDOS Y RETAZOS




Imagen tomada de internet

Consciente de tu recuerdo,
Consciente de tu abandono,
De la lóbrega soledad
En la que me sumergió tu adiós,
Tantas veces te llamé
Aclamando tú presencia
Efigie difusa, lejana
Como el rebelde que se desbanda,
Que del tronco se desprende
Olvidando sus raíces,
Repudiando su linaje

Así te marchaste,
Dejándome un hueco
En el cuerpo y el alma
En esa tarde de sol
Profanándome el espíritu
Que estaba henchido de vos.
El calor evaporaba
Las lágrimas que derramaba
En esa tarde de sol.
Resignando un beso en mi frente
Te marchaste sin voltear.

Hubiera querido gritarte,
Decirte que elegiría agonizar
Asfixiada por tus labios,
Las uñas hundidas en tu carne
Mientras el néctar de tu pasión
Se propagaba en mi interior,
Tu lengua enredada a la mía
Y yo apretando los dientes
Suspirando hasta el dolor.

Obscena la cama de esperma y sudor,
Allí me dejaste, yerma, sintiendo el jadeo
Retumbando en las paredes
De mi desdichada habitación
Que era nido en mi utopía.
Tu mirada indiferente,
Tu sonrisa suficiente
Bastaron para entender.

La mente se agitó
No era real tu amor,
Fue un imperceptible esparcimiento.
Soy consciente, sí lo soy,
Este amor nunca existió;
Fue apócrifo, quimera, alucinación
Para sostener el aislamiento
Del que tampoco puedo deshacerme hoy.
Hoy que habito, sensata,
En lo que imaginé nuestro nido,
Hoy que comprendo la perfidia
Estoy más vacía que ayer.
Si al menos hubiera sido,
Pero no fue…
Consciente soy.


                                                    Marzo 2010

Autora: Myriam Jara- La eterna poeta disconforme

miércoles, 7 de diciembre de 2011

PIDO DISCULPA A LOS POETAS



En un mar de locura que me sabotea el discernimiento
Intento volcar en unos versos, arraigados sentimientos.
Pero la musa no me quiere, la musa me desprecia
Porque no logro percibir lo que me impone.
Es entonces que me recluyo en la impotencia
De saber que no se puede ni se debe hacer lo que no se comprende.
Rebelde, irrespetuosa, soberana de la independencia,
Mis dedos recorren el teclado sin acatamiento a las rimas y las métricas
¿Cómo podría, yo, ser poeta?
Yo que le hablo a la muerte, que observo con ojos imprudentes a
Una sociedad ciega y enferma; yo, la irreverente, tanto o quizá más que la muerte,
Pero no de la vida humana, no del decir del otro, no del hambre de los chicos, no
De un mundo bananero que lucha por salir del agujero
Soportando estoicamente los punzantes taconeos
Que desde el Norte nos encajan, vaciando nuestros bolsillos,
Haciendo añicos las ilusiones, secando el alma de lágrimas que se esconden
Obligándonos a apretar los puños como el boxeador que espera el golpe
Y mis puños se cierran, y mis dedos no responden, y mi mente se obnubila
Y la muerte me ronda la cabeza; vieja contendiente que me enfrenta cada día,
Que a veces me gana la partida, que me opaca los ojos con su sombra,
Que me impele a ser fuerte en la batalla, batalla que libramos día a día.
En una fría sala de cirugía, el cuerpo yace sobre una mesa también fría.
¿Cómo podría, yo, ser poeta?
Hoy, una vez más, la muerte me ganó la partida pero mañana es otro día,
Ella también me tiene miedo, sabe que no bajo los brazos, que no me vuelvo sumisa,
Que la miro con desparpajo riéndome de su estúpida cara y su oxidada guadaña,
Que voy a seguir haciéndole frente, diez, cien, mil veces.
¡Que venga y que me encuentre! Voy a pelear hasta que se lleve mi cuerpo.
Furiosa contra ella, furiosa contra mí, nos miramos desafiantes y no quiero
Y no puedo ajustarme a la métrica y la rima; me niego a ser poeta.
Necesito liberarme de mis miedos para vociferarle a la muerte,
Para decirle cuanto la odio por llevarse lo que no le pertenece.
Pero la métrica y la rima me imponen melodías que se desdicen con mi locura
Y entonces me quedo en la narrativa, vomito palabras incoherentes;
Es allí, en la ficción en prosa, donde las palabras toman forma,
Es allí donde digo lo que siento, sin mordazas, apretando los dientes,
Donde grito mi bronca por la gente que se venda los ojos para no ver lo que no quiere.
¿Cómo podría, yo, ser poeta?
Loca, rebelde, prepotente, lanzo palabras hirientes, no busco la dulzura
La mierda se me escapa de la boca sin medir las consecuencias
Y esa mierda no cabe en un poema, toda ella se desliza sin cobardía
Invadiendo los espacios más decentes, los espacios de la gente inteligente.
¿Cómo podría, yo, ser poeta, si me cago en  la rima y la métrica?
Cuando mis huesos reposen en un ataúd,
Rectángulo sólido, soldado,  la medida justa que albergue mi osamenta,
Tal vez…No sé…Es posible que despierte la poeta.
                                                                                                 Setiembre 2009
Autora: Myriam Jara- La eterna poeta disconforme

lunes, 5 de diciembre de 2011

SE HAN AGOTADO LAS ALAS PARA ANGELES


Ilustración de Oswaldo Mejía

No se han agotado las alas,
Se extinguieron las esperanzas,
Ya no más  fantasías,
Se perdieron en la espera.

Se cansaron de volar,
Tienen miedo a despertar,
A jugarse por  amor
Y que el amor los traicione.

No hay perfidia en el amor.
Son instantes de desencuentros,
Por  circunstancias ajenas
Que  van extinguiendo el fuego.

No se pueden agotar las alas;
No debemos consentirlo.
Resguardemos a esos seres
Que pueblan nuestro cielo.

Reconstruyamos  sus  alas,
Restituyámosles los  sueños,
No dejemos que se mueran,
Ese beso lo merece…

Texto: Myriam Jara (Inspirado en la pintura del artista plástico Oswaldo Mejía)
Diseño y  Título del poema: Oswaldo Mejía

sábado, 3 de diciembre de 2011

¿POR QUÉ ABANDONAMOS A LOS VIEJOS?

¿POR QUÉ ABANDONAMOS A LOS VIEJOS?

Cuatro guardias de 24 hs encerrada en un hospital me volvieron más vulnerable y sensible, aún. No es novedoso que en los hospitales públicos se conoce el rostro de la miseria, carencias afectivas y materiales. Las materiales, bueno, se pueden “digerir” pero…las afectivas ¡NO, ME NIEGO!
Esta es una historia entre tantas.
La dulce anciana Clarita de bellos ojos azules, mujer culta y de determinado poder adquisitivo, ingresa al quirófano y me regala una sonrisa amplia, me pide disculpas, me explica que siente vergüenza por no tener la dentadura puesta. Yo le digo que no se preocupe, que igual su sonrisa no pierde brillo, que la mía no es tan bonita como la suya pero tengo la suerte de cubrirla con el barbijo.
Clarita, con sus 91 años, apuesta por la vida y se entrega, resignada, a un grupo de desconocidos pero que ella intuye como los “salvadores” que la regresaran al triste geriátrico donde sus “adinerados” hijos la han confinado a pasar los últimos años de su vida.
Sin importar que tan lujosa pueda ser la residencia para “mayores”, es sólo eso, una residencia alquilada, un asilo que se asemeja al viejo baúl donde guardamos lo que ya no necesitamos pero que no nos atrevemos a arrojar a la basura porque alguna vez significó algo, porque alguna vez nos resultó útil. Y allí convive Clarita, con otros pares y compañeros de soledad, recorriendo los metros finales que la suerte quiera, en su bondad, regalarle.
No están ellos, sus vástagos, cuando la camilla transporta el cuerpo de la anciana, atravesando la puerta vaivén, no la despiden con un beso y un “Hasta prontito, aquí estaremos esperándote”
Pregunto, por curiosidad, si Clarita no tiene una cobertura médica que la haga merecedora de un sanatorio con habitación privada y ciertos privilegios que, seguramente, su familia podrá pagar. La respuesta es no.
No importa, Clarita está en buenas manos, somos empleados públicos, no muy bien pagos, pero con un corazón grande, eso creo, como para acogerla en nuestros brazos y pasarla a la mesa de operaciones.
Antes de caer en el sueño profundo, producto de la anestesia, Clarita recibe besos y caricias del equipo quirúrgico, un conjunto de extraños que por designio de DIOS, y guiados por ÉL, la volverán a despertar, operada, curada, a su soledad obligada.
Clarita, no nos des las gracias, no nos mires más con esos ojitos tiernos que tus párpados arrugados apenas si dejan ver el azul de tus pupilas. No nos debés nada, nosotros te debemos a vos el haber encontrado el sentido de pasar cansancio, hambre, desarraigo familiar, pero sólo por 24 hs. Vos no, vos volvés a tus días solitarios en una casa prestada.
¿Por qué abandonamos a los viejos cuando todavía pueden darnos tanto?
En Japón se fusionan los hogares para ancianos con los jardines de infantes, los pequeños tienen abuelos postizos, los abuelos tienen un motivo para seguir. Deberíamos tomar el ejemplo nipón y encajar las piezas de modo tal que el resultado final sea una pradera primaveral… si es que no tenemos otra opción.
               IMAGEN TOMADA DE INTERNET
Autora: Myriam Jara (Autora de sus vivencias)