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viernes, 24 de mayo de 2013

HERMANO DE CUATRO PATAS


Gracias por estar a mi lado,
Por quererme como soy,
Un indigente, un desheredado,
Sin familia y sin morada.

Mi tapado es la intemperie,
Mis paredes, la brisa,
Mi lecho, un trecho en el suelo,
Mi abrigo, sos vos.

Hoy, el diluvio me empapó;
Sentí aterido los huesos…
El frío caló hondo en mi alma…
Pero allí estabas vos.

Aprecié tu pelambre húmedo
Estrechando mí padecer
Tibia manta que no tengo,
Cálido abrazo a mi corazón.

Pudiste guarecerte en un rincón
Pero optaste  por mis piernas,
Te echaste sobre ellas,
Prodigándome ternura y calor
.
¡Qué  importa la hostilidad mundana,
Las carencias materiales!
Golpea fuerte la indiferencia…
No obstante, es llevadera si estás vos.

No me abandones nunca
Hermano de cuatro patas.
Estamos solos en la inclemencia…
Desguarnecidos pero fusionados…

El frío y la lluvia,
La apatía social,
La fatigosa subsistencia,
Siempre juntos…vos y yo





martes, 21 de mayo de 2013

EL ANGEL DE LA SOLEDAD


En esa torre
Entre escalas, muros y almenas
Habita un ángel
Con el corazón lleno de pena.

Fue la soledad su condena,
La soberbia, su pecado,
Al pretender robarle al tiempo
Aquello que había olvidado.

Encerrada
En la celda del pasado
¿Quién podrá derrumbar la torre?

Será tal vez alguien
Que nunca fue esclavo
De aquel ser amado,
De aquel ser odiado.



Autora: Myriam Jara- La Eterna Poeta Disconforme
Ilustración: "VERSOS EXTRAVIADOS" de Oswaldo Mejía
 (Registrado en la Dirección Nacional de Derechos de Autor)

lunes, 13 de mayo de 2013

DÍA A DÍA




No me pidas, mi efusivo enamorado,
Que te prometa amor eterno.
¡Es tan inestable el corazón!
¡Tan fluctuantes las emociones!

Fuimos hechos de pasta laxa,
Las circunstancias nos moldean.
Es el destino que juega con nosotros
Como marionetas, a su antojo.

Qué más podría anhelar, cariño,
Que estar perpetuamente a tu lado
Si las huellas de tus pisadas
Con fuego fueron grabadas.

Mas el tiempo nos dirá
Cuán extenso será el camino
Que tomados de las manos,
Nos invite a transitarlo.

Habrá cielos diáfanos,
Remolinos, días grises,
Habrá soles que nos abracen,
Habrá púas que laceren…

Si poseyéramos el arrojo,
El atrevimiento, la posibilidad,
Si nos disociáramos del entorno
Sería viable…Quién sabe.

Pero cómo puedo darte mi palabra
De que nadie se atravesará en este andar
Tendiendo un sendero de dudas,
Diseminando quejas y recelos…

Y si por si acaso aconteciera,
Si ya no confiaras en mí,
Es posible que el amor sucumba,
Y con él, desaparezca yo…





domingo, 12 de mayo de 2013

UN PARAGUAS NO DETIENE LA LLUVIA




¿Qué ves cuando tu mirada se posa sobre mis pasos? Es acaso esa interrogante que nunca obtendrá respuesta pues…tan obtuso y finito es el orbe que te rodea, que no logras distinguir más allá de lo que tus ojos pueden mostrarte. Entonces, olvida esta pregunta, pues no hay cabida para los ajenos en estos, mis mundos de cielos alternativos. Estos sabores no se guisaron para ti.

No lo crees posible…

-No hay más espacio que la zona en que nos encontramos; todo lo por ti pronunciado, es falacia, artimaña para instaurar la anarquía de tus impúdicos trazos - Sentenciarás en un postremo pujo por sacudirte la aprensión que se aglutina en tu piel como masa viscosa, orientando tus energías en demoler aquello que te es incomprensible.

Vas con la redecilla en la mano, corriendo por tus áridas superficies, intentando atraparme cual mariposa. Te ufanas de haberlo logrado. En tu rostro se dibuja una mueca de complacencia al creer que el pánico hace presa de mí, más te aseguro que no hay ni una pizca de temor, sólo hay una sarcástica expectación de tu bastarda condición de ente fracasado.

No lo crees posible…

-¡Lo conseguí, lo conseguí! Enjaulado entre los barrotes del olvido, la censura y el amordazamiento, ya no será el vociferante narrador de sueños fantásticos- gritas eufórico, al tiempo que tus semejantes, carentes de argumentos, te aplauden, a la vez que revolean sus rabos divinizándote como el semidiós liberador de “los orejas largas”.

¿Cuánto tiempo, crees tú, que me tendrás en la cripta que minuciosamente construiste para mí? ¿Treinta días? Eso te dijo el amo del reino de cuadrúpedos que se obstinan en pisar suelo firme, mientras el barrizal los va tragando. Insólitamente, me esfumo ante tu pasmada visión, dibujando en tu cara ese desconcierto que te vuelve tan irreal, desnudando tus calumnias, tu intolerancia, tu envidia.

A salvo de tu mezquindad, retorno a mis mundos alternativos y mi magia se agiganta, pues…tú no eres digno de detener lo por mí manado. ¡Apártate de mi camino o pisotearé tu cabeza de asno!



Autores de la prosa: Myriam Jara y Oswaldo Mejía (A los inquisidorcillos y censuradores) 
Imagen: Oswaldo Mejía


martes, 7 de mayo de 2013

Relato 15 del libro "LOS DELIRIOS DEL LIRIO"


Es una especie que en su sangre lleva la herencia de Dioses medianos y ángeles parias, llegados aquí luego de acumular su conocimiento, tras cometer errores ancestrales, luego de depredar y llevar al colapso los mundos que antes los cobijaron; Dioses y ángeles usurpadores que fueron recibiendo lecciones, dándose de cabezazos contra su propia necedad y quizás, ni siquiera asimilaron las lecciones, quizás… tan sólo se convirtieron en portadores de malas experiencias, errando y tropezando múltiples veces con el mismo escollo. El caso es que llegaron aquí con el estigma de destructores de mundos, asustadizos fugitivos de  fatales destinos que ellos mismos se forjaron.
Con esas taras a cuestas, generaron la vida en este planeta, transmitiendo a las criaturas, productos de sus experimentos, el intrínseco cretinismo a través de los genes que extrajeron de sí mismos, y de ese modo, inocularles la capacidad del libre albedrío. Los nativos de este planeta son la semilla maldita e imperfecta de seres que vinieron del espacio, huyendo e intentando expiar culpas, mostrándose ante ellos como deidades infalibles, omnipotentes, bondadosas y dueñas del gran orden universal. En realidad, no eran más que evadidos que poseían algo de adelanto técnico y con esto pudieron jugar a ser divinidades dadoras de vida.
Estos aprendices de Dioses, les instalaron el velo del conocimiento limitado a sus creados, no permitiéndoles mirar más allá de donde las supuestas divinidades dibujaron sus estrellas, entonces no pueden ni podrán jamás, hacer conexión con el auténtico GRAN HACEDOR. Su heredada miopía espiritual, les permite ver únicamente hasta el límite donde habitan sus Dioses y ángeles ficticios. A ellos oran y solicitan dádivas y bendiciones que no se las pueden conceder pues estos no tienen el poder de oír a millones de bocas implorantes, y aunque lo pudieran hacer, están muy ocupados intentando resolver sus propios miedos, necesidades y hambres.
Su “perfección” e imagen a semejanza de estos Dioses falsos, es la que les dicta que sean capaces de meter un animalito recién nacido en una botella, alimentarlo y mantenerlo en ese cautiverio mientras lo ven crecer en ese cada vez más apretado espacio que irá deformando su estructura ósea y todo su organismo hasta convertirlo en un macabro adorno… el animal con cuerpo de botella.
Es por ello que se divierten y hallan regocijo al estimular a sus congéneres a subir a un octógono para darse golpes a diestra y siniestra hasta terminar bañados con la sangre de sus contendientes y la suya propia a cambio de aplausos y un puñado de monedas. Por lo mismo, adiestran a bestias y aves  en el arte de matar, aprovechándose de su instinto de territorialidad. Todo ello es parte de ese “legado divino”… Sentir placer al ver verter sangre ajena y espectar, con deleite, cómo se le va la vida a otros seres en pro de su ludopático afán de apostar.
Son estas razones genéticas las que justifican su egoísmo al ufanarse de las guerras que fomentan, y el interés por acumular riquezas mientras sus hermanos de raza, a su lado, mueren de hambre y sed. Allí radica su intolerancia para soportar que quienes les rodean sean felices y tengan acceso a convivir con el amor. Es esa funesta herencia la que los empuja a hacer escarnio, mofarse y golpear el cuerpo y alma de una indefensa niña, cuyo único pecado fue venir al mundo, desamparada e incapacitada para enfrentar agresiones, debido a su real condición de ángel.
Esta niña nació hija de reyes. Rey y Reina con trono de esos que se compran con esfuerzo, un poco de astucia y dinero. Estos Reyes, como cualquiera en este mundo, jamás tuvieron la óptica para distinguir las alas de su pequeña hija. La abandonaron en una cuna-jaula dorada, rodeada de individuos cuya función era alimentarla y velar por su crecimiento corporal. La cuidaban, sí, pero también la mordisqueaban para compensar sus propios traumas, taras y complejos, a expensas de maltratar a la niña angelical.
La vida se ensañó con ella desde sus primeros días. No conoció a su Rey padre, quien prefirió irse dándole el título de bastarda. La Reina madre se quedó con ella pero la hizo de lado, desentendiéndose del natural instinto de prodigar amor y cariño al fruto de sus entrañas. Así fue creciendo la niña ángel con cabellos de Sol, sin conocer una caricia sincera, rodeada de viejas vestidas de túnicas y velos de color negro, tan negro como sus almas. Ellas se regocijaban asustando y torturando a la frágil niña, encerrándola, a menudo, en la oscura celda de una mazmorra donde habitaban imaginarios demonios que las malditas viejas creaban y embutían en su mente para que la atormentaran desde su propio subconsciente. Las lágrimas, la angustia y la soledad, fueron su inseparable compañía y aún cuando la niña logró escapar de su celda y alejarse de las garras físicas de sus celadoras, nunca pudo huir de los barrotes de la vulnerabilidad, pues ya estaban enquistadas en su mente. De nada serviría la careta de niña sonriente que con tanta dedicación se confeccionó para ocultar su inseguridad, ya que el aura y el aroma de su pureza eran tan marcados, que traspasaban el cartón de su sonrisa, haciéndola propensa a la envidia que estos seres llevan en la raíz de su esencia misma. Toda esta raza maldita, tiene el reflejo condicionado de ensañarse con los que se muestran débiles y sensibles. Las perversas vestidas de túnicas y velos negros, siempre volvían para atormentarla… aunque con diferentes rostros y otras vestimentas.
Con sus sueños de vidas pasadas, en las que recordaba haber extraviado un gran amor, y sin perder la esperanza de hallarlo en esta, la niña continuó su andar por este mundo  sin lograr que sus atacantes la perdieran de vista.  Por donde iba, y pese a su sonriente máscara, era reconocida como una vulnerable, siendo siempre la presa, por defecto, de brutales  mordiscones y arañazos que, aunque herían profundamente su nívea piel y delicada musculatura, resultaban más lacerantes para su ya adolorida alma. Ella se había jurado a sí misma que nunca más lloraría ante sus atacantes… no volvería a darles ese placer. Entonces soportaba estoicamente las arremetidas de sus agresores de turno sin variar la “U” indeleble de su sonrisa. Si al llegar la noche debía llorar mientras  curaba sus heridas, lo haría a solas, hasta que el cansancio la sumiera en sueños. En estado de ensueño, con sus alas oníricas, viajaba hacia los brazos de aquel amor que en vidas pasadas se le perdió entre los derroteros del destino.
Ocurrió una tarde de abril. Por la rendija de su puerta, alguien deslizó un papel blanco. La niña, curiosa, lo tomó y leyó: “Necesito tu rostro para pintar un ángel”.  Miró el reverso de la hoja y en él halló la imagen de un rostro de hombre. El lado derecho estaba pintado de color moreno y el izquierdo de color celeste. Su ojos tenían un mirar triste pero taladrante, y de marco, una cabellera abundante y alborotada. La niña ahogó un grito y sin emitir sonido alguno se dijo “Es él”. Abrió la puerta y salió corriendo hacia la calle para ver quién había dejado la nota con aquella enigmática imagen, mas no había nadie en los alrededores. Vio, a lo lejos, un grupo de mujeres que con risas de hiena se mofaban de su confusión. Presurosa, temiendo un nuevo ataque por parte de estas, regresó a casa y cerró la puerta.
-¡Él es…él es! ¿Pero dónde está? 
Llegó el invierno y la niña, que amaba el mar con devoción, decidió pasear por la playa, aprovechando que en esa época del año estaba desierta. Una pequeña ola que se aventuró a mojar sus pies, trajo flotando consigo una botellita y la depositó en la arena, delante de su vista. Al recoger el pequeño frasco, herméticamente taponado con un corchito, la niña vio que en su interior había un papel enrollado; con sus delicados dedos lo extrajo… otra nota, pero que ahora decía “Sólo permíteme adorarte” y más abajo, nuevamente, la imagen enigmática del hombre con el rostro de dos colores. Llevada por un fuerte impulso y sin dudar, mordió su dedo haciéndolo sangrar, y sobre la imagen escribió con su sangre “¡Te amo!”. Colocó el papelito en la botella, la tapó con sumo cuidado y la lanzó devolviéndola al mar…luego se sentó a esperar… ¿Qué? No lo sabía, sólo que debía esperar…
Al día siguiente, las olas cómplices, trajeron nuevamente hasta sus pies la botellita conteniendo otro mensaje que decía “Aún a la distancia, no sueltes mi mano que yo no soltaré la tuya”, rubricada, igualmente, con la imagen del rostro de dos colores. La niña, por vez primera, conoció el sabor de la felicidad: se sentía dichosa, eufórica, su vida tenía un motor para seguir existiendo. Embargada por esa sensación jamás antes sentida, escribió: “Juro ante Dios que no volveré a soltar tu mano, amado mío”. Colocó su respuesta dentro de la botellita y la tiró nuevamente al mar. Este ir y venir de mensajes se repetía diariamente. La niña ángel, llena de ilusiones, esperaba el próximo, siempre sentadita en la arena, sin moverse de su lugar.
El último mensaje decía: “Monta en tus alas de gaviota y ven a mí. Atraviesa esas montañas, yo te esperaré en la playa del otro mar… hay un largo sendero de lágrimas que nos falta recorrer, pero ese tramo lo caminaremos juntos, tomados de la mano, cuidándonos mutuamente”.
Cuando ella bajó de los cielos, los brazos de su amor con el rostro pintado de dos colores, rodearon su talle y ambos se fundieron en un largo beso que se adeudaban desde vidas anteriores…un beso apasionado e intenso que ambos habían esperado por mucho tiempo. En contraste, a unos pasos, también les aguardaba una infinita multitud de estas criaturas,  herederas del egoísmo y la crueldad, que sus falsos Dioses trajeron de la hipocresía de sus cielos. Los tenían completamente rodeados, no había intenciones de dar paso al amor, no lo permitirían.
Los vi tomarse de las manos y caminar con decisión hacia las fauces y garras que, amenazantes, los aguardaban. Ante mis ojos se desató la carnicería. Todos se afanaban por mordisquear y desgarrar los cuerpos de los amantes, pero ellos siguieron adentrándose entre la multitud hasta que los perdí de vista.
Cuando todo hubo, aparentemente culminado, la multitud se dispersó dejando la playa libre de su repugnante presencia. En la arena sólo quedaron unas cuantas plumas blancas y una estela de huellas de cuatro pies desnudos que se esfumaron en el infinito.

“IR TRAS UN SUEÑO ES IR CONTRA LA CORRIENTE, PERO TAMBIÉN ES LA MEJOR RUTA PARA ALCANZAR NUESTROS PROPIOS CIELOS”


Autores del texto: Oswaldo Mejía- Myriam Jara
Ilustración: Oswaldo Mejía





martes, 23 de abril de 2013

LA LUZ ENTRE LOS OJOS



  Cinco años… cinco años y ocho horas para ser más preciso ¿Cuántos minutos? No; eso sí que no podía recordar, y no era posible porque no era el caso, dadas las circunstancias de esa fresca y gris mañana otoñal, que mirara el reloj; una lástima no tener la exactitud de los minutos porque fue el día cuando la brújula vital enloqueció y lo mutó ciento ochenta grados, pero la hora no, la hora no podía olvidarla. Él siempre se ajustaba a su rutina. Ocho de la mañana ¿Cuántos minutos? Debería haber mirado el reloj y sin embargo no lo hizo; él, tan pendiente de los minutos, viejo seguidor de las tradiciones, entre ellas la puntualidad, no lo hizo, no tuvo tiempo; calculaba, ambiguamente, que serían cinco o siete minutos, a lo sumo, pasadas las ocho.
    A las ocho de la mañana, como cada día, de lunes a viernes, con una disciplina exacerbante, salió de su casa para tomar el tren de las ocho y diez que lo llevaba a su trabajo. Ese día no pudo tomarlo, los sucesos se lo imposibilitaron. Y sin embargo…desde ese día fatal no pudo apartar nunca más los ojos del reloj pulsera, era lo único que se permitía mirar cuando merodeaba por la ciudad. Solo, en su casa, sin más compañía que el mobiliario, podía sacudirse el miedo adherido al traje y apartar la vista del piso para relajarse y descontracturar los músculos cervicales.
    Stamatis extrañaba las caminatas largas, aunque arduas, formaban parte de sus ritos; vagabundeos que finalizaban en el banco de una plaza, observando a los párvulos que jugaban o rescatando horizontes y rostros que atraían su atención y él plasmaba para la eternidad con su vieja cámara fotográfica Leica, herencia de su padre.
    Del padre, del abuelo, de sus ancestros, había adquirido además y por sobre todas las cosas, el orgullo de la sangre griega que corría por sus venas y que se revelaba en su nariz aguileña, perfil distintivo de sus raíces. Presuntuoso, deambulaba con la frente en alto, haciendo ostentación de su tierra lejana en espacio pero intensamente enraizada en su esencia.
   Estaba por cruzar la calle angosta y empedrada para alcanzar el tren de las ocho y diez cuando vio a la niña de delantal blanco impecable que dejaba en claro que era lunes, lunes doce de junio. También la pequeña lo miró, y ahí comenzó la desdicha. La muchachita, con su mochila atravesada a la espalda, cruzó la calle. Stamatis percibió la luz entre sus ojos e inmediatamente, el automóvil que circulaba a gran velocidad, clavó los frenos. Stamatis ahogó el grito, la niña voló por el aire y cayó ensangrentada, su cuerpito cubierto por el delantal blanco salpicado de sangre. No se pudo hacer nada, la pequeña estaba muerta y él, fiel testigo, no pudo ayudarla.
   Llegó tarde al trabajo, y si bien le provocó cierto malestar, más fuerte era el de la visión de la ambulancia transportando el cuerpo sin vida, un cuerpo menudo enfundado en una bolsa negra. Trató de concentrarse en su tarea pero no lograba anular de sus pensamientos el macabro cuadro. Por la noche no pudo dormir pero siempre, puntualmente, a la mañana siguiente tomó el tren de las ocho y diez, aunque cambió el recorrido. No quería recordar la escena que se presentaba en sus sueños como una pesadilla, persistente, noche tras noche desde hacía cinco años y ocho horas.
    Muchos días pensó en la luz entre los ojos. Era de día, no había nadie más que ellos dos ¿Quién pudo haberla encandilado con la luz para que la jovencita cruzara la calle sin percatarse del automóvil? Nadie. No había nadie en ese preciso instante.
    Esa fue la primera vez que vio la luz entre los ojos y luego, sin pausa, vino una seguidilla de luces que acababan con la vida de las personas que la portaban, fue entonces que Stamatis comprendió el sentido de la luz entre los ojos: era el preanuncio de la muerte que actuaría en segundos, acaso en minutos. No pudo hablarlo con nadie, temía que lo creyeran un perturbado. Pero la luz se presentaba constantemente y de inmediato se producía el deceso. Lo concibió como un don, un don cruel, por supuesto. Él tenía el poder de percibirla pero no podía hacer otra cosa más que angustiarse y esperar que los hechos sucedieran tal como estaban predestinados.
    En los bares, en el cine, en la calle, en las plazas, por donde fuera Stamatis, cada día la luz se encendía en alguien y él ya sabía que era el fin de la existencia del portador. Fue a partir del discernimiento del don que decidió caminar sin ver. Salía de su casa para ir al trabajo y volvía directamente al hogar. No quería salir, no quería reparar en las personas que transitaban felices en la ignorancia de los últimos metros a recorrer. No podía auxiliarlos, pero tampoco padecerlo. Marchaba con la cabeza gacha, miraba el reloj y el piso, indistinta y alternadamente. El regreso a casa era su paz, la luz, despótica, lo forzaba al aislamiento, porque allí no había nadie que pudiera acongojarlo con la luz.
   Lo despertó el timbre del reloj. La seis cuarenta y cinco. Se calzó las pantuflas, se puso el salto de cama y caminó dos metros hasta la cocina, enchufó la cafetera eléctrica, puso la dosis necesaria de café, dos rebanadas de pan lácteo en la tostadora; en el dormitorio, sacó el traje de la percha y los zapatos acordonados, eligió la camisa y la corbata, las medias y ropa interior, también la camiseta, hacía frío. Doce de junio, faltaban pocos días para el invierno pero el frío intenso ya se hacía sentir, tendrían un invierno duro. Fue hasta el baño, corrió la cortina, abrió la ducha, constató la temperatura del agua. Se quitó la bata y se introdujo en la bañadera. Se envolvió con la bata de toalla, abrió el armario, extrajo la espuma de afeitar, la brocha y la maquinita. Cerró la puerta espejada y se dispuso a afeitarse. Recubría con la brocha su rostro cuando vio la luz entre sus ojos. Las manos quedaron suspendidas con la maquinita en alto, el corazón se contrajo latiendo cada vez más fuerte en una danza arrítmica, frenética; apreció el sudor frío, sintió el dolor de estómago. Se arqueó, volvió a enderezarse para mirarse al espejo y comprobar que la luz seguía allí, entre sus ojos. Stamatis sonrió. La paz llegó antes del último estertor, la paz de saber que nunca más tendría que caminar con la cabeza gacha.




domingo, 21 de abril de 2013

EL MATIZ DEL DESALIENTO



No conviene andar por la vida sin mirar dónde se pisa pues sin que te percates, se abre un hoyo y te devora. La vida te devora; se traga tus sueños y escupe decepciones; te enlaza una soga al cuello, quieres gritar y no puedes.
Ya diste ese paso que nunca debiste dar. Producto de la irreflexión, la imprudencia, cual cómplice que aconseja dejarse llevar por la estúpida corazonada… te dejaste arrastrar por tu inconsciencia y ahora no hay más que oscuridad pues la penumbra arrolló tu objetividad… cerrazón, lobreguez, el pasaje sin salida, el camino sin retorno…
Entre negros y blancos suelen fluir tus días… blancos de templada placidez…negros de rabias reprimidas… más hoy sólo hay grises… grises que te enlutan los sentidos, que te instalan la indiferencia en los huesos.
Los astros están pero no logras visualizarlos, los nimbos que tu mente crea, se enlazan formando un círculo, suprimiendo tu estado de alerta, extinguiendo el sol, la luna, las estrellas. Allí están las luminarias… siempre están pero tus retinas tan opacas como los días sobrevenidos, no pueden distinguirlas.
Has de resistir recostado en este lecho que te aísla, protegiéndote de los ávidos de inmolados. Este tálamo que te preserva, que desautoriza el ingreso de husmeadores al aposento de paneles, también grises, refugio de viciadas supuraciones que emanan de las heridas causadas y que huelen a sangre coagulada, te ayudará a soportar sin pensar más allá de este instante. Es la transitoria seguridad del recogimiento, es la existencia donde lo vital es la inapetencia y el hastío, tu sustento…
Pero pasa, justo cuando el relámpago ilumina la bóveda y el estruendo agita las ánimas,  precisamente en ese segundo en que luz y estrépito convergen en una mágica incidencia, justo en ese segundo, recobras la sapiencia, se  evaporan los grises, retornan los blancos y negros…transitoriamente…nunca se puede estar seguro cuándo se volverá a pisar en falso…

jueves, 18 de abril de 2013

LAS TRES ARPÍAS (De la novela "LAS ORQUÍDEAS LLORAN DIAMANTES SOBRE EL PANTANO")



# No tiembles, Benazir, ya estás conmigo, tu amado Jalil, ferviente amante, amo y esclavo. Has llegado hasta mí atravesando los muros de piedras Moriscas, desafiando a los que nos condenaron a vivir separados… tú, en esa fría celda… yo, en este repugnante pantano y ahora que me restituiste mi identidad, ahora que puedo recordar aquella noche ardorosa en que me brindaste tu esencia y piel y te hice mía, no serán estas hienas las que nos impedirán estar juntos por siempre, no mientras este león que recuperó la pujanza que de caballerizo dotado estaba, no ha de faltarme coraje para hacer frente a los demonios que me hundieron en el estiércol.

- Ja, ja, ja…La carroña jamás puede abandonar el estiércol…

- La oruga se cree león… Jaaaa, jaaaa, jaaaaaaaaa… Majestad de la boñiga… jaaaa, jaaaa, jaaaa…

- Feneceré de tanto reír…Jaaaa, jaaaa, jaaaa…

# No riáis, hijas del demonio, pues ya no les temo ni a sus pezuñas ni a sus fanales que destilan odio color púrpura. Pensasteis que sería vuestro por siempre pero la Dama Nívea trajo a mi doncella y destruyó a vuestro supremo ente sombrío. Él ya no puede dañarnos, no desde la morada del silencio y la oscuridad donde preside el lloro de entidades más prietas que la del mismo Luzbel.

- ¿Acaso cree él que puede librarse de nosotras?

- Déjalo que sueñe, será mayor su padecer jaaaa ja jaaaa

- ¡OH, el sanguinario león que se orina de miedo ante nosotras! jaaaa jaaaa

# ¡No es cierto! ¡Por supuesto que ya no me aterran! Bien sé que pensabais que sería eternamente larva del cenagal. ¡Pues estáis equivocadas! Es natural,  también yo lo concebí eterno, pero ahora veo la luz y reconozco el camino, el punto exacto debajo de la bóveda celeste cubierta por frondosos árboles donde las huestes del Califa me abandonaron a mi suerte, a la doliente soledad que se quebró con la presencia de tres arpías envueltas con alas de ángel. Sí, lo admito, tuve miedo al verlas vez ante mí. A pesar de la belleza y voluptuosidad que ocultaba su fiereza, esos ojos, ojos que miraban ávidos mi desnudez, mirada anhelante, gargantas secas, voz herrumbrada por siglos de erótica demanda, ruego de meretrices clamando por mi sexo. Me hicieron vuestro, no voy a desmentirlo, aun cuando esta revelación haga brotar lágrimas a mi enamorada niña.

* Qué… ¿qué, dices, Jalil? No comprendo…No entiendo tus palabras, dime que no es cierto… no con ellas… ¡OH, por Ala! Dime que deliras…

# Benazir, te lo suplico… no llores por ello… mi cuerpo nunca les perteneció, se apoderaron de él, me convirtieron en prisionero de sus oprobios, pero debes creerme, no tenía modo de resistirme, el espanto me dominó, mi hombría se expresó para complacerlas, pero no hubo amor ni pasión, sólo temor que me indujo a cumplir pretendiendo que eran ellas mi destino final. Perdona mi debilidad, Benazir. Si pudieras verte reflejada en aguas cristalinas, advertirías tus ojos llenos de pavor, tienes miedo de ellas, mi pequeña. Tú que desafiaste al Califa por amor a mí, les temes, pese a que te tengo asida de la mano y mi pecho se engrandeció para escoltarte hasta el paraíso ¿Por qué no habría de temerles yo, solo con mis tormentos, sabiéndome impedido de escapar? Ellas me resguardaban de los otros demonios. Ellas, cual jauría de perras rabiosas, me defendían de quienes osaban acercárseme. Sí, Benazir, no son las únicas, hay más, son decenas pero no se muestran, se ocultan, se camuflan, y desde sus escondrijos avasallaban mi juicio. Ellas me volvieron frágil, supeditado a sus caprichos de féminas excitadas a cambio de protección. Nunca les concedí mi alma, esa es sólo tuya, por ella acudían, lo sabía… pero de mi sexo sólo manaba néctar amargo del que aguanta por amor. Mi espíritu estaba fuera de mí, mi cuerpo, extrañado, no tenía esencia, esta quedó en tus entrañas, mi amada. Pero ya no temas, no pueden lastimarnos, se agotaron sus energías. Alcanzo a observar en sus miradas que perdieron el rumbo, sin señor que las guíe por la senda del vicio. Quédate detrás de mí, mi esqueleto, ahora erguido, será tu refugio. Evoco la noche en que, embelesado por tu miel, me dejé prender, pero ya no, jamás volverán a apartarnos, tú y yo somos uno. No vacilaré en enfrentarme al harén de Satán y todos sus estúpidos súbditos si intentan interferir en nuestro destino.

- El necio orate está delirando…

- Es natural que así sea. Hemos picado su cerebro, hemos vaciado su cráneo, nos atiborramos hasta el hartazgo despojándolo de cognición a cambio de nuestros fluidos que, sediento, succionó de nuestros sexos ¡Imbécil!

- ¿Quieres un poco más, pervertido succionador de los flujos del ardor?  Ven a mis brazos, enrédate conmigo, me consumo en el deseo de tu lengua podrida, lengua pastosa que paladeó con delectación el caldo de nuestra libídine. Estoy ardiendo, no te resistas, siente el fuego entre mis perniles.

# ¡EA, vosotras! Perdieron el poder, desquiciadas que se piensan soberanas. Ja ¡reinas del orbe bruno, no sois más que pobres lémures! Percibo el pavor en sus cuencas, huelo aprensión en sus pieles… temen, sí, temen mientras me burlo de ustedes ahora que la pureza de mi princesa envuelve mi ser restableciéndome la razón perdida.

- ¡EA, miren! ¡Esa puta arropada con cándidos velos, se lleva a Jalil!

- ¿A dónde creen que van, maldito par de  bazofias?

- ¡Hija de perra! ¿A dónde piensas que has de llevar a nuestro harto semental, tan viciado como nosotras? No te pertenece, él es del séquito de Satán, es el padre de los engendros que engordan en nuestras matrices, criaturas demoníacas, dispuestas a prorrumpir para atormentar vuestro falso universo, avasallando a las almas que allí habitan ¡La corrompida humanidad de la que os vanagloriáis, será el feudo de Luzbel!

# ¿Qué os importa a dónde iremos? No os preocupéis… percibo que estáis alteradas. Calma, brujas de la noche, mi dama y yo, no pertenecemos a vuestro dominio y de aquí saldremos para restituirles el  trono a los viles señores ¿Escucháis sus lamentos, sus voces pidiendo piedad? Son ellos, vuestro amo y sus prosélitos sin DIOS que los oiga. Será mejor que vayáis por ellos, tal vez tengáis valor de sacarlos del fango,  o hundiros también vosotras. Guardad el señuelo con el que me cogisteis ¡Háganse a un lado, no me obstruyan la salida o en mi ira las arrastraré con mis manos hasta el pantano!

- ¡Nooooo, Jalil! ¡No nos dejes! Nosotras te servimos ¿no lo recuerdas? ¡Ven aquí, miserable!

- ¡Esa corrompida nos lo está robando!

- ¡Maldita! ¡Malditaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! 


Autores: Myriam Jara- Oswaldo Mejía
Ilustración: "MORADA PARA LOS INSTINTOS" de O. Mejía


miércoles, 17 de abril de 2013

POEMA DE AKEMI, DEDICADO A MI TRISTEZA


PORQUE ESTAS MUESTRAS DE CARIÑO ME HACEN BIEN, LO COMPARTO CON USTEDES...

Cuando abro mi ventana
Y veo tu sonrisa
Me alegras la mañana.
Eres como un bello
Amanecer, lleno de alegría,
Con tu gorrita desgastada
Y tus ojos como una
Piedra lapislázuli.
Bella, bella,
Tu pelo enmarañado
De niña traviesa.
Así eres tú mi querida
Amante de las letras.
Soñadora en la lucha,
En el monte, cabra suelta,
En la ciudad alma bendita,
En el Desván, poeta,
En mi alma, mi amiga
Y como escritora.
¿Pon mis puntos y comas donde quieras?

Besazosssssss, Te quieroooooooooooo
Muakkkk, Akemi



martes, 16 de abril de 2013

EN DEFENSA PROPIA (De la serie “ME PERMITE, POR FAVOR”)



 Cuando el verbo es relegar y la acción, obcecación, te hallarás en el desierto, cercado por hienas ávidas de tu carne, deseosas de tu sangre pues allí, cual estampa de gloria, se encumbra tu silueta, se reconocen tus valores, se te ama y se te desprecia…jamás se te ignora.
Las hienas no pueden contra eso, sólo cabe la destrucción de tu humanidad.
No tienes salida pero debes intentarlo o ellas te corroerán con saña, hincando sus colmillos en cada segmento de tu cuerpo ¡SALTA EL PRECIPIO! Tus pies no son pequeños, ante el miedo se agigantan….Retrocede, toma impulso y pega el salto sin titubear, sólo hazlo ¿Qué podría acontecer? ¿Qué  te desplomes  en el vano  mundillo de las opacidades y te desmiembres? O tal vez lo logres y rescates la honra de ser quien siempre fuiste… Ellas, salivando, absorbiendo su repugnante secreción… y tú, más allá de ese área deteriorado…  Oscilan las hienas, pierden la razón, se ofuscan, se crispan… Tú, con honores, erguido en tu suficiencia las verás derrumbarse una a una... despedazándose unas a otras con furibundas dentelladas…
El verbo es reacción, la acción, resistencia… ¡NO PERMITAS QUE TUS MANOS SE DESANGREN! No aquí, no  es este el lugar al que perteneces, tu infinito no es junto a ellas…Si acaso alguna vez fuiste parte del rebaño, blanco de lacras y suspicacias, aclamado y glorificado desde la falsedad  ¡YA NO! Admítelo y vete de aquí, hay fronteras que traspasar, hay universos desconocidos por descubrir, hay  la expectación de resurgir, hay amor…Ay, amor…
Si logras esquivar las incitaciones de deliciosos cromos, de perros guardianes, de agujas que prometen bienestar y fortaleza, de misticismos falaces, entonces, sólo entonces, podrás distinguir la emisión de tu querubín y estarás a salvo pues ellas, las hienas, le temen… Han catado el aroma de tu cuerpo y se obstinan en retenerte a su lado más cuando la áurea nívea te envuelva, la imperturbabilidad será acción y el verbo ¡ABOMINACIÓN!
Ahora, hazlo ¡PEGA ESE SALTO MORTAL  ANTES DE PERDER EL JUICIO!
Ignora los signos que engañan, destruye los dígitos que incitan al vicio, no busques la lógica…Uno más uno... es uno…

                   


martes, 9 de abril de 2013

VE CON CONFIANZA EN BUSCA DE LA SEÑAL (De la serie "ME PERMITE, POR FAVOR")



Fue imperativo pero impartido desde el aliento, y sin embargo sentí la presión ejercida sobre mi atiborrada masa encefálica dejándome en situación de parálisis o  incapacidad para discernir si realmente deseaba o no abrir esa puerta que me llevaría a un lugar ignoto, remoto, extraño.
¿Qué más da? Definitivamente ya no estoy a gusto en este sitio en el que habito desde hace diez lustros, aquí, sí, aquí donde pasé mi sórdida existencia, ocultándome tras protervas máscaras que me condenaban al eterno autoengaño. Aquí el horror se hizo presente cuando aparecieron ellas…
Debía dar el paso, el gran paso, debía traspasar esa sutil línea que marca los límites entre lo que fui y lo que deseo ser. En la línea estoy parada pero no puedo quedarme aquí eternamente, el aquí es la negación y ya no quiero más signos horizontales, únicos, dispersos.
Voy por la cruz, no la que pesa sino la que te conduce directamente a ese espacio donde la luz no enceguece mi visión y las esfuma a ellas… ¿La cruz es la señal? Veremos…
En fin, se acabó la duda, no se que hay detrás de esta puerta, de todos modos voy a abrirla y que venga lo que tenga que venir.
No me sorprende…puertas…más puertas…siempre hay puertas que me obstruyen la salida pero sin embargo estas están abiertas, como invitándome a pasar. Dudo, lógicamente, dudo pero están abiertas. Alcanzo a oír melodías, algunas inquietantes, otras que me transportan a ese estado de paz que poco y nada conozco, pero me agrada.  También hay destellos luminosos e intensos.
Me acerco a la primera, elijo al azar, da igual, si todo me resulta extraño…
Estoy a punto de penetrar a esa habitación cuando la puerta se cierra de golpe haciendo temblar el piso ¡Caramba, parece que erré en mi elección! No es importante, voy por otra pero… ¿Cuál? Temo volver a equivocarme, no me gusta lo que ocurrió y no deseo que vuelva a suceder pero sí, vuelve a ocurrir, una vez más el maldito estrépito de la madera a punto de golpearme en el rostro. No voy  a darme por vencida, aun me quedan varias, alguna de ellas deberá abrirse pues será la que contenga la señal.
Sucesivamente, una por una, fueron desalojándome antes de introducir un pie, más no sea para husmear, pero nada, no puedo hacer nada…O sí, volver a mi celda de siempre.
Mañana…tal vez mañana… Por hoy ya tuve suficiente…Deberé esperar la nueva orden…



sábado, 6 de abril de 2013

ESE ETERNO AMOR ADOLESCENTE



¡Ese beso que me diste
Me dejó tan extasiada!
Con la boquita mojada,
Las mejillas sonrojadas.

Ese beso que el viento lanzó
Al país de los ensueños
Vino a posarse en mis labios
Y me dejó deslumbrada.

Y mientras ella esperaba
Montado en brioso corcel
A su príncipe anhelado,
Soñaba, la niña soñaba.

Cada día al despertar,
Y a la hora del ocaso,
La niña siempre soñaba
Esperando ensimismada.

Y mientras la niña aguardaba
Que su amo la redimiera
De sus dolencias de amor,
El príncipe no llegaba.

Y aunque jamás fue amada,
Esa niña enamorada
Sentía el gozo ilusorio
De sentirse conquistada.

La niña se ha hecho mujer
Con el correr de los años,
Maduró, pisó la tierra,
Hubo en su alma, daño.

Mas la niña enamorada
Sigue esperando el amor
De la adolescencia atesorada.