Estimados seguidores y amigos, acabo de subir el último capitulo de este cuento. Para poder entenderlo (hago esta aclaración pues muchos lo han leído sin seguirlo desde el principio) deben ir a la página principal donde hallarán todas las partes, once en total, comenzando desde abajo (parte uno) para concluir en EL FINAL. Muchas gracias.
MYRIAM JARA- LA ETERNA POETA DISCONFORME
.
...
http://world-directory-sweetmelody.blogspot.fr/2013/08/special-page-blog-has-honor.html
sábado, 24 de marzo de 2012
RENACER- PARTE 11 - EL FINAL
También Ignacio se durmió entre sollozos, estaba consciente que había llegado el momento de despedirse de Agustina para siempre. La amaba hasta el punto de sacrificar su vida por ella pero no, ella no podría subsistir sin él.
-El mundo es cruel, las personas son crueles, jamás la aceptarán, la hostigarán, la infligirán, repudiarán, todas las puertas se cerraran para ella, la sociedad le daría la espalda, no van a alcanzarle las lágrimas para extirpar tanto dolor, para sobrellevar una existencia dura como la que tenía. Agustina, mi pequeña y frágil Agustina, tan necesitada de amor que sólo yo puedo darte, yo que te conozco desde lo más recóndito de tu ser, yo que penetro en tu mente y leo tus pensamientos...Sé de tus anhelos y ternura, de esas enormes ganas de vivir con identidad propia, de mostrar al mundo que tenés mucho talento para ofrecer a la humanidad...
El agotamiento lo hundió en un sueño profundo, agitado, confuso, una pesadilla en la que Agustina lo había acuchillado. La gente se arrojaba sobre ella al grito de "Asesina, asesina". Corrí, Agustina corría en el intento de huir de esa horda enfurecida pero no pudo, finalmente la atraparon, le ataron las manos, la subieron a una tarima y le pusieron la soga al cuello. Dejó de pedir clemencia, gemía en silencio, conservando la dignidad pero las lágrimas fluían sin que pudiera evitarlo...Lloraba por Ignacio, por ella, por el mundo que la supo comprender, un mundo del que ya no le interesaba ser parte. Mató por la vida y se asoció a la muerte.
Ignacio se despertó abruptamente, aún con la visión de Agustina a punto de ser ejecutada. Se sentó en la cama intentando recobrarse, sopesando la situación, todavía estremecido por esas imágenes tan vívidas. Pensó en su triste realidad, tan injusta que era imposible de sostener. Tenía que tomar una decisión respecto de Agustina, esa débil mujercita que pugnaba por ocupar el espacio de él, que quería apoderarse de su vida pues otra no tenía, ella sólo existía para Igancio, sólo para él era valiosa, el resto, sin siquiera darle una oportunidad, simplemente la despreciaban.Había probado y no lo resistió, no era un camino que ninguna mujer desearía pero hay quienes lo sobrellevan pero no ella y otro no tenía...
Abrió la puerta del ropero, buscó los jeans de Agustina, la remera roja que dejaba al descubierto su ombligo, las botas con tacones y se sentó frente al espejo. Se miraron, lloraron juntos, ambos conocían el final...No podían convivir pero tampoco separarse, eran dos en uno, indivisibles como los átomos...Se miraron por última antes de unir sus labios en un último beso.
Ignacio fue a la cocina, tomó el cuchillo más grande y con paso seguro volvió a la habitación para ocupar su lugar frente al espejo, punto de encuentro para reconocerse el uno en el otro; cerró los ojos y dijo:
-Esto no es por vos, deliciosa criatura, mi querida Agustina, es por la vida que no quiso concedernos un lugar, una oportunidad, aceptarme con mi parte femenina...
Agustina asintió dócilmente con una leve inclinación de cabeza, no sin antes regalarle su más bonita sonrisa aunque él ya no podía verla. El cuchillo abrió la garganta de Ignacio, Agustina se desplomó sangrando, Ignacio se arqueaba en su última agonía mientras la sangre empapaba la remera roja que se adhería al cuerpo de Agustina, tiñendo sus botas con sangre, las blancas botas que resaltaban la belleza de sus piernas femeninas. Agustina agonizaba, Ignacio también. Una última mirada antes del último estertor...Sonreían, supieron que estaban libres y juntos por siempre. Más allá de las incomprensiones y los prejuicios...habían vuelto a renacer.
Imagen tomada de Internet
FIN
"NO A LA DISCRIMINACIÓN, SÍ A LA ACEPTACIÓN, NO A LOS PREJUICIOS, SÍ AL DERECHO DE SER LO QUE SE ES"
-El mundo es cruel, las personas son crueles, jamás la aceptarán, la hostigarán, la infligirán, repudiarán, todas las puertas se cerraran para ella, la sociedad le daría la espalda, no van a alcanzarle las lágrimas para extirpar tanto dolor, para sobrellevar una existencia dura como la que tenía. Agustina, mi pequeña y frágil Agustina, tan necesitada de amor que sólo yo puedo darte, yo que te conozco desde lo más recóndito de tu ser, yo que penetro en tu mente y leo tus pensamientos...Sé de tus anhelos y ternura, de esas enormes ganas de vivir con identidad propia, de mostrar al mundo que tenés mucho talento para ofrecer a la humanidad...
El agotamiento lo hundió en un sueño profundo, agitado, confuso, una pesadilla en la que Agustina lo había acuchillado. La gente se arrojaba sobre ella al grito de "Asesina, asesina". Corrí, Agustina corría en el intento de huir de esa horda enfurecida pero no pudo, finalmente la atraparon, le ataron las manos, la subieron a una tarima y le pusieron la soga al cuello. Dejó de pedir clemencia, gemía en silencio, conservando la dignidad pero las lágrimas fluían sin que pudiera evitarlo...Lloraba por Ignacio, por ella, por el mundo que la supo comprender, un mundo del que ya no le interesaba ser parte. Mató por la vida y se asoció a la muerte.
Ignacio se despertó abruptamente, aún con la visión de Agustina a punto de ser ejecutada. Se sentó en la cama intentando recobrarse, sopesando la situación, todavía estremecido por esas imágenes tan vívidas. Pensó en su triste realidad, tan injusta que era imposible de sostener. Tenía que tomar una decisión respecto de Agustina, esa débil mujercita que pugnaba por ocupar el espacio de él, que quería apoderarse de su vida pues otra no tenía, ella sólo existía para Igancio, sólo para él era valiosa, el resto, sin siquiera darle una oportunidad, simplemente la despreciaban.Había probado y no lo resistió, no era un camino que ninguna mujer desearía pero hay quienes lo sobrellevan pero no ella y otro no tenía...
Abrió la puerta del ropero, buscó los jeans de Agustina, la remera roja que dejaba al descubierto su ombligo, las botas con tacones y se sentó frente al espejo. Se miraron, lloraron juntos, ambos conocían el final...No podían convivir pero tampoco separarse, eran dos en uno, indivisibles como los átomos...Se miraron por última antes de unir sus labios en un último beso.
Ignacio fue a la cocina, tomó el cuchillo más grande y con paso seguro volvió a la habitación para ocupar su lugar frente al espejo, punto de encuentro para reconocerse el uno en el otro; cerró los ojos y dijo:
-Esto no es por vos, deliciosa criatura, mi querida Agustina, es por la vida que no quiso concedernos un lugar, una oportunidad, aceptarme con mi parte femenina...
Agustina asintió dócilmente con una leve inclinación de cabeza, no sin antes regalarle su más bonita sonrisa aunque él ya no podía verla. El cuchillo abrió la garganta de Ignacio, Agustina se desplomó sangrando, Ignacio se arqueaba en su última agonía mientras la sangre empapaba la remera roja que se adhería al cuerpo de Agustina, tiñendo sus botas con sangre, las blancas botas que resaltaban la belleza de sus piernas femeninas. Agustina agonizaba, Ignacio también. Una última mirada antes del último estertor...Sonreían, supieron que estaban libres y juntos por siempre. Más allá de las incomprensiones y los prejuicios...habían vuelto a renacer.
Imagen tomada de Internet
FIN
"NO A LA DISCRIMINACIÓN, SÍ A LA ACEPTACIÓN, NO A LOS PREJUICIOS, SÍ AL DERECHO DE SER LO QUE SE ES"
jueves, 22 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 10
El sueño fue agitado, cargado de pesadillas. Ignacio y ella se batían a duelo; la gente aclamaba a Ignacio mientras Agustina era apedreada, cayendo en el campo de batalla, el lodo que la cubría, la piel sucia y lacerada le provocaba agonía, lloraba pidiendo clemencia pero nadie la escuchaba, el público exaltaba a Ignacio, lo llevaban en andas al tiempo que ella era arrojada a la jaula de los leones que, con las fauces abiertas y los ojos brillando, se aproximaban lentamente. A punto estaba de ser devorada cuando despertó. Le llevó unos segundos comprender que sólo había sido una pesadilla, no había jaulas ni leones, sólo la oscuridad reinante en la pieza...Oscuridad...Toda su vida había sido oscuridad...
Pintura de Alejandro NisContinuará...
miércoles, 21 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 9
Volvió al amanecer, se sentó frente al espejo, se arrancó la peluca y la arrojó con odio. Se miró con lástima...Pobre infeliz, la reina de la noche manoseada por unos cuantos viejos asquerosos a cambio de unos pocos billetes. Ignacio tenía razón, la calle era dura y la sociedad, una venerable mierda.
¿Por qué no podía ser una estrella? ¿Por qué tenía que arrastrarse por el fango, deshonrarse, humillarse para llevar un bocado a la boca?
-Qué diferente hubiera sido todo si mi familia te hubiera aceptado, Agustina. Tendríamos un hogar, un plato de comida caliente, podrías haber estudiado danzas y vivir de tus shows. No era eso lo que me deparaba la vida...Pobre tiíta...Debe estar sufriendo más que yo al ver que no tuve agallas para pelear como ella, no soy tan fuerte.
Agustina se quitó la ropa con furia y asco, se envolvió en un toallón y fue al baño. Se restregaba la cara y el cuerpo con violencia, quería extirpar hasta la última huella de la noche de espanto, que no quedara ni una partícula de saliva ni rastros de las caricias repugnantes. Se cepilló los dientes e hizo gárgaras hasta el hartazgo, tenía que limpiarse por dentro...la laringe, el esófago, el estómago, cada órgano donde todavía podía sentir el semen de los pervertidos. De pronto la invadió una sensación nauseabunda, el vómito subió a la garganta y fue expulsado sin darle tiempo a alcanzar el inodoro.
Regresó a la pieza. Ignacio lloraba angustiado. No era lo que esperaba para Agustina...Se durmió llorando, sintiéndose una basura de persona.
-No hay lugar para mi en este mundo egoísta...No puedo, no voy a poder.
Agustina sintió piedad, lo quería, era parte de su vida, pero no tanto como para ser una muerta en vida. Sabía que podía ganarle la batalla, estaba consumido, bastaba con un simple codazo para ser ella la dueña de la situación pero no alcanzaba con encerrarlo, tenía que matarlo. Matarlo. La idea tomó protagonismo, era persistente.
Ignacio ya no importaba, había sido su compañero y confidente y ahora...No había lugar para los dos, era él o ella. Agustina sintió que se había postergado más de la cuenta en función de él y no pensaba seguir haciéndolo, tenía que matarlo. No sería sencillo, también debía destruir su pasado, su historia, no dejar huellas de su paso por la vida, como si se se esfumara en el aire, como si nunca hubiera existido. No iba a ser fácil...
"Tampoco fue fácil para mi vivir en las sombras todos estos años y sin embargo tuve que soportar" Sí, estaba tomando la decisión correcta. Volvió a su rincón, se durmió acongojada.
"Hastío..." Pintura de Edward Hopper
"Hastío..." Pintura de Edward Hopper
Continuará...
martes, 13 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 8
-Bien, bien...ahora sí que estamos bien- dijo Agustina, siempre quejosa- Supongo que ya no nos queda dinero ni para pagar la pocilga.
-Así es, no me queda un peso. Voy a prepararme unos mates, algo de yerba me queda- Volvió con la pava y se sentó frente a Agustina- No san tan feos amargos, al menos no te producen acidez.
-Ya te resignaste, entonces; si no hay azúcar, el mate amargo es más rico ¡Qué pedazo de infeliz! No servís para nada, tu familia tiene razón...Y en cuanto a tu "tiíta", tu "ángel"...Si te viera...Vencido, sin pelear.
Ignacio comenzó a llorar al recordar las palabras de su tía "Llorá pero no dejes de luchar"
-Ay, tiíta, no puedo más, ya no sé que hacer, si pudieras hablarme, decirme algo.
Respiró profundo y dejó caer la cabeza, así permaneció durante media hora.
Agustina se puso el short de cuero negro, la remera escotada roja, se calzó las botas y comenzó a maquillarse.
-No tenemos otra elección, Ignacio, se fuerte, yo voy a serlo- Ignacio tomó el cepillo y comenzó a peinar suavemente la larga cabellera, también retocó el maquillaje.
-No llores, Agustina, se te estropea el maquillaje- le dio un beso en los labios- Mucha suerte...
Agustina salió sin atreverse a mirarse al espejo. Le tocaba a ella, era su turno de demostrar que ella sí podía ganarse la vida, ella triunfaría, lo haría por los dos, a ella no la iban a humillar, sería la reina de la noche " El mundo es tuyo, Agustina, adelante"
Imagen tomada de Internet
Continuará...
-Así es, no me queda un peso. Voy a prepararme unos mates, algo de yerba me queda- Volvió con la pava y se sentó frente a Agustina- No san tan feos amargos, al menos no te producen acidez.
-Ya te resignaste, entonces; si no hay azúcar, el mate amargo es más rico ¡Qué pedazo de infeliz! No servís para nada, tu familia tiene razón...Y en cuanto a tu "tiíta", tu "ángel"...Si te viera...Vencido, sin pelear.
Ignacio comenzó a llorar al recordar las palabras de su tía "Llorá pero no dejes de luchar"
-Ay, tiíta, no puedo más, ya no sé que hacer, si pudieras hablarme, decirme algo.
Respiró profundo y dejó caer la cabeza, así permaneció durante media hora.
Agustina se puso el short de cuero negro, la remera escotada roja, se calzó las botas y comenzó a maquillarse.
-No tenemos otra elección, Ignacio, se fuerte, yo voy a serlo- Ignacio tomó el cepillo y comenzó a peinar suavemente la larga cabellera, también retocó el maquillaje.
-No llores, Agustina, se te estropea el maquillaje- le dio un beso en los labios- Mucha suerte...
Agustina salió sin atreverse a mirarse al espejo. Le tocaba a ella, era su turno de demostrar que ella sí podía ganarse la vida, ella triunfaría, lo haría por los dos, a ella no la iban a humillar, sería la reina de la noche " El mundo es tuyo, Agustina, adelante"
Imagen tomada de Internet
Continuará...
lunes, 12 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 7
Tres semanas estuvo internado y la doña, su única compañía.
-Mire, jovencito, no es que yo me quiera meter en su vida, ni Dios lo permita pero usted no salió de un huevo, algún familiar perdido debe tener perdido por ahí ¿Por qué no lo llama? No es que a mi moleste traerle todas las tardes una botella de agua que, gracias a Dios, puedo comprarla y por suerte que acá no le cobran nada. Yo le dije a la enfermera: Mire que el chico no tiene un peso, es pobre, pobre y yo, una pobre jubilada, no soy familia pero soy humana y lo cuido. Me dijo: Quédese tranquila, señora, que acá está todo cubierto. ¿Cubierto, cómo?, le pregunté yo. Que está todo pago, que no tiene que pagar nada. Mire usted, joven, después dicen que los hospitales esto o aquello, la gente siempre protestando y usted, jovencito, mejor que nadie puede decir que acá lo atienden como a un rey y no paga un peso pero...digo ¿Por qué no llama a su familia? A mí me da lástima verlo tan solito.
-No tengo familia- Ni pensar en llamar a Mariela o la abuela, no quería preocuparlas.
-Y bue, por suerte me tiene a mí...
Le dieron el alta y volvió a la pensión. Estaba perfecto, se había dado un buesto pero todo salió bien. Bueno, todo no; cuando estuvo recuperado volvió a su trabajo con el certificado médico y los estudios que le habían hecho.
-No, pibe, olvidate, ya tomé a otro, no te voy a esperar toda la vida; tres semanas, viejito, eso es mucho tiempo.
-Pero estuve internado, la dueña de la pensión le avisó.
-¿Y? A mí no me resolvió nada con eso; tu lugar ya está ocupado.
-¿No me va a pagar nada, indemnización, vacaciones, nada?
-Pibe, vos trabajaste un par de meses, a prueba y en negro, no te debo nada. Tomátelas y dejame laburar que tengo mucho que hacer.
-¿No puede darme una recomendación para alguna peluquería, aunque sea?
-No, no, yo no recomiendo a nadie y además no conozco ninguna peluquería que necesite empleados.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
viernes, 9 de marzo de 2012
RENACER- PARTE 6
Quiso levantarse de la cama y no pudo, sentía que su cuerpo pesaba toneladas; se tocó la cara, hervía. Una vez más intentó ponerse en pie pero no pudo, tiritaba, evidentemente tenía fiebre, le dolía la garganta, le costaba tragar la saliva, necesitaba un vaso de agua - bendita costumbre de dejar una botella y un vaso en la mesita de noche- Bebió con dificultad y volvió a acostarse, no tenía fuerzas. Pasaron dos horas, quizá más; la fiebre lo había abatido, volvió a dormirse.
Golpearon a la puerta, se paró vacilando y abrió; era la encargada.
-Llamó su patrón, que si no piensa ir a trabajar o qué.
No pudo contestarle, las palabras se negaban a ser pronunciadas.
-Oiga, joven, usted está mal ¿Qué le pasa, hijo? No me asuste.
-Me siento muy mal, creo que tengo fiebre.
-Pero, caramba, acuéstese entonces, vamos que lo ayudo ¡Qué barbaridad, pero si está volando de fiebre! A ver, levante las piernas...eso es, así, muy bien. Ahora se me tapa y se me queda acá, quietito, voy a buscar un termómetro- Salió dejando la puerta abierta. Ignacio se sintió aliviado, una mano que lo auxilie no le venía nada mal. A los pocos minutos entró la doña trayendo el termómetro.
-Vamos a ver, levante el bracito, eso es, muy bien, ahora me lo deja apretadito, no vaya a caerse y romper que se lo agrego a la cuenta ¿Eh?- le dio una palmadita cariñosa- Estese quietecito que ya vuelvo. Pobre criatura ¿Será que no tiene familia este cristo?
Regresó con una olla con agua fría y unos trapos, los embebió y se los puso en la frente. Le quitó el termómetro.
-¡Jesús, hijo, tiene casi cuarenta grados! ¿Quiere que llame al médico?
-Sí, por favor.
-¿Tiene obra social?- Ignacio no respondió- Siempre haciendo preguntas estúpidas, yo. A ver...déjeme pensar...¡Ah, sí, ya me acordé, ciento siete es el número de emergencias!
Pasaron diez minutos que para Ignacio fueron una eternidad.
-Listo, ya llamé, enseguida vienen ¿Quiere agua o le hago un tecito con limón?
-Agua, por favor.
Tocaron el timbre; la encargada se apuró a atender.
-Pase, pase, doctor, perdone el desorden, el chico tiene mucha fiebre, no tiene familia, es mi inquilino y hoy no fue a trabajar, a mí me llamó el patrón y cuando vine lo encontré así.
-Déjeme con él, señora, lo examino y la llamo.
-Sí, por supuesto, doctor, póngase cómodo, ahí tiene una silla, si quiere tomar algo...usted también, joven- se dirigió al chofer de la ambulancia- Me avisan cualquier cosa, permiso, permiso.
El médico y el ambulanciero se miraron y rieron.
-Con una mujer así no hay modo de estar sano. Contame ¿Qué tenés?
-Mucha fiebre, cuarenta, me duele la garganta, no puedo tragar la saliva y me cuesta respirar.
-Sentate y levantate la camiseta- Lo auscultó, le pidió que tosiera, le volvió a tomar la temperatura y por último, palpó el abdomen. Se dirigió al ambulanciero-Llamá a la señora.
-Aquí estoy, doctor ¿Todo bien?
-Me temo que no, señora, lo tenemos que trasladar al hospital para hacer estudios, parece que hay algo a nivel pulmonar.
-¡No me diga! ¿Una pulmonía?
-Lo llevamos y lo estudiamos, entonces tendremos un diagnóstico. Necesitamos que lo acompañe alguien, no podemos llevarlo solo.
-No, claro, me imagino, yo voy con ustedes ¡Rosaaaaaaaaa!-gritó con su vozarrón- Hacete cargo que me voy al hospital con el chico.
-Buenoooooooo-se escuchó el grito desde el exterior.
-A ver, hijo, vamos a vestirte.
-No hace falta, señora, lo vamos a transportar en camilla. Prepare la ropa y llévela consigo.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
Golpearon a la puerta, se paró vacilando y abrió; era la encargada.
-Llamó su patrón, que si no piensa ir a trabajar o qué.
No pudo contestarle, las palabras se negaban a ser pronunciadas.
-Oiga, joven, usted está mal ¿Qué le pasa, hijo? No me asuste.
-Me siento muy mal, creo que tengo fiebre.
-Pero, caramba, acuéstese entonces, vamos que lo ayudo ¡Qué barbaridad, pero si está volando de fiebre! A ver, levante las piernas...eso es, así, muy bien. Ahora se me tapa y se me queda acá, quietito, voy a buscar un termómetro- Salió dejando la puerta abierta. Ignacio se sintió aliviado, una mano que lo auxilie no le venía nada mal. A los pocos minutos entró la doña trayendo el termómetro.
-Vamos a ver, levante el bracito, eso es, muy bien, ahora me lo deja apretadito, no vaya a caerse y romper que se lo agrego a la cuenta ¿Eh?- le dio una palmadita cariñosa- Estese quietecito que ya vuelvo. Pobre criatura ¿Será que no tiene familia este cristo?
Regresó con una olla con agua fría y unos trapos, los embebió y se los puso en la frente. Le quitó el termómetro.
-¡Jesús, hijo, tiene casi cuarenta grados! ¿Quiere que llame al médico?
-Sí, por favor.
-¿Tiene obra social?- Ignacio no respondió- Siempre haciendo preguntas estúpidas, yo. A ver...déjeme pensar...¡Ah, sí, ya me acordé, ciento siete es el número de emergencias!
Pasaron diez minutos que para Ignacio fueron una eternidad.
-Listo, ya llamé, enseguida vienen ¿Quiere agua o le hago un tecito con limón?
-Agua, por favor.
Tocaron el timbre; la encargada se apuró a atender.
-Pase, pase, doctor, perdone el desorden, el chico tiene mucha fiebre, no tiene familia, es mi inquilino y hoy no fue a trabajar, a mí me llamó el patrón y cuando vine lo encontré así.
-Déjeme con él, señora, lo examino y la llamo.
-Sí, por supuesto, doctor, póngase cómodo, ahí tiene una silla, si quiere tomar algo...usted también, joven- se dirigió al chofer de la ambulancia- Me avisan cualquier cosa, permiso, permiso.
El médico y el ambulanciero se miraron y rieron.
-Con una mujer así no hay modo de estar sano. Contame ¿Qué tenés?
-Mucha fiebre, cuarenta, me duele la garganta, no puedo tragar la saliva y me cuesta respirar.
-Sentate y levantate la camiseta- Lo auscultó, le pidió que tosiera, le volvió a tomar la temperatura y por último, palpó el abdomen. Se dirigió al ambulanciero-Llamá a la señora.
-Aquí estoy, doctor ¿Todo bien?
-Me temo que no, señora, lo tenemos que trasladar al hospital para hacer estudios, parece que hay algo a nivel pulmonar.
-¡No me diga! ¿Una pulmonía?
-Lo llevamos y lo estudiamos, entonces tendremos un diagnóstico. Necesitamos que lo acompañe alguien, no podemos llevarlo solo.
-No, claro, me imagino, yo voy con ustedes ¡Rosaaaaaaaaa!-gritó con su vozarrón- Hacete cargo que me voy al hospital con el chico.
-Buenoooooooo-se escuchó el grito desde el exterior.
-A ver, hijo, vamos a vestirte.
-No hace falta, señora, lo vamos a transportar en camilla. Prepare la ropa y llévela consigo.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
miércoles, 7 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 5
Entró a la cocina con su pequeña cacerola de aluminio, donación de la abuela; abrió la canilla y la llenó hasta la mitad, un puñado de sal, un chorrito de aceite y al fuego. Estaba abriendo el paquete de fideos cuando entró la encargada de la pensión.
-Oiga, joven, usted ¿Cuándo piensa pagarme lo que me debe?
-Ya le hice un adelanto...el resto...espéreme una semana; hoy comencé un trabajo nuevo, me pagan por día, no es mucho pero saco para comer y le voy juntando los cincuenta que le debo.
-Espero que lo mantenga, usted no dura en ningún lugar ¡Flor de vago debe ser! Además...ese modo de ser suyo...qué quiere que le diga, a mi no me gusta y a los otros pensionistas tampoco.
-Mire, señora, yo no me meto con nadie y no hago escándalos ¿Por qué no se fija en el de la planta baja que hay días que vomita en el pasillo de lo borracho que llega? Si a ustedes no les gusto, tampoco ustedes me gustan a mí y me la banco; no me compare porque yo no tengo nada que ver con esa gente. Y en cuanto a su plata, la semana que viene le saldo todo.
-Mejor así y no se ofenda tanto que al final ni tiene ni familia ni a dónde ir.
No contestó ¿Qué podía decir? La doña, con su rudeza, le estaba mostrando la realidad de su vida "No tengo nada que ver con esa gente"
-Pero ¿Quién carajo soy yo? Un segregado, un desterrado, eso soy, un paria sin familia.
Se llevó sus cosas y se encerró en la pieza; comió en silencio. Buscó un libro y se acostó evitando mirar hacia el espejo, no quería discutir con Agustina, no ese día. Estaba extenuado física y mentalmente.
Dos semanas transcurrieron relativamente en calma pero al cabo de ese tiempo, se enfermó; mucho trabajo y poca comida...Las discusiones habían recomenzado entorpeciendo su rutina "¡Por Dios, necesito paz!" Pero no la hallaba, Agustina cada día reclamaba más y más, no se conformaba con ser su sombra.
-Dejame salir, estoy harta de este encierro, además con lo que vos ganás no alcanza para nada, todo se lo lleva la vieja de mierda a cambio de este cuchitril piojoso que nos alquila ¡Quiero trabajar!
-¿De qué? A mí se me hace difícil y vos pretendés conseguir un trabajo decente y bien pago. No me hagas reír.
-Yo no dije que fuera decente...con que me paguen bien...
-¿Qué estás sugiriendo?
-No te hagas el tonto, bien sabés de qué hablo.
-Antes de permitir que te prostituyas, te mato y me mato ¿Te queda claro?
-Por favor, Ignacio, me ahogo, necesito salir, respirar aire fresco, caminar por las calles; no aguanto más el encierro en este nicho.
-Sabés lo que te va a pasar Agustina, no estás preparada para enfrentarte a la vida.
-Dejame probar ¡Te lo exijo!
-¿Y si no lo lográs?
-Entonces prefiero que me mates, que te olvides que alguna vez fuimos uno, ya no quiero ser tu sombra, quiero una vida propia.
-No puedo, Agustina, no puedo. Te necesito más de lo que suponés, preciso de esos momentos en soledad donde vos podés ser voy y yo disfrutar mirándote a través del espejo como sentado en un palco, arrojándote flores mientras te veo bailar al compás de la música de Vivaldi ¡Cuánta elegancia, cuánta hermosura, tan coqueta y femenina!
-Y cuando termina la música se acaba el hechizo, la magia...me encerrás, me escondés y volvés a tu vida miserable, a limpiar mugre ajena, a cocinar fideos hervidos y a domir esperando que al otro día todo cambie, que se produzca el milagro "Soy representante de artistas, me gusta Agustina, tiene futuro, puede ser una gran estrella, aquí tiene el contrato" Despertate, Ignacio, dejá de divagar, y nunca voy a ser una estrella, mi único camino es la prostitución, lo sabés.
-No y es mi última palabra.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
martes, 6 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 4
-Basta, Agustina, dejame tomar algo que se me hace tarde; tengo que ir a ver un trabajo y todavía no me bañé.
-Como quieras.
Se bañó, se puso lo más digno que tenía, tomó un mate cocido y comió las galletitas que le quedaban.
-¿Tenés experiencia, pibe?- le preguntó el dueño del negocio.
-No, trabajar...no trabajé nunca pero hice un curso de peluquería.
-Por el momento necesito alguien que sirva el café y limpie, peluqueros no preciso. Pago dos pesos la hora, si te conviene lo tomás y si no, ahí tenés la puerta.
-¿Cuándo puedo empezar?
-Ya mismo.
Trabajó doce horas lavando cabeza y sirviendo café, limpió tres veces el baño yel camarín de depilar, barrió la vereda, infinitas veces el salón, también hizo los mandados.
-Pibe, andá hasta el kiosco y traeme una coca-cola.
-Depositame este cheque en el banco de la esquina.
-¿Me traés una hamburguesa con lechuga y tomate? No te olvides del Ketchup y la mayonesa.
-Para mi con papas fritas.
-Preparame la señora para color.
Comió un sándwich de mortadela y bebió un vaso de agua.
Tenía ganas de llorar pero "tiíta" le dijo que debía ser fuerte y pelear.
"No, no voy a llorar, voy a luchar por Agustina y por vos, tiíta, quiero que estés orgullosa de mi"
La paga fue de veinticuatro pesos.
-Si fuera mujer y trabajara de mucama podría ganar más pero ni loco, yo a Agustina no la mando a laburar aunque no tenga ni para comer.
Pasó por el supermercado "Un paquete de fideos, veamos, estos están en oferta; aceite todavía tengo; queso...no, mejor no, un poco de pan ¡Casi me olvido de la yerba para el mate cocido! Catorce pesos es todo lo que me quedó después de laburar doce horas...laburar...una manera de decir ¡Uy, qué pelotudo, me olvidé de comprar pilas para la radio! Si la enchufo, la vieja de mierda me va a aumentar la cuota de la luz"
Continuará...
sábado, 3 de marzo de 2012
RENACER - PARTE 3
Perdi a la persona que más me quiso; mi tía menor. Hace ya años de esto y todavía hoy la siento. Si estuviera conmigo qué diferente habría sido todo. Vos lucharías por mí, tía querida, te hubieras plantado frente a ellos, los habrías enfrentado pero la vida no te dio tiempo ¡Puta que es jodida la vida o, mejor dicho, la muerte! Mirá que venir a llevarse al único ser que precisaba para no sentirme un mal parido. Cuando me lo dijeron no podía creerlo, no, no podía ser verdad. Tan bonita, tan joven, tan solidaria, tan cariñosa. Y sí, por eso te fuiste, porque acá se quedan los perversos, los que tenemos alguna cruz que cargar. Vos fuiste feliz, tiíta, etoy seguro; no se puede mirar tan tiernamente si el corazón no está lleno de amor y el alma plena de luz ¿Te acordás cuánto me enojé cuando me contaste que en tu panza crecía un bebito? ¡Cómo lo odié! Pobrecito, como si él tuviese la culpa de ser el favorecido...Otro santo...por algo se mereció una mamá como vos. La muerte fue brutal también con él ¿Cuántos años tenía? Apenas ocho, me acuerdo bien porque yo tenía diez. Después de tu funeral no lo volví a ver, el tío se lo llevó al exterior, lejos, eso me dijeron, creo que a Europa, no volví a verlo nunca más. Tampoco me explicaron por qué te habías muerto, todo era un secreto, un espantoso y enorme secreto, simplemente dejaron de mencionarte; nunca más volví a escuchar tu nombre, era palabra vedada y nosotros, tus sobrinos, no nos atrevíamos a preguntar, teníamos miedo, creo que porque ellos sabían que les iban a decir alguna mentira, como siempre; en nuestra familia se encubre la realidad. En cambio yo no preguntaba porque tenía miedo, miedo de que hayas sufrido, miedo de pensar que no volvería a verte, miedo de que fuera verdad nomás, que sí, que te habías muerto. Prefería creer que estabas en alguna ciudad europea y que pronto recibiría cartas tuyas. Por momentos me enojaba con vos porque ¡Mierda! Te fuiste sin llevarme, sin darme un beso, un abrazote fuerte y cariños de esos que solías darme cuando te ibas para tu casa. Si hasta te esperaba cada Navidad...Me decía "Este año nos dan la gran sorpresa, se vienen para Argentina"
Mi tía mayor le decía a mi mamá que yo estaba chiflado, que por qué no me llevaba a ver tu tumba así me dejaba de joder; siempre tan fina y cordial, mi tía la bruja "Mejor lo mando a terapia, este pibe tiene tantos problemas que, te juro, ya no sé que hacer con él"
Pero no me puso en terapia, por suerte, yo no quería ir al locólogo "¡Ja, mirá si te encierran!" Me decía el menor de mis primos; siempre el mismo taradito...Y consiguió meterme miedo nomás, el boludito "Los locos son malos, por eso los atan y les pegan, lo vi en las películas" Pedazo de cretinito...
Un día dejé de esperar tus cartas, dejé de esperarte en cada Navidad, dejé de pensar en un viaje feliz a Europa...Pero nunca pude dejar de pensar en vos. Fue la noche que viniste a verme; estaba durmiendo, soñaba que estaba en la hamaca de la plaza de la esquina de casa, la hamaca roja, mi preferida, no importaba que todas estuvieran libres, yo esperaba la roja, entonces vos te acercabas al pibe que la estaba ocupando y le decías "¿No se la cambiás por la azul?" ¡Tía ídola! El pibe me la cambiaba ¿Quién te iba a decir que no a vos si eras una divina? Y linda, además. Me hamacabas alto "Hasta el cielo, tía" "No, mirá si te caés, che, tu vieja me asesina" "Porfi, porfi, hasta el cielo" "Bueno, como quieras pero juntos, bajate, sentate en mis piernas" Y te sentabas y me hacías upa y me rodeabas con un brazo mientras te sujetabas de la cadena con la otra mano "Dale, dale, más alto" Nos remontábamos y nos destornillábamos de risa...Pero en mi sueño no había risas, yo estaba triste. De pronto apareciste y comenzaste a hamacarme suavemente; yo gritaba "¡Hasta el cielo, tía, juntos, dale, subite conmigo!" Recuerdo con nitidez tus palabras "Yo ya estoy en el cielo pero quiero que vos te quedes y luches porque de eso se trata vivir; sé feliz, no importa el dolor que debas soportar ni las lágrimas que serán muchas, sólo sé feliz. Estoy con vos, a tu lado, permanentemente; te quiero, no lo olvides jamás"
No volví a soñar con vos pero tampoco olvidé tu mensaje. Supe que no ibas a volver, que ya no debía esperarte pero también entendí que tenía que resistir y ahogarme en llanto porque vos me lo advertiste "Las lágrimas limpian el alma, liberan al corazón de aflicciones, te enjuagan los ojos y te ayudan a ver con mayor claridad" De acuerdo, tía, voy a luchar y vos a mi lado ¿Lo prometés? Sí, lo prometiste.
Fue entonces que tomé la decisión de irme de casa, allí no había lugar para mí y mucho menos para Agustina. Me mudé a una pensión y me la llevé conmigo. En eso me apoyó toda la familia "Que se vaya y haga su vida si eso es lo que quiere. Tu marido tiene razón, es un vago, no estudia, no trabaja y encima esto ¡Dejate de embromar!" "¿Y de qué va a vivir el chico?" Quería saber la abuela, preocupada "Para vos, mamá, siempre son chicos; ya está grande; le doy para el primer mes de renta y que se busque un trabajo, que aprenda a ganarse la vida, si es caprichoso, bueno, que se pague sus caprichos"
Me llevé mis cosas, bah, lo poco que tenía: Un par de jeans desgastados, algunas remeras, las zapatillas de básquet, mis discos, mis libros y mi secreto bien envuelto, no sea que a estos miserable se les ocurra revisarme el equipaje para constatar que no me afanara nada; si lo descubrían serían capaces de romperme todo o tirarlo por la ventana. Me muero, te juro que me muero o los mato; a mí que me hagan lo que quieran pero con vos, Agustina, que no se metan, tus cosas son privadas y no se tocan.
Sólo Mariela lloró, lo hizo en silencio; eternamente silenciosa fue su vida, ella era la víctima pero nadie se dio cuenta jamás. La forzaban a elegir y ella no podía ¿Cómo oponerse a su familia? Era la que le tocó en suerte...Pero tampoco podía recharme a mi porque, aunque los demás no lo admitieran, yo también era su famila. Pequeña Marila, ese día comprendiste cuándo se es adulto; cuando ya no se exige sino que se espera, callado, que la vida resuelva por vos. No todos tienen coraje para luchar contra los obstáculos, tampoco yo estoy seguro de poder hacerlo pero en mi caso es diferente, Mariela, vos tenés una familia, yo sólo tengo a Agustina...y a vos; no te voy a abandonar, vamos a seguir viéndonos, voy a presentarte a ella, te va a gustar, la vas a querer pero no se lo digas a nadie, es nuestro secreto. Dame un abrazo y dejame que te seque esas lagrimitas, guardalas para cuando las precises de verdad, yo estoy bien, sigo los dictados de mi corazón.
"Pero ¿Quién te va a cuidar, Ignacio, si ya no tenés familia?" "Yo tengo un ángel, mi tesoro, está siempre a mi lado, vos la conociste pero la olvidaste, algún día te voy a hablar de ella y ese va a ser nuestro segundo secreto"
Mariela me abrazó tan fuerte como le permitieron sus brazos flaquitos y me dejó las mejillas rojas pero no de un chachetazo, de besos, esos que todavía guardo en lo más profundo de mi ser. Salí del dormitorio prometiéndole que la iba a llamar, que yo sabía que podía contar con ella y que le haría saber cuando necesitara de su ayuda.
Papá se recluyó en la cocina, no quería verme. Mamá estaba en el balcón, ofendida, por supuesto, una vez más yo era el responsable de sus desdichas ¡Pobre mártir infligida por la vida con semejante hijo!
La abuela se levantó del sillón, me besó, me abrazó y me puso en la mano dos billetes de cien pesos "Llamame, no pases hambre, cuando me necesites, buscame" "Gracias, abuela, lo voy a tener en cuenta"
Al cerrar la puerta sentí el timbre del teléfono; seguro que era mi susceptible tía que quería cerciorarse que la persona "non grata" ya se había ido.
Continuará...
jueves, 1 de marzo de 2012
INSTRUCCIONES PARA LEER "RENACER"
PARA SEGUIR EL HILO CONDUCTOR DE ESTE CUENTO LARGO, ES NECESARIO SEGUIR LA SECUENCIA POR ORDEN PARTIENDO DE LA PARTE 1 Y ASÍ SUCESIVAMENTE...
RENACER - PARTE 2
-No me estás oyendo, Ignacio.
-Disculpame, Agustina, a veces me voy tan lejos...
-Ese es tu problema, que siempre te vas, que no podés solucionar nada.
-Lo intento, te juro que lo intento pero no me escuchan.
-Pues, gritá, entonces.
-No se pueden resolver las cosas a los gritos; si lo sabré yo- hasta ese momento había hablado con la cabeza gacha pero levantó la cabeza y la miró- Vos no tenés idea de lo que es vivir gritando y cada respuesta es un cachetazo pero no no como una manera de decir, no, un cachetazo de verdad, de esos que te dejan la mejilla roja y la impotencia que te aplasta impidiendo que las lágrimas salgan y al final te ganan, saltan las lágrimas, el sollozo "Ay ¿A ver cómo llora el mariconcito?" y un día decidís no increpar más, no exigir más, no dejarte doblegar más.
-Bien, bien, muy bien; así que de mariconcito pasamos a cobarde.
-Agustina, no me lastimes, sos lo único que tengo.
-Entonces salí a pelear por mi.
-Lo hago. Ya me fui de casa, dame tiempo.
-Tiempo, tiempo, tiempo ¿Cuánto tiempo más necesitás? Estoy harta de estar encerrada en esta pensión de mala muerte. Dejame salir.
-No puedo, no estoy preparado ni vos tampoco.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
-Disculpame, Agustina, a veces me voy tan lejos...
-Ese es tu problema, que siempre te vas, que no podés solucionar nada.
-Lo intento, te juro que lo intento pero no me escuchan.
-Pues, gritá, entonces.
-No se pueden resolver las cosas a los gritos; si lo sabré yo- hasta ese momento había hablado con la cabeza gacha pero levantó la cabeza y la miró- Vos no tenés idea de lo que es vivir gritando y cada respuesta es un cachetazo pero no no como una manera de decir, no, un cachetazo de verdad, de esos que te dejan la mejilla roja y la impotencia que te aplasta impidiendo que las lágrimas salgan y al final te ganan, saltan las lágrimas, el sollozo "Ay ¿A ver cómo llora el mariconcito?" y un día decidís no increpar más, no exigir más, no dejarte doblegar más.
-Bien, bien, muy bien; así que de mariconcito pasamos a cobarde.
-Agustina, no me lastimes, sos lo único que tengo.
-Entonces salí a pelear por mi.
-Lo hago. Ya me fui de casa, dame tiempo.
-Tiempo, tiempo, tiempo ¿Cuánto tiempo más necesitás? Estoy harta de estar encerrada en esta pensión de mala muerte. Dejame salir.
-No puedo, no estoy preparado ni vos tampoco.
Imagen tomada de Internet
Continuará...
miércoles, 29 de febrero de 2012
RENACER (PARTE 1) UN CUENTO DE MYRIAM JARA
Esa mañana, la discusión comenzó más temprano que de costumbre. Había pasado mal la noche y últimamente le costaba conciliar el sueño. Era frecuente dormirse pensando en un despertar violento. Cada sermón de Agustina le despedazaba un poco más el corazón y la vida, le desgarraba la piel y el alma.
La amaba con todo su ser, ellos eran uno, lo sabía pero no era fácil lidiar contra el resto, aquellos que formaban parte de su entorno más cercano: La familia.
Había intentado, de a poco, casi sutilmente, presentar a Agustina pero invariablemente la negaban, la impugnaban, no la conocían y tampoco tenían intenciones de hacerlo.
-Siempre fue el conflictivo de la familia- Juzgaba su tía mayor.
-Yo no sé por qué no lo echás de una patada- Sugería algún primo.
- A mi no me metan en este asunto; nunca me dieron el lugar de padres, cada vez
que intentaba decir algo me hacían cerrar la boca- Se justificaba el progenitor.
- No, si ahora resulta que soy la culpable de todo ¿Por qué no se hacen cargo un
poco cada uno, eh?- era el argumento de la madre del "indeseable".
La única que guardaba silencio era Mariela, su hermana menor; ella quería a Ignacio y estaba dispuesta a aceptarlo y aceptar todo aquello que fuera parte de él pero ¿Quién la iba a escuchar?
- Vos, mocosa, ponete a estudiar y no te metas en asuntos de adultos.
- ¿A qué edad se es adulto, abuela?
Solía preguntarle Mariela a la única persona de la familia con quien podía abrir su corazón, probablemente porque también fue repudiada por sus padres y hermanos cuando, con cuatro hijos a cuestas, tomó la decisión de abandonar a su marido. No era de mujer decente, allá por mediados del siglo veinte, salir a la vida en busca de independencia, cerrar la puerta a un cúmulo de desilusiones y desencuentros. Eso había sido el matrimonio de la abuela de Ignacio, Mariela y otros tantos.
-Ya no está en edad de educar hijos y quiere opinar sobre los nietos; para
educarlos estamos nosotras- Siempre arrogante con su tono imperativo, la mayor de los cuatro hermanos.
Continuará...
viernes, 24 de febrero de 2012
SIN REFERENTE (Poema de mi autoría en vídeo compaginado y editado por mi)
Para su mejor apreciación, poner stop en mi música...
miércoles, 22 de febrero de 2012
SÓLO BASTA EL DESEO
En estos días adversos
En que me asalta la pena
Y me estremece la oscuridad,
Intento salir del pozo
Imaginando tu rostro.
Son instantes inesperados
En que resuena tu risa
Y tus manos que me acarician
Delineando una sonrisa
En esta, mi cara abatida.
Tus ojos están húmedos
Los míos ya se secaron
Se han quedado sin lágrimas
De tantas que he derramado.
Las jornadas son monótonas,
Las semanas se hacen meses.
Te sueño de día entre sábanas blancas
Te pienso de noche abrazando tu alma,
Mientras en lenta y agónica espera
Se condensa la madrugada.
Las horas pasan de prisa
Cuando brilla la luna en el cielo,
Es esa luna que miramos
Al mismo tiempo los dos,
Vos con los ojos, yo con el corazón
Hoy se allegó una estrellita y me susurró al oído al ver una gota propagada en mi mejilla:
“Cuando te sientas vacía, cuando no puedas elevarte, cuando te juzgues rendida, recuerda cuánto te ama porque aunque no puedas verlo él está muy dentro tuyo, tanto como en su interior te guarda. Ha recuperado las fuerzas para ser tu norte, tu guía; ha dejado su existencia a un lado para cuidar de la tuya. Entonces, ya no solloces porque no existe en el mundo un amor tan santificado como el que DIOS les ha conferido”
El milagro se produce
Cuando prorrumpen las primeras luces.
En el silencio de esta habitación,
Mientras el sueño me somete
Descubro en mi frente tu beso.
La oscuridad es amparo
Cuando te siento junto a mí.
No desistas de pensarme
Yo no renunciaré a pensar en ti,
Eso nos mantendrá unidos,
No lo olvides, vida mía.
Cuando recupere mis sentidos
Voy a remediar tus heridas,
Voy a restituirte la alegría,
Voy a ser esa paleta
En que resplandezcan los colores
Que archivaste en tu cubil.
Te ruego que no te rindas,
Que no te devore la congoja,
Que resurjas de esa cama
Donde te derrumbó la angustia.
No te sueltes de mi mano,
Yo no voy a soltar la tuya.
Redimamos nuestra vida,
Esa eufórica existencia.
Es preciso que retorne
El fabricante de ilusiones,
Ese genio, loco, orate,
Creador de mundos mágicos,
Autora: Myriam Jara- Autora de sus vivencias
Octubre 2011- El mes de la ceguera
sábado, 18 de febrero de 2012
Si el precio de amarte es:
Llorar,
Rogar,
Perdonar,
Pedir perdón,
Olvidarte y no lograrlo,
Recordarte sin desearlo,
Obsesionarme con tu ausencia,
Que me aturda tu silencio,
Tragarme las broncas por no herir
Tus sentimientos,
Ahogar mis emociones para no obstaculizar
Tus ilusiones,
Soportar tus celos,
Reprimir los míos para conservar
La dignidad,
No,
Yo no pago.
La soledad
Es ingrata
Pero gratis...
Autora: Myriam Jara
miércoles, 8 de febrero de 2012
H Y M - LA GUERRA Y LA PAZ
¿Por qué perturbás mi espíritu?
¿Por qué no cerrás la boca?
¿Pensás que me sabe a sinfonía tu voz estrepitosa?
¿No te das cuenta que no me importan tus ideas?
¿Vas a volver la hoja por andar increpando?
¿Por qué pensás que podés cambiarlo?
¿Desde cuándo el mundo dejó de ser como es?
¿No podés entender mi deseo de contemplación?
¿Que los Tobas requieren de vos, una blanquita frívola?
¿Podés mirarte y ver cuán poco vale tu vida?
¿Estás segura de tu capacidad de dar amor?
¿Por qué debería concernirme aquello que no puedo remediar?
¿Podés dejar de fastidiarme?
Pregunta M:
¿Desde cuándo sos espíritu?
¿No son espíritus los desencarnados?
¿Por qué te molestan mis ideales?
¿Es tan malo considerar el padecimiento ajeno?
¿Por qué debería enmudecerme?
¿Te aburren mis ideas humanistas?
¿Y cómo vas a lograr abstraerte del mundanal ruido?
¿Forzándome a silenciar mi voz?
¿Acaso pensás que estoy sola?
¿Que no hay otros tantos como yo?
¿Estás convencido de que mi vida no vale nada?
¿Tu silencio es mejor que mi alborotador reclamo?
¿Tan egoísta es tu naturaleza?
Dice H:
No te soporto más
Me pongo mi bata blanca
Me voy al Tibet
Necesito meditar
Dice M:
No te soporto más
Me pongo el casco verde
Me voy a Irak
Necesito batallar
Autora: Myriam Jara
domingo, 5 de febrero de 2012
EL ESTIGMA
Las calles de Venecia estaban solitarias y le gustó, como le gustó el viento que, impetuoso, arremolinaba su pollera dejando al descubierto sus bonitas piernas, lo único bonito que había tenido. La fealdad fue su estigma y la causante de su vida solitaria. Ni siquiera su simpatía, exageradamente pretendida, le había proporcionado la felicidad de sentirse la dueña de un corazón. Tuvo muchos amigos, hombres casi todos, pero ninguna se fijó en ella como mujer. No los podía culpar; la culpa era de la maldita sociedad de consumo que promovía la belleza como el estandarte del éxito. No era socióloga que pudiera hablar desde la investigación, a duras penas había conseguido un cargo de jefa de sección en una pequeña empresa. Cada entrevista, esperaba ansiosa, sentada con la cabeza gacha, apretando el currículum que años de estudios, congresos y simposios, guardado con prolijidad en una voluminosa carpeta, atestiguaba su capacidad. El resultado era siempre el mismo. Cuando a su lado se ubicaba una que otra jovencita vestida provocativamente, con el cabello largo y rubio, dueña de un rostro que tocaba la perfección y un cuerpo esculpido por manos hábiles tras largas horas de quirófano, Marisa sabía que había perdido la partida. A nadie le importaba su experiencia laboral, ni su doctorado en Recursos Humanos, sólo ponían atención en su aspecto. Era así, debía aceptarlo, de todos modos no tenía opción. No había cirujano que pudiera mejorarla. Era fea y se sabía fea. Había heredado la osamenta masculina de su padre y la nariz deforme de su madre; los labios pulposos no la ayudaron mucho, un poco de pintura no hacía más que resaltar esa boca desagradablemente carnosa. La abuela, viejita generosa, le legó los ojos de un turquesa asombroso pero la hipermetropía la obligaba a ocultarlos detrás de gruesos lentes con marcos igualmente gruesos, acordes al tamaño de su rostro, de sus facciones todas. También la cabellera era herencia de su madre, cabello mixto y rebelde que únicamente pudo manejar cuando el peluquero le sugirió que lo cortara, una melenita insulsa que se abultaba en la nuca, entonces lo recogía a los costados con unas hebillas o con una bincha hacia atrás, brindando un aspecto prolijo aunque pasado de moda. No podía usar pantalones como le hubiera gustado, esos trajecitos ejecutivos que tan bien le hubieran sentado dada su estatura, pero la cola plana, chata como sus pechos, no se lo permitían. Se había resignado a la condena perpetua de la falda que tenía la contra de ocultar sus bellas piernas que algún antepasado ignoto le había conferido. Si hubiera tenido una cara pequeñita, unos rasgos más finos, un cuerpo menudo, podría haber usado minifaldas, era joven para hacerlo, pero se vería ridícula con su metro setenta y ocho y esa cara de equino, como solían llamarla sus compañeros.
Tenía suficiente inteligencia para hacerse cargo de sus defectos, bastaba con mirarse al espejo cada mañana, no esperando el milagro de una transformación divina, sino en la ardua tarea de volverse presentable. Cuando volvía del trabajo preparaba algún bocado, se quitaba los zapatos y con la bandeja sobre las piernas se reclinaba en el sillón para mirar la televisión. Películas de época con las que no pudiera identificarse, que no la hicieran sentir tan fuera de contexto. Le hubiera gustado vivir en esa época donde los vestidos ostentosos eran los protagonistas ensombreciendo la figura, pero le tocó ésta, la era de la belleza, de la pollera corta, de los pantalones apretados perfilando glúteos redondeados, blusas escotadas por donde asomaban bustos prominentes, cabelleras al viento enmarcando rostros angelicales con dientes como esculpidos en porcelana, o tal vez, esculpidos en porcelana pero con un aspecto tan natural que nadie se atrevería a apostar por lo contrario. A ella, en cambio, ni siquiera le habían hecho ortodoncia, un gasto que no valía la pena, decía su papá, el dueño de la osamenta gruesa.
Nada de lo que intentara podía convertirla en lo que no era, entonces apelaba a sus buenos modales, modales femeninos en un cuerpo cuasi masculino. Aprendió a reírse de sí misma y eso la volvió encantadora para las horas de trabajo, pero nunca era invitada al cine, nunca una cita, nunca un beso apasionado. Tuvo sexo, sí; no faltaba quien quisiera llevar a la cama a cara de equino. Aceptó ilusionada las primeras citas, podía ser tan fogosa como cualquiera, más aún; ella no precisaba ocuparse de verse bien a la hora de hacer el amor, sería inútil, entonces se entregaba en cuerpo y alma, brindaba placer a destajo, sin pudores, sin restricciones, siempre con la luz apagada. Los audaces que se animaban a arrojarla en la cama se cuidaban de mirarla, disfrutaban de sus manos recorriéndoles con avidez el cuerpo, de su boca amplia que, al momento del sexo oral, resultaba insuperable, pero no se preocupaban del placer de ella, la manipulaban como a una muñeca inflable, y cuando lograban el éxtasis, se vestían y se iban dejándole un beso en la frente y el vacío que se produce cuando no hay abrazos, cuando se despierta sola en la cama, cuando no se espera que le preparen un café. Gozaban y se iban. Pero se había acostumbrado y pensaba que era mejor eso que la autosatisfacción, al menos podía disfrutar del placer que sentía al oírlos gemir…aún con la luz apagada o porque la luz estaba apagada; mejor así, podía dar rienda suelta a la mujer hambrienta de sexo, apretar nalgas fibrosas, enredarse en las piernas peludas del caballero de turno, lamer el pene con apetito hasta sentir el semen derramado en su cara. Con el transcurrir del tiempo lo comprendió y le sacó provecho. Eran ésos momentos en que el poder lo tenía ella, a ella le pedían más, por ella gemían y se retorcían y se sacudían frenéticamente. Sí, era la mejor hembra, capaz de superar a ésas frígidas carilindas. No le faltaban hombres que la acompañaran hasta su casa para meterla en la cama sin preludios. Se había convertido en una leyenda sexual. Suponía que la información había corrido como reguera de pólvora “Cara de equino es una fiera, una maniática sexual, imperdible…para una noche” Si el placer tocaba el punto más álgido, podía esperar una segunda oportunidad, pero eso no sucedía a menudo, era bocado de una noche, una vez a la semana, con suerte, generalmente cada quince días.
Llegó a las calles estrechas esperando encontrar a algún desesperado, ansiando ver la cara de la miseria, pero no encontró a nadie, la miseria sólo se reflejaba en la fachada de las casas de dos plantas con sus paredes sucias y descascaradas. Era de madrugada; la gente dormía, algunos en soledad, otros, abrazados a otro cuerpo, estarían los que no dormían cuidando al hijo con fiebre, o que febriles, galopaban sobre sus mujeres, arrancándoles gemidos que ella nunca experimentó, salvo cuando usaba su inseparable vibrador, fiel amante que se ocupaba de proporcionarle placer; así y todo, prefería un hombre a su lado, aunque se ocupara de dirigirla a sus puntos más vulnerables sin preocuparle qué le apetecía a ella. No le importaba, por un par de horas se fusionaba con un cuerpo varonil y si no lograba el orgasmo, cuando se iba, le quedaba el recuerdo del pene agitando su vientre y el recurso de su compañero a pilas.
Una vida patética que no merecía la pena de sufrirla; podía disfrutar, tenía derecho. Aunque los demás no lo apreciaran de ése modo, Marisa cara de equino, era un ser humano y no debía privarse de aquello que tanto deseaba. Planificó con cuidado su viaje. En primer lugar, retirar todos sus ahorros del banco, una suma considerable. Ganaba bien y gastaba poco. Bueno, había llegado el momento de dilapidar tantas horas de trabajo. Luego visitar agencias de viaje en busca de un hotel cinco estrellas, vuelo en primera clase, limusina en el aeropuerto, ropa nueva, extensiones que le otorgaran la cabellera que tanto había ambicionado, sin importarle si estaba al tono con su rostro. Estaba dispuesta a permitirse todo aquello que había relegado por fea. Solicitó las vacaciones que nunca tomaba ¡Si no tenía a dónde ir ni con quién! Prefería ocupar su mente en el trabajo, llevando una vida mediocre pero metódica, a la espera de la oportunidad que la hiciera sentirse alguien. Bien, ya hablarían de ella, al menos le dedicarían una semana; sería el tema de cuchicheo en las oficinas, en los bares y hasta en los dormitorios. Sí, iban a hablar de ella porque les daría un buen motivo.
La tarde anterior al viaje, fue a la empresa vestida como una reina, con su nuevo cabello, las uñas perfectas y sin anteojos, aunque no veía nada, pero percibía, claro que percibía las miradas burlonas de las mujeres y las de los hombres, pasmados. Caminó con paso firme, poniendo todo su empeño por mantener la cabeza en alto, la frente erguida, el cuerpo recto. Entró al despacho de su superior y le dijo que tal vez necesitara más de un mes, un viaje tan costoso era para aprovechar. Su jefe quiso protestar pero ella no se lo permitió, de ninguna manera estaba dispuesta a ceder un mínimo de su tiempo por una empresa que nunca la valoró; le debían dos meses de vacaciones y los iba a tomar sin fraccionarlos. Fue su última palabra y sin esperar respuesta, salió pegando un portazo. Sonrió satisfecha al imaginar la cara rubicunda de ese petiso, calvo y barrigón, que se atrevía a mirarla con desdén. Se dirigió a la salida sin volver la vista, presuponiendo las estúpidas miradas de los empleados, clavadas en su espalda, la boca abierta, la lengua colgando, los ojos desorbitados ¿Qué le pasó a cara de equino? Sí, sí, seguro que era la pregunta obligada pero no obtendrían nunca la respuesta.
El último y doloroso compromiso a cumplir, fue ir al departamento de su amiga Mimi, para dejarle en custodia a Lucrecia, su gatita siamesa, el único ser que se alegraba al verla llegar, que se enroscaba en su cuello a la hora de dormir y compartía, sentada sobre su falda, largas sesiones de televisión y chocolates que se repartían entre las dos.
-Cuidala como si fuera tuya. No la dejes salir al balcón, le gusta andar por la cornisa.
-Quedate tranquila, mujer. Lucrecia y yo nos vamos a llevar muy bien ¿Verdad, Lucrecia?- dijo Mimi acariciando el lomo del animalito que ronroneaba mientras caminaba en círculos, rodeando las bonitas piernas de Marisa. Y Marisa salió sin voltear, no por pedantería, sino por no llorar.
Fueron hermosos los días en Italia; recorrió durante un mes y medio distintas ciudades, cenó en los mejores restaurantes, visitó museos, compró ropa de alta costura, trajes de saco y pantalón y hasta disfrutó de los amantes latinos, los únicos que le proporcionaron celestiales e intensos orgasmos…y con la luz prendida.
El problema de Marisa no había sido la fealdad sino su sentido de la fealdad. En Italia había nacido una nueva Marisa, cara de equino había muerto. En las calles napolitanas, romanas y florentinas, descubrió su verdadera esencia. Una mujer que se plantaba segura ante los otros, que podía disfrutar de una copa de vino tinto, no en soledad, sino sola por elección. Para entonces era ella las que abandonaba en el lecho al caballero de turno para irse sin siquiera dejarles un beso en la frente.
El viento volvió a arremolinar su pollera y la luz intensa la deslumbró. Era hora de volver, estaba amaneciendo y no quería perderse el espectáculo. Entró a su suite y miró la gran cama, luego se miró en el espejo del tocador y esbozó una sonrisa. Sus ojos estaban más turquesas que nunca, un brillo especial resaltaba el color de los ojos de la abuela, en su mirada había paz, su rostro se había vuelto bello porque bella era su alma. Luego volvió la vista a la cama de dos plazas y miró con piedad a cara de equino. El veneno ingerido le había dejado una mueca de horror que Marisa creyó entender que ésa la que efectivamente veían las personas en ella, provocando el rechazo que la llevó a tomar una decisión drástica pero simple.
Se sentó en la butaca blanca mirando la puerta. En cualquier momento entraría la chica de la limpieza y no quería perder detalle de los sucesos que sobrevendrían al grito inicial. Podía imaginar la ambulancia, la cara de horror del conserje, la policía, los pocos turistas agolpados en la puerta, tratando de averiguar qué estaba ocurriendo.
Marisa no estaría para entonces. Otro destino la esperaba, recorrer las calles de Venecia por toda la eternidad, sin ver y sin ser vista.
Autora:Myriam Jara- La eterna escritora disconforme
lunes, 9 de enero de 2012
LA ESPERA
Hay silencio sepulcral
Hay dolor de alma y cuerpo
Hay lágrimas que desbordan
Hay una pena que agobia
Hay angustias que laceran
Hay deseos de escapar
Hay recuerdos que perduran
Hay mucho para olvidar
Hay sueños no concretados
Hay promesas no cumplidas
Hay metas no alcanzadas
Hay ausencia de amor
Hay vida malgastada
Hay palabras que lastiman
Hay engaños y mentiras
Hay falacias que derrumban
Hay una profunda oscuridad
Hay un cielo que no brilla
¡Ay, vida, cuánto lastimas!
¡Ay, muerte que prolongas la agonía!
Hay tanta soledad…
6 de diciembre de 2011- Terapia Intensiva
Autora: Myriam Jara- La eterna poeta disconforme
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)














