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sábado, 22 de noviembre de 2014

DÍA A DÍA



No me pidas, mi efusivo enamorado,
Que te prometa amor eterno.
¡Es tan inestable el corazón!
¡Tan fluctuantes las emociones!

Fuimos hechos de pasta laxa,
Las circunstancias nos moldean.
Es el destino que juega con nosotros
Como marionetas, a su antojo.

Qué más podría anhelar, cariño,
Que estar perpetuamente a tu lado
Si las huellas de tus pisadas
Con besos fueron grabadas.

Mas el tiempo nos dirá
Cuán extenso es el camino
Que tomados de las manos,
Nos invite a transitarlo.

Habrá cielos diáfanos,
Remolinos, días grises,
Habrá soles que nos abracen,
Habrá púas que dañen…

Si poseyéramos el arrojo,
El atrevimiento, la posibilidad,
Si nos disociáramos del entorno
Sería viable…Quién sabe.

Pero cómo puedo darte mi palabra
De que nadie se atravesará en este andar
Tendiendo un sendero de dudas,
Diseminando quejas y recelos…

Y si por si acaso aconteciera,
Si ya no confiaras en mí,
Es posible que el amor sucumba,

Y con él, desaparezca yo…

domingo, 16 de noviembre de 2014

DEL CÁLIZ NO CATARÁS


Estoy más viva de lo que creo,
Mucho más de lo que deseo.
Ente lóbrego fluyendo
 Entre resplandores perecederos
Y el bruno hambriento de mesura.



Escruto en el cielo, remuevo la tierra,
Más no hayo la impugnación
Del fundamento de mi presencia.
Se rebelan los recuerdos, el malestar, la zozobra;
Verdugos que vapulean mi zaherida humanidad.



Y si DIOS me piensa desagradecida,
He de decirle que ÉL me concibió humana,
Con lo bueno y con lo malo,
Con esta bellaca condición de ser
Una eterna disconforme.



Acaso deba aceptar que me abofeteen
Una y otra mejilla, sin pausas y sin motivos.
¡Lo acepto, me resigno!
Pero si a eso me sometes
No esperes que sea dichosa.

Viví lo suficiente, di más de lo que poseía,
Pagué cada una de mis faltas,
Aprendí todas las lecciones.
Entonces, dime, Señor
¿Cuándo he de ingresar al pasadizo

Que me conduzca al albor?


miércoles, 12 de noviembre de 2014

ADIÓS, OTOÑO, ADIÓS


A paso lento, casi sin darnos cuenta
Se van yendo los días grises
Que nos llenan de tristezas,
Que nos hiela el cuerpo, el alma.


Y sin embargo queda la añoranza
De la apacible consonancia
Que produce la hojarasca
Cuando la corriente la arrastra.

 

Son las hojas desprendidas
De su primigenio inicio,
Que acompasan nuestro andar
Sobre diferentes matices.

 

No sé por qué no me gusta…
Debe ser por tu recuerdo
Que la brisa gélida intensifica
Cuando te percibo en la escarcha.

 

En la medida de mi alma,
El otoño es la tristeza,
Sin embargo y pese a todo,
No puedo negar su belleza…

 

Se marcha muy despacito,
Como un anciano rendido,
Consciente de que llegó
La hora de la partida.


lunes, 10 de noviembre de 2014

REMEDO DE AMOR


Vivian embriagados,
Mucho más que enamorados
Tanto que quiso el cosmos
Exhibir esa pasión…


 He vociferado a los cuatro vientos
Lo sublime de este amor,
Efusión que nos consume,
Caricias que nos abrigan.


 Susurraban  los pajaritos
Sobre el albor de tu sonrisa,
Del resplandor de tus pupilas
Y esa devoción que me prodigas.

 


El río acarreó al mar los dichos,
Se supo de nuestra complicidad
Y de esas noches sin luna
En que nuestras siluetas son una.

 


La montaña le ordenó al eco
Que propague por el planeta
Que hay dos seres en el mundo
Que se soldaron las manos.



El universo, complacido, miraba,
Menuda y sonriente, a esa niña
Y a su enamorado piel canela
Pues que  en secreto se amaban.

 


Por tanto  Dios quiso, en su grandeza,
Unirlos y que se sepa,
Que se contagie la humanidad,
Que se adoren hombres y bestias.


Cupido lanzó sus flechas
Por si acaso y sin dirección
Atravesando  desolados corazones,

Haciendo plagio al amor…

sábado, 8 de noviembre de 2014

¿Y POR QUÉ YO NO?




Una de esas preguntas que quedan flotando en tu mente por años, sin hallar la respuesta, generándote una gran frustración.
“Cuando naciste, tu padre se fue” Sentenció mamá con voz glacial- como si me dijera que cambió de mucama- cuando le interrogué por él, ese padre que me dejó sus genes, su sangre, su esencia, pero al que nunca pude ver, y ella jamás me explicó por qué.
Fue entonces que dejé de preguntar para ir en búsqueda de un padre. No, a él no, me hubiera gustado, pero como si la tierra lo hubiera tragado; mamá no me daba pistas, no quería que lo encuentre. Sin embargo me contó que era escritor y abogado, pero también un militante de la política. Vaya, sí que heredé algo de él. No podía dejarme mejor herencia. 
Fui en búsqueda de un padre... por donde iba veía niñas de mi edad llevadas de la mano por su “papi”.
Recuerdo ese día que la niñera me llevó a la plaza y allí los vi: la pequeña llevaba un helado en la mano y a su papá en la otra. Arrojé mi helado, me solté de la mano de mi niñera y corrí a abrazarme a ese desconocido pero que yo quería que fuera mi padre.
-¡¡¡¡ Papá, es mi papá!!!!
No pasó un minuto sin que la diminuta niña y yo, nos tomáramos de las trenzas ¡Estábamos peleando por un hombre! “¡Qué vergüenza!”, dijo mi niñera “¡Qué barbaridad!”, dijo “nuestro padre”, no los escuchamos, seguimos tironeando de él –tan pequeñas y ya discutiendo por un hombre ¡ay, con estas cosas femeniles!- hasta que consiguieron separarnos.
Mi supuesto padre sugirió que fuéramos los cuatro a tomar un helado- parece que mi rival también era hija de padres divorciados-Mi niñera más que encantada con la propuesta del caballero, y yo, más que furiosa ¡No necesito un helado, necesito un papá!
¿Por qué no me entendían? ¿Por qué se reían los adultos de las lágrimas de una niña?
Por supuesto que no fuimos a tomar ese maldito helado…tampoco conseguí un padre.
Aún lo sigo buscando en los rostros de los hombres que pasan a mi lado…
¡Qué tonta! debería dejar de hacerlo pues lo último o quizá lo único que supe de mi padre, fue que había muerto de un infarto.

Adiós esperanzas de encontrarte, papá, adiós la ilusión de un reencuentro y un fuerte abrazo, adiós al sueño de que conozcas a tus dos nietos. Sé que los hubieras amado, son nobles, son personas de bien- porque ellos sí tuvieron un padre que les dio mucho amor- Adiós a la búsqueda incansable…adiós, papá. ¿Me esperarás en el cielo? Prometo no reprocharte nada, sólo darte ese abrazo que nunca pudimos darnos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

LA LUZ DE MI HOGUERA


En estos extraños círculos donde impera la deslealtad de luminiscencias, refugiadas tras tupidos celajes, cohabitan los individuos no dérmicos…no son perniciosos, tampoco beneficiosos, simplemente son y están, aunque te niegues a verlos, ellos están.
Cierto es que no hacen daño, más yo digo que su imposibilidad de sentir, peculiaridad  primordial que los define, los torna incompetentes en tiempos de misericordia… Es el tiempo del ángelus anunciando el ocaso del  tránsito sideral que acrecienta el frío de tu cuerpo…no tanto como el de tu alma…aunque frío es frío, extrínseco a tu esencia o resulte de tu interior. En aquel tiempo vas escrudiñando la mirada de los entes que solapadamente marchan tú mismo sendero, buscas en ellos esos brazos que te abriguen pero no pueden, no pueden…
Deberás confiar en mí, no tienes opciones sino quieres ser un eterno errante embriagado de escarcha…
Préstame mucha atención pues soy quien atestigua la existencia de dérmicos que exhalan hálitos candentes, precisamente lo que requiere tu cuerpo…no tanto como tu alma.
En el color de las pupilas está el secreto, la identidad oculta.

-¿Por qué la ocultan si son de noble condición?

-Porque las dosis son exiguas y se debe cuidarlas, no está permitido el derroche. El calor es finito, meramente conservado para quienes no fueron nutridos por la sustancia materna. Ellas, las madres no dérmicas han exprimido sus senos y arrojado los nutrientes a las aguas del olvido.

- ¿Cómo distinguir el color si la cerrazón es profusa?


-El brillo dorado que irradian los dérmicos te cegará un instante y en ese mismo instante el aurífero rojo circundará tu cuerpo aislándolo del rocío perenne que muere en los azules del cielo. Duérmete, cierra los ojos, acurrúcate en mi pecho…Soy una de ellos, soy una dérmica.

domingo, 2 de noviembre de 2014

HASTA EL FIN DE LOS SIGLOS


Allí están de nuevo ellas, las malditas hienas que esperan ansiosas que me cause una herida para succionar mi sangre, no sin antes cercarme en manada pues las viles, las malvadas, solas no pueden.
Me temen, saben de mi fortaleza que se oculta tras la ingenua sonrisa y mirada angelical; entonces deben agruparse porque de no hacerlo, destrozarlas una a una sería como pisar un castillo de arena y convertirlo en un montículo humedecido por el agua de mar.
Pobrecillas…Inmundas y babeantes bestias relamiéndose por unos huesos con casi nada de carne. Y sí, debo reconocer que he perdido peso pues no sólo sangre derramo, también mi osamenta se va disolviendo mientras la masa muscular se va atrofiando, pero ellas igual me quieren devorar pues mientras yo exista, no tendrán paz.
Soy esa en la que se reflejan; soy agua de manantial donde descubrir los desengaños de sus presencias; soy quien ha logrado lo que ellas no pudieron y no podrán pues quien posee un corazón de piedra del que emana hiel, sólo veneno ha de correr por sus vasos sanguíneos, e inevitablemente irán muriendo infectadas con su propia ponzoña. He aquí la razón de su estúpida parálisis frente a mí.
¡Ah, las muy imbéciles! ¿Acaso piensan que mi sangre sorbida por sus repulsivas lenguas, será transportada a sus organismos? No, no, van por el camino errado. Mi sangre ha de coagularse y cada grumo que engullan sólo servirá para volverlas dementes pues vayan sabiendo ¡Desde mi propia demencia voy a devastarlas aunque en ello me vaya la vida!
Si he de pelear lo haré con dignidad. Si he de morir lo haré sabiendo que hice lo correcto ¿Y ustedes? ¿Qué harán en el caso de que me hayan revolcado en el limo donde habitan? ¡Ah, se están mirando con desconfianza! Se preguntan cuál será la próxima, y esa solamente está entre ustedes ya que yo he sido la única humana que osó convivir en el confín del mundo con seres repugnantes.

Consumado mi cometido, me elevaré a los cielos, seré serafín o quizá nube, tal vez lluvia, una estrella o…ese espíritu que ha de perseguirlas por los siglos de los siglos…Amén.

sábado, 1 de noviembre de 2014

LLORA PERO ¡LEVÁNTATE!


El torbellino me coge pernoctando; mi entidad se pliega con enérgica agitación ¡Se fue, se marchó! Bramidos que el ciclón transmuta en ecos de afonía.
Ausencia intensa que deja en el olvido la animosa presencia de ese tronco que los siglos mantuvieron erguido, más bastó un sólo reproche para escindir las raíces y abatirlo cual hoja que de la estirpe se descose.
Es soberana la oscuridad. El miedo y la pena, cortejos de un período remoto.
La esperanza se licúa entre lloros que impelen a cerrar los ojos al tiempo que deforman el rostro: labios agrietados, piel curtida, pliegues que revelan las emociones forjadas desde el gozo y la zozobra alternando albor y crepúsculo, resplandor y oscuridad, ascensiones y declives…Ave Fénix que se funde en las cenizas.

Se perdió la belleza, se extinguió la luz. Se impone el reto, y aunque no se desee, corresponde expandir las alas y lanzarse en búsqueda de nuevos cielos donde se inhale paz.

lunes, 27 de octubre de 2014

ENTRE LA BRUMA Y LA INCERTIDUMBRE


Fui a dar a un planetoide un tanto extraño, cuasi enigmático, pues en él escaseaban los astros.
Por las noches la bóveda celeste se veía irrumpida por una luna de dimensiones tan despóticas que la abarcaban por completo, con una luz que me cegaba, ensombreciendo mi naturaleza, imposibilitándome avanzar sin el recurrente temor de que se desplomara sobre mí para hacerme cautiva de su fulgor.
Y sin embargo, por paradójico que resulte, ella no me alumbraba, por el contrario, me enlutaba, apagaba mi presencia, claro que esto no lo comprendí sino hasta pasado cinco siglos de vivir en esa farsante esfera.
Había estrellitas, intrascendentes si se pretendía contrastarlas con la reina de los cielos. Ellas, las estrellitas, se agrupaban en una deliciosa nebulosa donde no había cabida para mí, pero no me inquietaba. Si ellas no me reconocían como segmento de ese universo, mi morada en el cosmos, en la que residía con mi forzado aislamiento, no sería yo quien demandara atención. Desde siempre supe que no convenía pedir lo que no se me proveía; era el castigo merecido por razones que omito, faltas que cometí sin ser consciente de ellas.
Lo que me resulta milagroso es que siendo “humana”, yo poseía alas, y eso me gustaba pues me permitía trajinar por otros universos cuando el encierro me atormentaba.
En esos mundos era dichosa, me pensaba aceptada, valorada. En aquellos lugares las estrellas no me excluían, me acogían con agrado cada vez que mi etéreo cuerpo se  hacía presente.
Fue  por entonces, durante uno de las tantos sondeos siderales, que descubrí que  en cada uno de los mundillos que frecuentaba había un astro que yo desconocía ya que no había uno semejante en mi restringido infinito. Uno dorado al que denominaban “Soberano de los astros”. Hubiera querido tener uno pero no lo había, entonces me complacía cuando percibía el calor que propagaba en estos cielos foráneos, ardor vigente durante el día, aunque no siempre. Por momentos no estaba, o se hacía ver de noche para ensamblarse a la luna, cortejarla y juntos amar a sus estrellitas.
Si bien solía concederme un cachito de calor, un tibio arrumaco, aun sabiendo que yo no era parte de su substancia, lejos de contentarme con esa caricia dada, al retornar a mi mundo,  la melancolía me escoltaba. Yo deseaba un sol propio que iluminara cada uno de mis días, no como la dádiva que se le da al que nada tiene, no, yo quería que fuera el calor imborrable que trasmutara  mi mediocre parcela en el cosmos, en un auténtico y perfecto nido, sin penurias, sin frío...

A la sazón, entendí la jerarquía del astro rey. Descubrí que su inexistencia  fue la causante de mi infelicidad. La esplendorosa y ególatra luna mató a mi sol…Nunca más volví a sonreír, nunca más pude ser feliz…